Hace unos meses, OpenAI pareció poner un poco de orden. ChatGPT Work fusionó la experiencia de escritorio e integró Codex en la aplicación principal. Parecía el fin de la dispersión. Entonces llegó el DevDay de la semana pasada.
Spaces es un espacio compartido dentro de ChatGPT donde los usuarios empresariales trabajan con el chatbot y con los Dots, unos agentes que hacen tareas en su nombre. Pages es un nuevo tipo de documento para que personas y agentes colaboren en escritura, investigación, gráficos e imágenes. A eso se suman tareas programadas en la nube y en el ordenador. Todo vuelve a solaparse.
Entre líneas . Cada lanzamiento corresponde a una forma distinta de trabajar con la IA: El chat: ChatGPT clásico. El documento: Pages. El lugar: Spaces.
El agente con identidad: Dots. La tarea autónoma: ChatGPT Work. El tiempo: tareas programadas. No son tanto seis productos como seis hipótesis sobre cuál será la forma básica del trabajo con IA.
OpenAI no las ha ordenado porque todavía no sabe cuál ganará así que de momento quiere tenerlas todas bajo control. Ethan Mollick planteó una queja similar a esta , y alguien le apuntó en la conversación de X que esto es una suerte de sana exploración: primero divergir y luego converger. Hay un punto ahí, pero también algo que se pasa por alto: cuando ChatGPT llegó en 2022 , era una demo de investigación gratuita. Esto ahora se está probando con clientes que pagan 20, 100, 200 o 500 dólares al mes.
Y ni siquiera, porque el plan Plus no tiene Spaces ni Dots de momento. Hacer una "sana exploración" sobre las facturas de particulares y empresas es otra cuestión. UN VISTAZO A... Applivery Las herramientas de gestión de dispositivos corporativos siempre han tenido una limitación.
Hasta que ha llegado la IA En Xataka ChatGPT quiere convertirse en tu probador virtual: subes una foto y te enseña cómo te queda la ropa Por qué es importante . El objetivo ya no es el usuario de un chatbot como en la primera etapa con ChatGPT, sino conquistar de verdad la oficina. No como un uso en la sombra a título particular, sino siendo una parte estructural de la organización. Spaces, Pages y las diapositivas colaborativas meten a OpenAI aún más en el territorio de software empresarial hasta ahora dominado por Microsoft, quien además ha sido su socio histórico hasta que llegó el divorcio amistoso .
O como mínimo, la separación de bienes. La confusión es el síntoma de una empresa que está dejando de ser un asistente para intentar ser una suite . Sí, pero . En la oficina, la confusión cuesta más que en el móvil de un paisano cualquiera.
Una empresa no adopta seis superficies que se solapan, adopta una. Y los datos de uso sugieren que la mayoría de la gente se queda con un solo chatbot: si el tuyo no se entiende, el usuario no lo explora, simplemente se larga. Y ahora qué . La consolidación llegará, pero no la decidirá OpenAI con un rediseño.
La decidirá el mercado con el uso acumulado, cuando quede claro cuál de las seis apuestas acaba abriendo cada mañana un empleado cualquiera en una empresa cualquiera. El desorden de nombres es la huella que deja una pregunta que nadie ha respondido aún de forma definitiva: qué forma tiene trabajar con una IA. OpenAI, como el resto, tiene falta de certezas, y por ahora prefiere cobrar por las seis respuestas a quedarse solo con una y arriesgarse a que la ganadora sea otra. Imagen destacada | Xataka con Magnific En Xataka | OpenAI y Anthropic están intentando hacer con la IA lo que Rockefeller hizo con el petróleo