Cada vez que Tobey Maguire se ponía a correr, saltar, dar volteretas o colgarse de un arnés durante el rodaje de Spider-Man (2002), acababa pasando lo mismo. El calor de su cuerpo se quedaba atrapado dentro de la carcasa rígida que daba forma a la cabeza, la humedad se condensaba en la cara interior de las lentes de la máscara y, en cuestión de minutos, el actor dejaba de ver. A los especialistas que le doblaban les ocurría exactamente igual. Tener a un actor protagonista prácticamente ciedo durante el rodaje solo es uno de los muchos problemas al que las pelis de Sam Raimir tuvieron que hacer frente a la hora de llevar a nuestro amigo y vecino Spider-Man a la gran pantalla.
Por si estabais preocupados, aquel problema tuvo solución: Tom Woodruff Jr., del taller de efectos especiales Amalgamated Dynamics (StudioADI), contaba en una entrevista que probaron a meter tubos finísimos dentro de la máscara para mover el aire delante de los cristales, pero aquello solo funcionaba en planos cortos, donde la manguera podía esconderse fuera de cuadro. La solución definitiva fue mucho más sencilla, un enganche con imanes muy potentes que permitía soltar las lentes y su marco sin tener que quitarle a Maguire la aparatosa capucha de spandex entre toma y toma. Me gusta mucho esta anécdota porque resume bastante bien lo que supuso aquel traje. Os confieso que el de la trilogía de Raimi no es mi pijama favorito de Spider-Man en el cine.
No sé… ¿demasiado musculoso y poco atlético? ¿La textura de las telarañas en relieve? ¿Los ojos angulares? Han pasado más de 20 años y todavía sigo sin estar demasiado convencido, pero no le quito nada de mérito a aquel trabajo. Cuanto más leo sobre cómo se hizo, más mérito le veo a un equipo que tuvo que convertir los dibujos de Steve Ditko y John Romita en algo capaz de aguantar los focos de un plató, los arneses, los golpes y la claustrofobia de su protagonista. También tenía que ser un diseño que hiciera honor a una larga tradición de artistas y aventuras, estilos y revisiones de los cómics a lo largo de los años, y rizando el rizo, lo hizo, además, en un momento en el que casi nadie en Hollywood estaba dispuesto a hacerlo.
Hollywood había decidido que los superhéroes vestían de cuero negro Hagamos un ejercicio mental de viaje temporal. En el verano de 2000, los X-Men de Bryan Singer habían demostrado que una peli de superhéroes podía funcionar en taquilla, pero lo había conseguido metiendo a los mutantes en uniformes negros muy al estilo de Matrix (1999). La propia peli se reía de los trajes de los cómics cuando Cíclope le preguntaba a Lobezno, con toda la sorna del mundo, si prefería lycra amarillas. El mensaje era clarísimo: el público adulto no iba a tomarse en serio a nadie vestido de colores. ¿Os imagináis el vértigo de llegar poco después a una reunión en Sony para defender que tu Spider-Man iba a ir de rojo y azul, con su telaraña y sus ojos blancos, igualito que en las viñetas?
Si algo ha aprendido Hollywood con las adaptaciones del trepamuros es que Spider-Man no es Spider-Man sin su icónico disfraz. Si algo ha aprendido Hollywood con las adaptaciones del trepamuros es que Spider-Man no es Spider-Man sin su icónico disfraz Raimi defendió esta decisión, y no era la primera vez que se las veía con un héroe enmascarado, porque ya lo había ensayado a su manera con Darkman (1990). El caso es que no era tan fácil como parece. Su director de fotografía, Don Burgess, explicaba en un reportaje de American Cinematographer que uno de los primeros problemas que detectaron fue que, si el traje no tenía exactamente los colores correctos, Spider-Man no parecía formar parte de la escena.
Para resolver aquel rompecabezas, la producción fichó a James Acheson, un diseñador de vestuario británico que no venía precisamente del cine de acción. Tenía tres Óscar por El último emperador (The Last Emperor), Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons) y Restauración (Restoration), y en los setenta, en la BBC, había sido el responsable del sombrero de fieltro y de la larguísima bufanda de punto del Cuarto Doctor de Tom Baker en Doctor Who. Un señor acostumbrado a que lo imposible pareciera de verdad, vaya. El arranque de su trabajo, eso sí, tuvo poco de glamuroso.
Según le contó Acheson a Sean O'Connell para su libro With Great Power, el primer traje se esculpió en un pequeño local junto a Santa Monica Boulevard que resultó haber sido un estudio de cine porno. Eso es solo una anécdota, pero me ha hecho gracia. Además, tuvo que ponerse a trabajar antes de que Raimi eligiera a su actor para Peter Parker, así que diseñaba a ciegas, imaginando medidas y proporciones. Harto de adivinar, un día llenó una sala con una veintena de hombres de todas las complexiones, en bañador, y le pidió al director que señalara uno.
Raimi, muerto de vergüenza según el diseñador, escogió a un tipo de casi metro noventa y ancho como un armario, y poco después fichó a Tobey Maguire. Un genio del cómic creó su propio Spider-Man para la peli Entre los bocetos que Acheson tuvo sobre la mesa estaban los de Alex Ross, el artista responsable de cómics tan importantes como Marvels o Kingdom Come, que diseñó una serie de trajes para aquel primer Spider-Man. Ninguno llegó a la pantalla. No he encontrado una explicación detallada y fiable de por qué se quedaron fuera, aunque viendo el resultado final da la sensación de que Raimi quería el traje que reconocería cualquier lector, sin demasiadas reinterpretaciones.
Lo curioso es que la relación de Ross con la trilogía no terminó ahí. Dos años después pintó las quince ilustraciones que resumen la primera peli en los créditos iniciales de Spider-Man 2 (2004). Algo es algo. Donde el diseño de Ross sí sobrevivió fue en los videojuegos: Spider-Man 2: Enter Electro (2001), de la primera PlayStation, incluía el traje de Ross como desbloqueable en dos versiones, una roja y otra blanca, y el juego oficial de la peli de 2002 lo guardaba como premio para quien se lo terminara en dificultad normal o superior.
El traje de Acheson también acabó encontrando su sitio en consola mucho tiempo después, porque en diciembre de 2018 Insomniac lo regaló en Marvel's Spider-Man tras meses de peticiones de los jugadores, con el detalle de que lanza telarañas propias, sin lanzadores, como el Peter de Maguire. Debajo del spandex otro traje, y fabricarlo casi deja a Tobey Maguire inconsciente El trabajo para crear el traje no se quedaba solo en lo que se veía a simple vista delante de la cámara. Muy pronto en el proyecto el quiero debió trabajar en todo lo que iba por debajo: el físico del personaje, la forma de la cabeza, las lentes, la telaraña en relieve y hasta el emblema de la araña. Maguire llegó al rodaje en una espectacular forma física, pero no tenía el tono muscular que Raimi pensaba que debía tener Spider-Man con su traje puesto.
La consigna era que Spider-Man pareciera fuerte, pero con un cuerpo de nadador y no de levantador de pesas, un detalle sobre el que todavía tengo mis dudas, especialmente si lo comparamos con el físico del Spider-Man de las películas de Andrew Garfield y Tom Holland. Para tratar de conseguirlo, dividieron la musculatura en piezas individuales de espuma de látex densa, que se iban afinando hacia los bordes para dejar pequeños huecos entre unas y otras y que el actor pudiera moverse. Luego apareció un problema que nadie había previsto, porque el spandex iba tan estirado que la trama dejaba entrever lo que había debajo y al flexionar los músculos se transparentaba la espuma de debajo, así que acabaron pintando cada traje muscular con los mismos rojos y azules del traje exterior. Sobre esa base, Acheson y John David Ridge dieron con un teñido por sublimación que imprimía en la tela una textura propia y, de paso, luces y sombras que reforzaban la presencia física del héroe.
De ahí los polémicos "músculos pintados" del traje Raimi. La telaraña en relieve, flexible para no limitar el movimiento pero resistente a las palizas del rodaje, salió de esa misma fase de pruebas. Con todo, mi parte favorita de la historia es otra. Cuando Maguire fue al taller de ADI para hacerle un molde de cuerpo entero, no le dijo a nadie que tenía claustrofobia, y aguantó dentro de las vendas de escayola hasta que empezó a desmayarse y el equipo tuvo que tumbarle y abrir el molde a toda prisa.
Según Woodruff, el actor se llevó a casa uno de los primeros prototipos para ir acostumbrando el cuerpo y la cabeza, que es exactamente la clase de compromiso que un director espera de un protagonista capaz de repetir una acrobacia de apenas unos segundos 156 veces. Al otro lado del ring, con calzón verde metalizado, el Duende Verde vivió el proceso contrario. ADI llegó a construir una máscara animatrónica con piel de silicona movida por servos, capaz de fruncir el ceño y sonreír de una forma bastante perturbadora, que encajaba muy bien con el Raimi de Posesión infernal (The Evil Dead). Era tremendamente fiel a los cómics, sin embargo, se descartó antes incluso de que Willem Dafoe firmara por el papel, al parecer porque era incómoda y lenta de colocar y al parecer alguien del estudio sugirió que asustaría a los niños y si hay alguien que piense siempre en los niños, son los ejecutivos de Hollywood.
En su lugar llegó el casco verde rígido que todos recordamos al estilo Power Ranger y que todavía hoy divide a los fans. Al protagonista se le dio todo para que el traje del cómic pareciera real, mientras que al villano se le quitó justo lo que más se parecía al cómic. Hicieron falta unos 60 trajes para terminar el rodaje Con tanta acrobacia, actor y especialistas fueron destrozando trajes a buen ritmo. Woodruff calcula que se gastaron unos 60 trajes terminados durante el rodaje, lo que mantuvo ocupado a su estudio durante casi un año.
Y aun así, a principios de abril de 2001, alguien se llevó cuatro del recinto de Sony en Culver City. Columbia ofreció 25.000 dólares de recompensa y aseguró que el rodaje no se retrasaría porque tenían trajes de sobra, por si alguien se animaba a pedir un rescate. Fue una semana complicada para la producción, porque ese mismo día el especialista Zack Hudson, doble de Maguire, se fracturó una pierna al chocar contra una pared durante una acrobacia. El final del robo parece sacado de un tebeo de los setenta: la búsqueda pasó por Nueva York, Texas y Los Ángeles hasta llegar a Japón, donde aparecieron los cuatro trajes, valorados en unos 50.000 dólares cada uno, y por el camino salió a la luz también un traje de Batman Forever (1995) de Val Kilmer.
Hoy aquellos trajes son piezas de coleccionista con todas las letras. En septiembre de 2025, la casa Propstore sacó a subasta uno de los que se usaron en Spider-Man 2 y Spider-Man 3, con el azul más oscuro, las lentes algo más pequeñas y la araña del pecho más grande que se estrenaron en la secuela, y con un precio estimado de entre 100.000 y 200.000 dólares. No es mi Spider-Man favorito, pero le debo mucho Lo he dicho al principio y lo mantengo. La versión de la pelis de Raimi no es mi traje cinematográfico preferido, porque si tengo que elegir uno seguramente sea el Stark Tech Suit de Tom Holland en Spider-Man Homecoming o el clásico(el segundo) de Andrew Garfield: en The Amazing Spider-Man 2.
Pero aquel traje de Raimi tiene algo que los demás no tuvieron que pelear, y es que nació cuando ponerse unas mallas rojas y azules en una superproducción era un riesgo real y no una obviedad, por mucho que ahora en Deadpool & Wolverine bromeen sobre ello. Al protagonista se le dio todo para que el traje del cómic pareciera real, mientras que al villano se le quitó justo lo que más se parecía al cómic sumando todo, el traje de Spider-Man no solo resulta algo icónico, un elemento reconocible a simple vista para todo el mundo: al saltar al cine debería quedar bien en pantalla y resultar práctico durante el rodaje y cómodo para eAcheson lo resumía señalando que no cree que en el estudio se dieran cuenta de que Spider-Man no tiene boca hasta que empezaron a rodar. Todo lo que Maguire transmitió con la máscara puesta lo sacó de los hombros, de la cabeza y de la voz, y eso también forma parte del traje. Hace unos meses escribía que, casi 25 años después de que Raimi llevara a Spider-Man al cine, no sé si estoy preparado para lo que se avecina par ael personaje, pero tengo claro que todo empezó con la primera peli de Raimi y su decisión de darle a Spider-Man el traje de Spider-Man.
Hay una ironía muy bonita en todo esto. Veinticuatro años después de aquella pulla de Cíclope, Hugh Jackman se puso por fin las mallas amarillas y azules en Deadpool y Lobezno (2024), como os decía antes, y según contaron desde el propio rodaje, hubo hombres hechos y derechos llorando al verle aparecer. Lección aprendida, ¿verdad? Para llegar ahí hizo falta que alguien demostrara antes que unos colores imposibles podían quedar bien delante de una cámara.
Ese alguien fue un director que siempre va a sus rodaje de traje y corbata, por cierto. No es mi traje favorito, pero dudo mucho que sin él hubieran llegado todos los demás. En 3DJuegos | La Comic Con de Málaga empieza dar respuestas de uno de los grandes misterios de Vengadores: Doomsday En 3DJuegos | Casi 40 años después, Marvel acaba de resolver el gran misterio de uno de sus juguetes más famosos