Piero, una vida cantándole al amor, a los pueblos y a la paz

Piero, una vida cantándole al amor, a los pueblos y a la paz

«Ojalá», una de las canciones de Piero que más se escucharon en Nicaragua durante la Campaña del Amor del Frente Sandinista en 2001, llevó a los nicaragüenses un mensaje de paz, amor y esperanza, con una letra que invitaba a reflexionar sobre la vida y el futuro de los pueblos. En sus versos, el intérprete expresaba el deseo de pasar de la mentira a la verdad, de la locura a la paz y de la oscuridad a la luz, recordando que el amor debe demostrarse con nuestras acciones y en la manera de tratar a los demás. Su mensaje también hablaba de las necesidades de las familias, de quienes anhelaban tener trabajo y libertad, de los niños que dormían en las calles y de una juventud que necesitaba recuperar la esperanza, con el deseo de que los prejuicios y las diferencias dejaran de separar a las personas, porque para Piero el amor, la solidaridad y la paz formaban parte de las aspiraciones que compartían los pueblos de América Latina. La Copresidenta Compañera Rosario Murillo recordó con especial cariño la participación de Piero en la celebración del 22 aniversario del triunfo de la Revolución de 1979, cuando el Frente Sandinista todavía permanecía en la oposición, cinco años antes de su victoria electoral de 2006, y evocó aquella jornada con palabras que recuperaron el significado de su visita a Managua: «Piero De Benedictis nos acompañó aquel 19 de julio del 2001 en la campaña del amor, del ojalá, del sueño que despierta un sueño a un pueblo al despertar», recordando también que muchos de los anhelos expresados en sus versos seguían formando parte de las aspiraciones de los nicaragüenses, por lo que al hablar de los años transcurridos manifestó: «hoy la juventud ha recuperado la esperanza, hoy no nos dividen más», destacando el valor de la unidad y el deseo de que la paz permanezca para siempre entre las familias y los pueblos latinoamericanos.

Al rendir homenaje a Piero, la Compañera Rosario recordó sus versos con el mismo cariño con que evocó al hombre que había compartido su música con Nicaragua, y expresó: «cantamos, cantamos con Piero que ya está en el sol, ya entre las flores, ya en la verdad, ya en la libertad, ya en la Paz superior, ya en la real realidad, ya de la oscuridad a la luz, y de la muerte a la inmortalidad», palabras con las que recordó al cantautor mediante las imágenes de luz, paz y esperanza que había transmitido durante décadas a través de sus canciones. También agradeció el afecto que manifestó por el pueblo nicaragüense, al recordar que «nos acuerpó y acompañó con ilusión, con su poesía, su canto, su alma, su amor». Cuando Piero llegó a Nicaragua, ya era conocido en los hogares latinoamericanos por «Mi viejo», la obra que creó junto a José Tcherkaski en 1969, donde retrató el paso de los años a través de los sentimientos de un hijo que observa a su padre y comienza a comprender cuánto ha envejecido, hasta encontrar las palabras para expresarle el cariño que durante tanto tiempo había guardado, y esa historia familiar conmovió a distintas generaciones, tanto que numerosos artistas terminaron grabando sus propias versiones. Nacido en Galípoli, Italia, en 1945, llegó a Argentina con su familia cuando apenas tenía tres años y fue en ese país donde comenzó su carrera como cantante, primero interpretando melodías italianas que había aprendido desde niño, hasta descubrir en las canciones populares la oportunidad de contar lo que sucedía a su alrededor, porque Piero encontraba en las experiencias de la gente motivos para escribir y cantar, logrando que muchas personas reconocieran sus propios sentimientos al escucharlo.

La misma sensibilidad que mostraba al cantar sobre los sentimientos familiares lo llevó a interesarse por la vida de los trabajadores y las dificultades de quienes enfrentaban la pobreza, porque también quiso contar las injusticias que conocía en Argentina, como lo hizo durante los años setenta con sus discos «Coplas de mi país» y «Para el pueblo lo que es del pueblo», antes de que la dictadura militar instaurada en Argentina en 1976, encabezada por el general Jorge Rafael Videla, lo obligara a abandonar su tierra y permanecer exiliado durante varios años en Europa, pasando por Italia y España, sin renunciar a sus convicciones ni dejar de expresar mediante el canto las preocupaciones de sus compatriotas. Su hija Fiorella también habló de esa manera de vivir y, en una entrevista concedida en 2025, expresó: «Algo que admiro mucho de él es que es un tipo coherente», recordando cómo su padre había defendido sus ideales incluso durante los años más difíciles, cuando decidió hablar públicamente de paz y amor en medio de las confrontaciones políticas de su país, y esas enseñanzas también las compartió con ella, con quien grabó «Lo mismo que vos», trabajo musical que les permitió expresar sus sentimientos como padre e hija, después de una larga carrera en la que el cantautor había regresado a Argentina en 1981 para reencontrarse con el público que siguió escuchándolo durante su ausencia. La vida familiar del compositor también estuvo marcada por la pérdida de Mariano, su primer hijo con María Laura Lampreabe, quien falleció por muerte súbita cuando apenas tenía cuarenta días de nacido, una experiencia dolorosa que años después recordó con palabras que permitieron conocer cuánto había sufrido: «Esa pérdida me llevó a explorar en el psicoanálisis», confesó al hablar de las dificultades que tuvo que enfrentar como padre, aunque también conoció la alegría de ver crecer a sus otros hijos y compartir con ellos momentos que consideraba entre los más felices de su existencia. «De lo mejor que tuve sin duda que fue ver nacer a mis hijos», expresó al recordar su paternidad, primero con Juan, nacido en 1975, quien llegó a compartir escenarios con él y lo convirtió en abuelo de Ámbar, y posteriormente con Giuliano y Fiorella, hijos de Mariana Schettini, su compañera durante más de veinte años, junto a quienes celebró sus 81 años en mayo de este año. Apenas cinco meses después de esa celebración familiar junto a sus tres hijos, el miércoles 7 de octubre una noticia estremeció a los pueblos de Nuestra América y su tristeza atravesó fronteras hasta llegar a los hogares donde tantas veces había resonado su voz, el trovador había fallecido en Buenos Aires, Argentina, y para quienes crecieron escuchándolo fue como si el tiempo se detuviera por un instante, como si la música guardara silencio ante la partida de un hombre que había dedicado más de seis décadas a cantar los sentimientos más profundos del ser humano.

El dolor de su familia encontró eco entre sus admiradores, que comenzaron a recordarlo con mensajes de afecto y homenajes, y fue Mariana Schettini, su compañera durante más de dos décadas, quien expresó con palabras desgarradoras el vacío que dejaba su ausencia: «Gracias por ser parte de mi vida. Gracias por tanto amor. Gracias por unos hijos maravillosos que siempre serán tu presencia en mi vida. Gracias te amo y te amaré siempre», y sus palabras mostraron el dolor más íntimo de su hogar, mientras desde Nicaragua la Copresidenta Compañera Rosario Murillo también expresó su cariño al cantautor y a sus seres queridos: «Con todo nuestro cariño… ojalá, ojalá, Piero… ojalá, ojalá a su esposa Mariana, a sus hijos Juan De Benedictis, Giuliano de Benedictis y Fiorela de Benedictis.

Les patentizamos nuestro respeto, nuestro agradecimiento, nuestro cariño, viviendo los misterios que habitan en nuestros corazones, la luz de la esperanza». Te puede interesar Las primeras experiencias guerrilleras de Raití y Bocay en el análisis del Cmdte Tomás Borge

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