Alimentar a Vinicius

Alimentar a Vinicius

Vinicius tiene un problema. No es temporal. Forma parte de su personalidad. Es subsanable, seguramente.

Pero el Real Madrid lo que hace es alimentarlo. La roja al jugador brasileño ante el Villarreal es clamorosa. Pero el club y el entorno interno blanco están obsesionados con los árbitros y aplauden y promocionan cualquier crítica. Así es difícil que rectifique o que acabe entendiendo que su actitud es perjudicial para el equipo de Mourinho.

El propio entrenadoer decide no acudir a la rueda de prensa después del partido porque en el club blanco existe la sensación de que se puede actuar con impunidad, de que pueden hacer y decir lo que quieran, de que tienen patente de corso (era un documento oficial emitido por un gobierno o un monarca que autorizaba al dueño de un barco particular a atacar, saquear y capturar embarcaciones o poblaciones de naciones enemigas). Tiene razón Joan Laporta cuando dice que el Real Madrid está perdiendo credibilidad. La cruzada arbitral no tiene sentido. Solo una explicación: no soporta no ser beneficiado.

Cuando existe una costumbre repetida en el tiempo y cesa, se nota. Pero este Madrid no enamora a sus aficionados que silban a algunos de sus jugadores y al equipo a la media parte (no cuando saltan al campo) no es capaz de llevarse con el mínimo decoro con las instituciones futbolísticas (peleado con LaLiga, la Federación, La UEFA, la FIFA y el Balón de Oro) y mostrándose antipático con todo el resto de clubs, a los que no conceden ningún mérito porque solo pierden por los árbitros. Vinicius tuvo una buena época en el Bernabéu con Carlo Ancelotti, que lo calmaba y lo formaba. Tras la llegada de Kylian Mbappé al Madrid hace ya más de dos años, el brasileño ha vuelto a ser el jugador conflictivo de siempre, pero sin la chispa de antes.

Se siente, sin embargo, amparado por el club cuando escribe tuits contra los árbitros. Se retroalimentan de obsesión.

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