Por segundo año consecutivo, el amor por el deporte propició un espacio de encuentro, comprensión y convivencia entre cubanos y estadounidenses, cuyo momento culminante fue un torneo de sóftbol celebrado en el municipio de Céspedes, con la participación de ocho equipos, incluido uno de la provincia Las Tunas, que resultó campeón. La iniciativa, impulsada por miembros de la Prestonwood Baptist Church, de Texas, Estados Unidos, y representantes de la comunidad cristiana y deportiva camagüeyana, trasciende la competencia para fomentar valores, estrechar relaciones y compartir experiencias a través de una actividad atlética con profundas raíces en la cultura cubana. Dulce María Almaguer, vicepresidenta de un ministerio cristiano vinculado al deporte en Cuba y miembro de la Iglesia Bautista El Redentor, de Camagüey, explicó que estos encuentros buscan transmitir un mensaje de salvación y contribuir a la formación de valores en personas de todas las edades. La labor del colectivo también comprende el desarrollo comunitario y la promoción de una vida equilibrada entre la práctica deportiva, la espiritualidad y la familia.
En ese propósito, la creación de una academia deportiva responde, además, a la intención de contribuir al desarrollo del béisbol cubano, disciplina que atraviesa dificultades. Al término del torneo, la delegación estadounidense se trasladó a la ciudad de Camagüey para continuar el intercambio con representantes del movimiento deportivo local, en una jornada que tuvo como eje la confraternización y el acercamiento entre personas de ambos países. Carlos Alamino, integrante de la Prestonwood Baptist Church y promotor de la iniciativa, expresó su agradecimiento por la acogida recibida en Cuba. Nacido en Sancti Spíritus y vinculado al béisbol desde su infancia por tradición familiar, explicó que reunió a amigos residentes en Texas para impulsar el proyecto.
El organizador destacó la aceptación de las dos ediciones del torneo y la participación de ocho equipos en la más reciente. Según relató, numerosos jugadores esperan repetir la experiencia el próximo año, mientras el sóftbol ofrece una alternativa para quienes desean mantener su vínculo con el béisbol, aunque la edad dificulte la práctica de este último con la intensidad habitual. La delegación, integrada por nueve personas, también compartió conocimientos mediante actividades formativas y clases de liderazgo relacionadas con el deporte. Para Alamino, la iniciativa permite llevar esperanza a través de una pasión compartida y demostrar que el intercambio humano puede encontrar en la actividad atlética un terreno común.
El terreno de la Sepmi, ubicado en el Casino Campestre, acogió además un enfrentamiento entre glorias deportivas del béisbol camagüeyano, los visitantes estadounidenses y un equipo de la Unión de Periodistas de Cuba, en otra oportunidad para estrechar vínculos mediante el juego. El campeón olímpico Vicyohandri Odelín destacó la importancia de estos espacios de convivencia. «Siempre es bueno confraternizar en este tipo de juegos y que la gente se conozca independientemente de cualquier país», afirmó, al subrayar el valor del acercamiento entre deportistas de diferentes procedencias. Como parte de las acciones de cooperación, los representantes estadounidenses también gestionaron donaciones de bates de madera para jugadores cubanos, gracias al apoyo de una compañía radicada en Texas. Los implementos contribuirán a las necesidades del equipo de Camagüey, inmerso en la actual Serie Nacional de Béisbol.
Cuba y Estados Unidos comparten, entre sus pueblos, afinidades culturales, formas de expresión y una pasión deportiva que encuentra en el béisbol uno de sus símbolos más reconocibles. En ese escenario, iniciativas como este intercambio muestran las posibilidades del deporte para favorecer el entendimiento entre las personas, más allá de las diferencias políticas y las tensiones entre ambos gobiernos. otf/fam