Por Mario Muñoz Lozano En entrevista concedida a Prensa Latina en Italia, donde reside actualmente, el exintegrante de la selección nacional de Cuba explicó que el evento tuvo lugar el pasado 17 de octubre, en la ciudad estadounidense de Holyoke, Massachusetts, pero no pudieron estar, luego de recibir la negativa, vía email, para él y su esposa, del Consulado de Estados Unidos en Roma. No obstante, calificó de honor y orgullo su elección, anunciada a finales de mayo junto a otras ocho figuras prominentes de ese deporte, y destacó la trascendencia del reconocimiento para el voleibol masculino de su país. “Es un honor y un orgullo para un atleta de Cuba ser seleccionado entre los mejores del mundo”, afirmó Despaigne, quien recordó que, después de años de sacrificios y competencias internacionales, alcanzó un reconocimiento que lo incorpora a la historia de esa disciplina. El deportista, radicado en la ciudad de Chieti, región Abruzzo, confesó que se sintió “muy triste y decepcionado” al conocer que no podría participar en la ceremonia, pues esperó hasta los últimos días una respuesta favorable a su solicitud de visado para recibir personalmente el premio y representar a su país. “Estuve siempre entre los atletas que representaban a su país, que representaban su bandera y su deporte; y con orgullo y con honor hice siempre mi trabajo”, expresó. Según explicó, las comunicaciones recibidas del consulado estadounidense alegaron que ni él ni su esposa cumplían los requisitos para obtener los visados.
Añadió que a ella le dieron la posibilidad de volver a presentarse, mientras que a él no le ofrecieron esa alternativa. Despaigne señaló que los organizadores del Salón de la Fama hicieron gestiones para ayudarlo, incluso mediante una carta que debía presentar ante el consulado, pero advirtió que el documento no fue revisado durante el trámite. Sin embargo, reconoció la actitud de los responsables de la institución, quienes le ofrecieron la posibilidad de recibir el próximo año los mismos honores previstos para esta edición. “Ellos no tienen que ver nada, son cuestiones del consulado de Estados Unidos, de la política, que no dieron el permiso”, manifestó. Al referirse a las consecuencias de estas restricciones, el exatleta defendió la separación entre el deporte y las diferencias políticas, y cuestionó que las medidas estadounidenses contra Cuba puedan obstaculizar la participación de sus deportistas en acontecimientos internacionales. “Yo nunca he estado de acuerdo con que el deporte tenga que mezclarse con la política.
El deporte es una cosa internacional para confrontarse un atleta con otro”, subrayó. Asimismo, reiteró su rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, al considerar que esa política no debe interferir en el desarrollo deportivo de la nación caribeña. “Yo represento a Cuba, yo represento a mi familia, yo represento el honor del pueblo cubano en el deporte”, afirmó, al reclamar el fin de unas medidas que, a su juicio, afectan las posibilidades de la isla. Despaigne consideró que su incorporación al Salón de la Fama constituye también un estímulo para las nuevas generaciones de voleibolistas cubanos, entre quienes, aseguró, existen atletas con méritos suficientes para alcanzar ese reconocimiento. Recordó que durante la década de 1990 estuvo entre los principales exponentes del voleibol de su país y expresó su confianza en que otros jugadores, tanto de su generación como de las posteriores, puedan incorporarse a esa institución.
Al evocar su trayectoria, agradeció el apoyo de su familia, entrenadores y compañeros de equipo, entre ellos Raúl Diago, Idalberto Valdés, Lázaro Beltrán y Abel Sarmiento, así como de Orlando Samuels y Nelson Millán, quienes contribuyeron a su formación deportiva. También mencionó entre sus referentes a figuras internacionales como Karch Kiraly y Steve Timmons, cuya trayectoria constituyó una fuente de inspiración para él. A los jóvenes que aspiran a desarrollar una carrera deportiva, Despaigne les transmitió un mensaje de perseverancia, dedicación y sacrificio, valores que consideró fundamentales para alcanzar resultados tanto en el deporte como en la vida. “Siempre hay que creer en las propias capacidades, incluso en los momentos más difíciles”, sostuvo. El voleibolista atribuyó los éxitos de la selección cubana de aquellos años al esfuerzo conjunto de atletas y entrenadores, unidos por el propósito de situar al país entre los mejores del mundo. “Creímos en Cuba, creímos en el deporte, y creímos en todas las posibilidades que nos dio el gobierno cubano”, concluyó. mar/mml