Bloomberg Línea — El aumento de las tasas de interés en Estados Unidos no necesariamente anticipa una caída de las acciones en Wall Street. Citi considera que la relación histórica entre los rendimientos de los bonos y las valoraciones bursátiles ha perdido fuerza. Ver más: De Cemex a Walmex: qué esperar de los reportes trimestrales en la Bolsa mexicana La resistencia del S&P 500 responde, en parte, al impulso de la inteligencia artificial y a cambios estructurales en la composición de los inversionistas, aunque las valoraciones actuales también reflejan señales de optimismo excesivo. Scott T.
Chronert, estratega de renta variable estadounidense de Citi (C), plantea que las tasas conservan influencia sobre la economía, pero su capacidad para provocar una rotación desde las acciones hacia los bonos resulta menor que en décadas anteriores. Según Chronert, “las tasas de interés pueden importar más para las expectativas sobre las trayectorias económicas, pero menos para los múltiplos y los flujos entre clases de activos de lo que comúnmente se percibe”. El S&P 500 supera las valoraciones estimadas por Citi El análisis histórico de Citi muestra que la relación negativa entre las tasas de los bonos del Tesoro a diez años y los múltiplos bursátiles ha variado considerablemente durante seis décadas, con un debilitamiento más evidente desde comienzos de los años 2000. Sin embargo, el modelo de valor razonable del banco identifica una diferencia entre las cotizaciones actuales y los niveles respaldados por sus indicadores macroeconómicos.
El S&P 500 cotiza a 22,4 veces sus beneficios, frente a un rango estimado de entre 17,1 y 22,1 veces. La metodología incorpora tasas de interés, expectativas de ganancias, crecimiento económico, inflación y diferenciales crediticios. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. La lectura de Citi apunta a que las tasas altas ya no bastan para explicar las valoraciones de Wall Street. Sin embargo, la resistencia de las acciones tampoco está plenamente justificada por los fundamentos económicos y podría reflejar un exceso de optimismo entre los inversionistas.
Chronert advierte que “es totalmente posible que el desequilibrio actual de valoración entre clases de activos sea simplemente una función de un sentimiento excesivo o de posiciones complacientes, en lugar de una resistencia racional”. La divergencia también aparece dentro del índice. Los sectores cíclicos y defensivos sensibles a las tasas registran retrocesos desde finales de agosto, mientras las empresas de crecimiento mantienen mayor resistencia. Las expectativas de beneficios vinculadas con la inteligencia artificial explican parte de esa diferencia, especialmente por el mayor peso de las compañías de crecimiento dentro del S&P 500. ¿Por qué las tasas altas no frenan las acciones?
Citi considera que el aumento de los rendimientos también puede responder a una mayor oferta de deuda pública y corporativa, incluida la financiación de infraestructura para inteligencia artificial, y no necesariamente a una economía sobrecalentada. Bajo esa hipótesis, los bonos necesitarían ofrecer rendimientos suficientemente atractivos para captar capital actualmente invertido en acciones. Esto significa que las tasas podrían seguir subiendo sin provocar una caída abrupta de Wall Street. Para Citi, el traslado de capital hacia los bonos sería gradual y dependería del rendimiento que cada inversionista considere suficiente para abandonar las acciones.
Chronert sostiene que “puede que no veamos la fuerte reducción de múltiplos y la caída del índice que vimos en 2022”, si las tasas continúan aumentando por preocupaciones relacionadas con la oferta de deuda. Otro factor es la transformación del ahorro para la jubilación. Los planes de contribución definida han ganado terreno frente a los de beneficio definido, con una mayor inclinación estructural hacia las acciones. Los fondos asociados a fechas objetivo refuerzan esa preferencia entre inversionistas jóvenes, mientras los flujos internacionales también han favorecido progresivamente a la renta variable estadounidense.
Para Citi, estos cambios reducen la posibilidad de que las tasas altas provoquen una salida masiva de capital de Wall Street. El atractivo de las acciones depende cada vez más de las expectativas de ganancias y de la preferencia de los inversionistas por la renta variable. El riesgo para Wall Street: quién seguirá comprando acciones La concentración de activos introduce otra variable. Según Citi, los estadounidenses mayores de 55 años poseen aproximadamente el 75% de los activos financieros de los hogares, un grupo potencialmente dispuesto a aumentar sus posiciones en bonos.
Los fondos de pensiones también podrían reducir riesgos tras la mejora de sus niveles de financiación, aunque su participación relativa en la propiedad de acciones estadounidenses ha disminuido. La fortaleza bursátil depende así de la continuidad del crecimiento de los beneficios y de la disposición de nuevos inversionistas a asumir exposición accionaria. Chronert resume la principal incertidumbre al señalar que “la noticia no tan buena es que abre la discusión sobre de dónde proviene el comprador marginal de acciones”. La evolución de los rendimientos de los bonos, las asignaciones de los fondos de pensiones y las expectativas de beneficios determinará cómo se ajusta el equilibrio entre renta fija y variable.