La temporada 25-26 acabó para los Cleveland Cavaliers cuando cedieron una ventaja de 22 puntos en el último cuarto en el Madison Square Garden . Da igual que luego hubiera que disputar tres partidos más, a nivel espiritual no fueron sino meros trámites para terminar de llevar a la funeraria a un equipo que ya estaba muerto. Y que, más de cinco meses después, parece que lo sigue estando. Y eso que el inicio no pudo ser más prometedor.
Buena circulación de balón, dominio en la pintura en los dos lados, Mitchell en plan estelar, el banquillo dando un impulso a nivel físico… Cualquiera que apagase el partido y se fuese a dormir acompañado por el sonido de los abucheos del Xfinity Mobile Center al ver a los suyos 29 abajo habrá cerrado los ojos pensando que ojito con los Cavs que igual este es el año. Pero, como suele decirse, cuando más alto se asciende más dura es la caída. Y el batacazo con el que los de Ohio pasaron de ir ganando por 40-69 a perder por 114-106 ha sido de los que resuenan en la historia de la liga. Dos actitudes diferentes Cuando se da una de estas remontada imposibles es bastante sencillo llegar a posteriori para decir que era previsible y que se veía venir desde que la diferencia bajó de los 20 puntos.
Pero si hay una noche en la que se puede dar credibilidad a quien se las dé de oráculo es esta. Porque, apenas transcurridos 90 segundos de la segunda mitad, se hizo evidente que estábamos ante dos equipos muy distintos a nivel mental. En Philadelphia se vio un cambio radical de actitud e intensidad que no tardó en dar un vuelco a la energía del pabellón. Tras una primera parte muy gris, con un movimiento muy lento y una clara falta de ideas en los ataques en estático, los de Nick Nurse entendieron que este era un partido que debían ganar subiendo dos marchas y no dudaron en hacerlo.
A falta de que todas las piezas vayan encajando, su solución fue basarse más en su intensidad que en su talento. Y resulta que de eso van sobrados también. Con una asfixiante presión a toda pista, marcas mucho más apretadas para complicar recepciones y un mayor nivel de contacto, los 76ers empezaron a complicar la vida a unos Cavs que habían vivido muy cómodos durante los primeros 24 minutos. Y a medida que iban forzando tiros fallados, malos pases y pérdidas, iban acelerando el ritmo y anotando en transición para ir poco a poco recortando la diferencia.
Lo cual, de una manera o de otra, fue impulsado por un mismo hombre. Tyrese Maxey parece haber decidido que este es su equipo. Quizás son otros los que tendrán que elevar el techo a la hora de la verdad, pero el base ha iniciado el curso no solo tirando del carro a nivel de juego sino también espiritual. Y es que no solo lideró el ataque con 32 puntos, sino que fue el encargado de cambiar la dinámica del partido y de ir contagiando a sus compañeros de su energía a base de presionar la salida de balón, de apretar líneas de pase, de meter manos, de iniciar y finalizar transiciones.
PHILLY IS ON A 33-11 RUN 💨 After trailing by as many as 29 points, Tyrese Maxey (20 PTS) cuts the deficit to 7! https://t.co/L65VKNDiKx — NBA (@NBA) October 23, 2026 A lo largo de la segunda parte hubo tiempo para todos, desde un LeBron James que fue su mejor socio a la carrera a unos Embiid y Brown que fueron de menos a más y se erigieron como figuras en el último cuarto. Pero la constante fue él. El que no paró de correr, apretar y mantener a los suyos en el ritmo que les estaba haciendo imponerse fue siempre él. Y aun así, tras 37 minutos de no parar, aún le quedaron piernas y precisión como para convertir el floater que mató el partido y culminó la proeza.
Una proeza que solo queda ligeramente desmerecida por haberse dado ante un equipo cuya capacidad de respuesta fue nula. En todos los sentidos. A nivel anímico, las caras largas y el lenguaje corporal invitaron a pensar en la remontada desde el parcial de 6-0 con el que Philly abrió el tercer cuarto; a nivel deportivo, no hubo respuesta cuando la agresividad local dificultó anotar cerca del aro y cuando la inspiración de Mitchell dejó de ser suficiente. Solo parsimonia.
La misma de hace cinco meses. En desarrollo