La fotografía de familia de los premiados de los Princesa de Asturias en la audiencia de ayer al mediodía dejó una imagen curiosa: Leo Messi situado en el extremo superior derecho. Discreto en la composición, aunque difícil de ignorar fuera de ella. Porque, durante sus 48 horas en Oviedo, donde estuvo acompañado de su esposa Antonella Roccuzzo y de Pepe Costa, su mano derecha, además de sus asesores de imagen y comunicación Marcelo Méndez y Roberto Treviño, el argentino consiguió que hasta los momentos más reservados de la agenda tengan su propio efecto Messi. Uno de los ejemplos ocurrió el jueves por la noche en la cena privada que reúne a la Familia Real y los patronos de la Fundación Princesa de Asturias con los galardonados.
La velada comenzó más tarde de lo previsto porque, antes de sentarse a la mesa, la mayoría de los asistentes –galardonados y patronos– se saltaron el protocolo porque quisieron hacerse una fotografía con el futbolista argentino. Mejor no esperar a los postres, nadie parecía dispuesto a dejar pasar la ocasión. La anécdota retrata la dimensión de una figura que sobrepasó el interés estrictamente deportivo. La expectación que acompañó a Messi desde su llegada al Hotel de la Reconquista también se coló en los espacios más institucionales.
No solo en las puertas del hotel, donde los aficionados aguardaron durante horas, sino entre quienes compartían con él la agenda oficial. Ayer, Messi participó en la audiencia con la Princesa Leonor, la primera que la heredera celebraba en solitario con los premiados de los galardones que llevan su nombre. Una cita de especial relevancia institucional en la que el argentino recogió su insignia y compartió protagonismo con el resto de los reconocidos, siempre con discreción. En la fotografía de familia, eligió un extremo, como en el campo.
Leo, con un traje diferente para cada acto, se mostró respetuoso, mantuvo siempre una sonrisa y estuvo cercano en todo momento. Como en el paseo de unos 600 metros en coche, acompañado del sonido de las gaitas, desde el hotel hasta el Teatro Campoamor, donde centenares de aficionados esperaban el saludo de Messi, soñando con una foto con el ‘10’. Era un premiado especia. El más especial.