Invertir en bonos implica asumir riesgos, aunque sus fluctuaciones suelen ser menores que las de las acciones. La historia muestra que las pérdidas son menos frecuentes en la renta fija, pero pueden ser significativas, como ocurrió en 2022, cuando el Bloomberg US Aggregate Bond Index (Agg), uno de los principales índices de referencia del mercado de bonos estadounidense, cayó 13%, su peor desempeño registrado. Así lo plantea Barry Gilbert, del equipo de investigación de inversiones de Carson, quien advierte sobre la tendencia de algunos inversores a perder la confianza en los bonos después de episodios de caídas pronunciadas y a extrapolar lo ocurrido en 2022 hacia el futuro. Qué muestran las caídas históricas de los bonos Entre 1976 y 2020, el Agg registró retornos anuales negativos en apenas tres ocasiones.
Sin embargo, la tendencia cambió en 2021 y 2022, cuando el índice acumuló pérdidas de 1,5% y 13%, respectivamente. Después llegaron tres años consecutivos de retornos positivos: 5,5% en 2023, 1,3% en 2024 y 7,3% en 2025. En 2026, el índice podría registrar otro año negativo. Al cierre del martes al que hace referencia el informe, acumulaba una caída de 1,7% en el año.
Las fluctuaciones tampoco se limitan a los resultados anuales. Según Gilbert, las caídas intraanuales del Agg promediaron históricamente 3,5%, medidas desde el máximo hasta el mínimo. En 2026, esa caída llegaba a 4,6%. La comparación con las acciones permite dimensionar la diferencia de riesgo.
La caída intraanual promedio del S&P 500 ronda el 14,3%, aproximadamente cuatro veces el promedio histórico del índice de bonos. Sin embargo, Gilbert subraya que los bonos no están libres de volatilidad y que asumir lo contrario puede llevar a decisiones de inversión equivocadas. Por qué 2022 fue un año excepcional El especialista identifica tres factores que confluyeron en 2022: los rendimientos iniciales eran extremadamente bajos, ese nivel hacía que las tasas fueran más vulnerables a un movimiento pronunciado al alza y se produjo un catalizador especialmente fuerte para que ese movimiento ocurriera. El aumento de las tasas perjudicó las cotizaciones de los bonos existentes.
No obstante, el autor considera que tomar ese episodio como referencia para evaluar todos los períodos posteriores puede distorsionar la percepción del riesgo. De hecho, entre 2023 y 2025, el Agg acumuló un retorno de 14,6%, suficiente para compensar ligeramente la caída de 2022. El rendimiento inicial importa Gilbert sostiene que, aunque los precios de los bonos pueden fluctuar en el corto plazo, el rendimiento al momento de comprarlos es un factor determinante de su retorno esperado a lo largo del tiempo. En el caso del Agg, el rendimiento señalado en el informe es de 5,45%.
Según el especialista, ese nivel permite esperar un retorno cercano a esa cifra anual durante los siguientes ocho años para una cartera similar al índice, aunque el resultado efectivo puede variar. La conclusión es que los bonos no son activos libres de riesgo: sus precios pueden caer y generar pérdidas, incluso durante períodos prolongados. Pero evaluar su desempeño a partir de un año excepcionalmente negativo, sin considerar los rendimientos disponibles ni el horizonte de inversión, puede conducir a una lectura incompleta de los riesgos de la renta fija.