El 'pendrive' de Mourinho que lo pudo cambiar todo TOP SECRET Era la primavera de 2008 y la directiva del Barça, previendo una segunda temporada sin títulos, buscaba soluciones con un golpe de timón 'Mou', el técnico más controvertido del momento, tras su paso exitoso por el Oporto y Chelsea, estaba sin equipo después de su salida inesperada de Stamford Bridge Han pasado dieciocho años y Marc Ingla, por aquel entonces vicepresidente deportivo, guarda como un tesoro en un cajón de un escritorio aquel “pendrive” que le había librado Jose Mourinho en la reunión que habían mantenido en Lisboa, cuando el portugués aparecía como una de las opciones más sólidas para sustituir a Rijkaard en el banquillo del Camp Nou. Era la primavera del 2008 y el Barça se tambaleaba, fruto de la “autocomplacencia” que se había apoderado de buena parte del equipo. La directiva, previendo una segunda temporada sin títulos, buscaba soluciones con un golpe de timón. “Mou”, el técnico más controvertido del momento, tras su paso exitoso por el Oporto y Chelsea, estaba sin equipo después de su salida inesperada de Stamford Bridge en el inicio del ejercicio. Jorge Mendes, su poderoso representante, sabía de los deseos de Jose y su familia de retornar a Barcelona.
Después de una gratificante experiencia de cuatro años de residencia en Sitges, como técnico asistente de Robson y Van Gaal, propuso una reunión en Lisboa. La cumbre tuvo lugar en una sala de reuniones de las oficinas de Gestifute, en la capital portuguesa. Ingla acudió en solitario, dado que Txiki Beguiristain, el director deportivo, el día anterior argumentó un compromiso personal ineludible para ausentarse. Lo cierto es que el ex miembro del ‘Dream Team’ no estaba mucho por la labor porque su opción era la de Guardiola, que se había estrenado como entrenador del filial.
Tras las presentaciones de rigor, el técnico de Setúbal, sacó de uno de los bolsillos un lápiz de memoria de color blanco que contenía en formato “Power point” un detallado informe de veintisiete paginas de cómo iba a ser el Barça bajo su dirección. Como si de un brindis a Cruyff, con el que no mantenía una buena relación, Mourinho apostaba por el 4-3-3, con sus correspondientes evoluciones, como el sistema de juego irrenunciable. De la misma manera que el uso del balón, como hacía Johan, iba a ser indispensable en todos los entrenamientos. Incluidos los específicos de preparación física.
Igualmente había un extenso análisis de la plantilla, en la que se ponía en duda la continuidad de Ronaldinho y, en cambio , se decantaba en favor mantener a Eto’o y Deco, mientras Sylvinho, Thuram y Ezquerro, entraban en el apartado de bajas y se cuestionaba el papel de Edmilson, Oleguer y Zambrotta como integrantes de la plantilla. Sin embargo, no se pronunció respecto al capítulo de fichajes y sí sobre posibles ex jugadores del club que pudieran engrosar su staff técnico, como Luis Enrique, Chapi Ferrer o Sergi Barjuan, a los que había tratado en su anterior etapa blaugrana. Donde hubo mayor fricción fue en su relación con los medios. Se le propuso un cierto acercamiento, tras los encontronazos habidos en las eliminatorias recientes entre Chelsea y Barça, en las que mostró la peor versión de su carácter.
El mal final de temporada, superado en la Liga ampliamente por el Real Madrid entrenado por Schuster, al que se le tuvo que hacer el paseíllo en el Bernabéu y la eliminación contra el Manchester United en las semifinales de la Champions, sentenciaron al bueno de Rijkaard, ganador de dos Ligas y una Champions. A la hora de elegir al sustituto, Laporta se dejó aconsejar una vez más por Cruyff, que se decantó abiertamente por la opción de Txiki favorable a Pep Guardiola. Y así se fraguó, junto a la eclosión de Messi, el mejor Barça de la historia, mientras un desairado Mourinho se convertiría en enemigo público número 1 del club blaugrana.