La IA de Google acusó a un médico de un delito que cometió otra persona. Un tribunal alemán decidió que esas respuestas son responsabilidad de Google

La IA de Google acusó a un médico de un delito que cometió otra persona. Un tribunal alemán decidió que esas respuestas son responsabilidad de Google

A fines de agosto, un médico alemán recibió un aviso de un colega: si se buscaba su nombre en Google junto con ciertas palabras, la inteligencia artificial del buscador contaba una historia grave sobre él. Según el modo IA de Google, el médico había acosado sexualmente a su secretaria, había sido despedido, condenado a prisión en suspenso por coacción sexual y se había ido con una indemnización de seis cifras. Nada de eso era cierto. El médico, profesor de neurorradiología y jefe de servicio en un hospital de Aquisgrán entre 2010 y junio de 2026, nunca fue denunciado, investigado ni condenado.

Los hechos existieron, pero los había protagonizado otro exprofesor de la misma institución. La IA mezcló las dos historias y le atribuyó a uno lo que había hecho el otro. Google se negó a borrarlo © Alex Dudar Unsplash El médico escribió a Google para explicar la situación y pedir que se eliminara el contenido. A mediados de septiembre, la empresa respondió que no tomaría ninguna medida.

Una carta de sus abogados enviada ese mismo día tampoco tuvo efecto. Las respuestas falsas seguían apareciendo con búsquedas relacionadas, como las que incluían las palabras despido o proceso judicial. El caso llegó al Tribunal Regional de Aquisgrán, que el 24 de septiembre dictó una medida cautelar contra Google. La resolución le prohíbe seguir difundiendo tres versiones de esos textos y prevé multas de hasta 250.000 euros por cada incumplimiento.

Es una decisión urgente, tomada sin escuchar antes a Google, y todavía no es definitiva: la empresa puede impugnarla. Por qué el fallo es importante Lo relevante no es solo que el tribunal le dio la razón al médico, sino cómo llegó a esa conclusión. Durante años, los buscadores se ampararon en una idea clave: ellos no escriben el contenido, solo ayudan a encontrar lo que otros publican. Por eso, la justicia alemana los trataba como responsables indirectos de lo que aparecía en sus resultados.

El tribunal de Aquisgrán consideró que con la IA eso cambia. Cuando el buscador genera un resumen, no se limita a mostrar contenido de terceros: produce afirmaciones nuevas, propias . Por lo tanto, Google es responsable de lo que dicen esas respuestas. El tribunal añadió que, si la empresa hubiera revisado los textos tras la queja del médico, habría comprobado fácilmente que eran falsos.

Los artículos que la IA citaba como fuentes ni siquiera mencionaban su nombre. Para Carsten Brennecke, abogado del médico, el mensaje es claro: Google no puede esconderse detrás de un algoritmo. El precedente de Múnich © Sasun Bughdaryan Unsplash El tribunal de Aquisgrán se apoyó en una decisión anterior. En mayo de 2026, el Tribunal Regional de Múnich I ordenó a Google dejar de difundir afirmaciones falsas de sus resúmenes generados con IA , que vinculaban a dos editoriales de esa ciudad con estafas y prácticas de suscripción engañosas.

En realidad, la IA las había confundido con otras empresas. Google argumentó entonces que los usuarios saben que la IA puede equivocarse y que pueden revisar los enlaces para verificar la información. El tribunal rechazó ese argumento. Consideró que el resumen funciona como una respuesta autónoma, que no advierte al lector de que puede no ser fiable, y que si Google no fuera responsable, las personas perjudicadas no tendrían a quién reclamar.

También descartó que la empresa pudiera ampararse en las protecciones que la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea ofrece a los intermediarios. Google anunció que apelaría, pero el caso terminó en un acuerdo extrajudicial. No se sabe si hubo dinero de por medio. Como resultado, no hay todavía un fallo de un tribunal superior que confirme o rechace ese criterio.

Un debate que recién empieza Las llamadas alucinaciones, respuestas falsas que los modelos de lenguaje presentan como hechos, son un problema conocido de la IA generativa. Cuando afectan a personas reales, el daño puede ser serio. Y la pregunta de quién debe responder por ellas no tiene todavía una respuesta uniforme en el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, un tribunal de Georgia falló en 2025 a favor de OpenAI en una demanda por difamación presentada por un conductor de radio a quien ChatGPT había acusado falsamente de malversar fondos.

En Europa, en cambio, los tribunales alemanes empiezan a trazar una línea más exigente: si una empresa decide responder con su propia IA, es responsable de lo que esa IA dice. Si ese criterio se consolida, podría obligar a los buscadores a revisar con más cuidado cómo generan y verifican sus respuestas, especialmente cuando involucran a personas con nombre y apellido.

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