Laika saltó a la fama en el año 2009 por la estupenda adaptación que hicieron de la novela Coraline de Neil Gaiman junto al director Henry Selick (Pesadilla Antes de Navidad). Su versión onírica, oscura y artesanal pronto se abrió camino entre los jóvenes del momento y los niños que le tenían miedo. Lo mismo promete ocurrir ahora con Wildwood. La nueva cinta del estudio tiene el mismo encanto, el toque macabro y una historia llena de referencias que la hacen no solo de las mejores películas de animación del año, sino también de las mejores de fantasía. ¿Merece la pena?
Sí y, además, el estudio ha decidido ir un paso más allá. Una versión del cuento retorcida Cuando la primera escena se trata de una especie de suicidio, ya sabes que no estás ante una película estilo Disney, pero lo de que la animación es tan solo para niños ya lo tenemos superado. Laika tiene la habilidad de coger una historia en apariencia familiar y darle su propio toque. Si Coraline estaba marcada por la senda de la novela de Gaiman, con Wildwood ocurre lo mismo.
Laika ha podido desarrollar todas las ideas de Colin Meloy, autor del libro homónimo, a través de un estilo artístico stop-motion propio. La película sigue la historia de la joven Prue McKeel y cómo debe adentrarse en un territorio místico para tratar de recuperar a su hermano pequeño secuestrado. Así se conforma una historia que por momento recuerda a Las crónicas de Narnia, Alicia en el País de las Maravillas o La mecánica del corazón o El Cascanueces. Lo interesante no es solo su trama llena de matices, sino la representación madura de muchos conflictos.
Y sí, por momentos cae en los giros de una historia de fantasía que nos sonará haber visto antes, pero lo compensa con acción constante, matices en los personajes y un sistema de magia que busca no perderse en demasiados clichés. Se trata de una gesta épica, pero que pretende plasmar el coste de cada elección fuera de actos heroicos y es, tal vez, ese enfoque lo que más me ha gustado. Han sido 16 años lo que el estudio ha tardado en darle forma y, sobre todo, Travis Knight. "Acabábamos de terminar Coraline y empecé a hablar con Colin sobre una adaptación, porque es una genial historia de fantasía y yo soy un friki de la fantasía. La historia se sintió como un soplo de aire fresco, pero también es muy específica porque está ambientada en Portland", explicaba. "Eso fue hace 16 años.
Y le dije...No te tienes que preocupar por eso. El stop-motion es hacer cine al ritmo de un glaciar, es como el movimiento de los continentes", contaba con respecto a la condición de terminar los libros primeros el autor. Con 231 marionetas, 136 escenarios y 131 minutos de duración, Wildwood es una de las películas más ambiciosas por parte del estudio y del cine en general. Un relato que emociona por su música, sus abrumadores escenarios y por un enfoque distinto al que gobierna dentro de la animación.
Ya en cines, es una cita indispensable para los amantes de la fantasía y de LAIKA. En 3DJuegos | Pixar muestra su calendario para los próximos años, pero demuestra que no es nada sin sus grandes titanes de la animación