Bloomberg — La decisión de Estados Unidos de permitir que el candidato presidencial brasileño de derecha derrotado, Flavio Bolsonaro, solicite asilo en el país supone un nuevo motivo de fricción en unas relaciones bilaterales que se han caracterizado por las recriminaciones y las acusaciones entre los líderes de ambos países. Estados Unidos expidió visados para Bolsonaro y su familia mientras el presidente Donald Trump seguía criticando las elecciones que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ganó el pasado fin de semana. Cuando se le preguntó el jueves si reconocía a Lula como presidente de Brasil y si hablaría con él, Trump respondió a los periodistas: “Hablaré con él. Creo que las elecciones en Brasil fueron una vergüenza”.
La relación ya se ha visto marcada por el rencor, como cuando Lula advirtió el mes pasado en la Asamblea General de las Naciones Unidas que otros países no deberían “socavar la voluntad popular”. Trump afirmó que permitiría a Bolsonaro viajar a EE.UU. porque las elecciones de Brasil fueron “terribles” y “amañadas”, y porque conoce “muy bien” al padre del candidato, Jair Bolsonaro. El padre de Bolsonaro, aliado de Trump durante su mandato presidencial entre 2019 y 2023, cumple una condena de 27 años por su participación en la conspiración de un intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022 para impedir que Lula asumiera el cargo. “La disposición de Lula a colaborar con Washington dependerá en parte de cómo afronte Trump esta situación en estos momentos”, afirmó Nick Zimmerman, exdirector de Asuntos de Brasil y del Cono Sur en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. “Es demasiado pronto para afirmar con certeza que se avecina un desastre o que las cosas mejorarán. Hay que esperar a que se calme la situación”.
Por el momento, es posible que Lula no tenga mucho que temer. Trump pareció marcar una cierta distancia con respecto al refugio de Bolsonaro en Florida. “Sé que le concedimos un permiso para entrar en el país, así que ya veremos”, declaró Trump a los periodistas el miércoles. “Pero no voy a involucrarme. Ha sido unas elecciones muy extrañas, eso es seguro”. El año pasado, Trump impuso aranceles a Brasil en un intento de detener un proceso penal contra Jair Bolsonaro —una maniobra que no hizo más que reforzar el apoyo de la opinión pública brasileña a Lula—.
Lula está a la espera de los próximos movimientos de la Administración Trump antes de evaluar el efecto que tendrán en las relaciones entre ambos países, según una persona cercana al presidente brasileño. Dicha evaluación dependerá de si Trump recibe a Bolsonaro y a su hermano Eduardo para mantener reuniones en Washington, del nivel de apoyo que su Administración brinde al candidato derrotado y del resultado de las elecciones de mitad de mandato de EE.UU. de la próxima semana, señaló dicha persona. Ver más: Flávio Bolsonaro llega a EE.UU. con su familia tras salir de Brasil Lula sigue abogando por una relación pragmática y diplomática con Washington y mantiene sus planes de viajar a EE.UU. para la cumbre de líderes del Grupo de los 20 que se celebrará en diciembre en el Trump National Doral Golf Club de Miami, según la misma fuente. Trump y Lula parecieron limar asperezas a finales del año pasado en una cumbre celebrada en Malasia, y Lula visitó la Casa Blanca en mayo.
Sin embargo, las tensiones se reavivaron en los últimos meses. Brasil denegó los visados a dos altos funcionarios del Departamento de Estado ante la preocupación de que quisieran poner en duda el sistema de voto electrónico del país antes de las elecciones. Posteriormente, el Departamento de Estado negó que ese fuera el propósito del viaje de dichos funcionarios a Brasil. El Gobierno de Lula se negó durante el verano a conceder la aprobación diplomática al candidato a embajador designado por Trump, alegando que quería esperar hasta después de las elecciones.
A su vez, EE.UU. afirmó que revocaría el visado del embajador de Brasil. ¿Qué papel podría desempeñar Flávio Bolsonaro desde EE.UU.? La acogida de Trump podría proporcionar a Bolsonaro —quien se enfrenta al menos a dos investigaciones federales en Brasil por acusaciones de blanqueo de capitales— una plataforma para expresar sus quejas sobre las elecciones. El miércoles, declaró que lideraría la oposición a Lula desde EE.UU. y denunció un supuesto fraude electoral, sin aportar pruebas. Sin embargo, los tribunales brasileños consideran que las elecciones son un asunto zanjado, y Lula ha sido reconocido por casi todos los gobiernos de la región, incluso por aquellos liderados por oponentes ideológicos como Colombia.
La Administración Trump también desea colaborar con Brasil en ámbitos como la energía y el desarrollo de minerales críticos. El exilio de Bolsonaro en EE.UU. podría no tener gran relevancia, si nos guiamos por la experiencia de su padre. Tras impugnar su derrota en las elecciones de 2022 y alegar que las máquinas de votación estaban amañadas, Jair Bolsonaro también voló a Florida justo antes de la toma de posesión de Lula, donde permaneció tres meses antes de regresar a Brasil, donde fue detenido. “Es bien sabido que al presidente Trump no le gustan los perdedores, y los propios aliados de Flavio le han dado la espalda en Brasil”, afirmó Ricardo Zúñiga, un veterano funcionario del servicio exterior que prestó servicio en Brasil. “Resulta difícil entender cómo un conflicto prolongado entre la Casa Blanca y el Gobierno de Lula podría tener mucho sentido para el resto de la agenda de Trump”. -Con la colaboración de Simone Iglesias, Hadriana Lowenkron y Jeff Mason. Lea más en Bloomberg.com