Aviso: Spoilers del capítulo 1197 del manga de One Piece Tras un pequeño renacer en el que vimos sus verdaderos miedos, Sanji está más que preparado para hacer frente al Gobierno Mundial. Su pelea contra Killingham parecía una misión imposible, pero, después de rebuscar en su interior, el cocinero del Sunny tiene cada vez más claro su propósito. El capítulo 1197 de One Piece comienza justo donde acabó el anterior. Killingham se sorprende ante el aumento significativo de poder de Sanji, quien, tras haberlo pasado bastante mal, ahora parece mucho más tranquilo, sobre todo porque parece haber descubierto al fin la guinda del pastel que le faltaba: el Haki del Conquistador.
Tal y como hemos podido ver a lo largo de este arco, la única manera de hacer daño a los Soldados Celestiales del Gorosei es utilizando el Haki del Conquistador. En episodios anteriores vimos cómo Zoro se soleaba a Sommers gracias a esta habilidad; ahora es el turno de Sanji. El cocinero comienza a ejecutar patadas más poderosas, mientras que Killingham intenta pararlo con su arma, la lanza Longinus, que no parece funcionar demasiado bien ante el nuevo Haki de Sanji. Pero el Soldado Celestial no se rendiría tan rápido, ya que tenía un as en la manga: una armadura de Haki que solo puede ser atravesada por una cantidad considerable de Haki del Conquistador.
El cocinero poco a poco descubre su verdadero propósito junto a Luffy y el paralelismo que existe con Gol D. Roger: mientras Zoro es la espada del Mugiwara, Sanji será su escudo. Así, Vinsmoke descubre que su cuerpo no es una maldición, sino una bendición, y que fue su madre quien le otorgó la libertad de poder usarlo para sus propios intereses y no para los de su familia. Los Sombrero de Paja se hacen cada vez más fuertes, y este último power-up parece dejar claro que Luffy está cada vez más cerca de conseguir su sueño.
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