Béisbol entre lagos y volcanes: Doce banderas y un mismo sueño

Béisbol entre lagos y volcanes: Doce banderas y un mismo sueño

La sexta edición tendrá como primera referencia a Japón, bicampeón defensor, pero también contará con Puerto Rico y Nicaragua, sus acompañantes en el podio de 2024, una fotografía que ayuda a reconocer protagonistas sin escribir de antemano el desenlace. Los japoneses cargarán con el peso de la continuidad, después de conquistar su segunda corona consecutiva con una victoria de 5-0 sobre los puertorriqueños en la final anterior, resultado que convierte su presencia en el punto de partida de cualquier pronóstico. Para los boricuas, la cita significará regresar al escenario de una ambición que en 2024 alcanzó la final y produjo la mejor actuación de su historia en el torneo, de modo que su candidatura tiene un antecedente más cercano que cualquier etiqueta. Nicaragua reunirá dos responsabilidades bajo una misma camiseta, porque al compromiso de organizar por primera vez el Mundial sub-23 añadirá la defensa del bronce obtenido hace dos años, cuando derrotó a China Taipéi y estrenó su casillero de medallas.

Los asiáticos llevarán otra credencial de peso, pues figuraban segundos del escalafón mundial en la información difundida por la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol al anunciar el calendario, aunque este certamen le exigirá transformar esa posición de referencia en victorias sobre el terreno. Corea del Sur completa el trío de Asia y comparte con japoneses y taipeyanos una ruta de acceso construida en el campeonato continental de septiembre de 2025, del cual salieron las tres selecciones clasificadas de esa región. Venezuela llegará con una memoria propia de campeón, la del título conquistado en 2021 frente a México, y con el impulso de haber ganado en Lima el clasificatorio sudamericano, dos argumentos para mirar más allá de su condición de representante regional. Cuba tendrá el desafío de convertir su plaza en una oportunidad de renovación, después de asegurar el boleto junto con Panamá y Puerto Rico en el clasificatorio americano, y deberá abrirse paso en una llave difícil que incluye a Japón, Corea del Sur y Venezuela.

Panamá, por su parte, llevará el aval de haber ganado el certamen clasificatorio de su zona, una credencial que añade sustancia competitiva a su presencia y lo coloca entre los equipos con razones para reclamar atención desde la primera ronda. Australia ocupará el lugar de Oceanía y medirá sus aspiraciones frente a escuelas de cuatro continentes desde el inicio de la competencia, mientras Chequia llegará con el respaldo de su condición de subcampeona europea de 2025, y encontrará en esta cita una nueva escala para contrastar su desarrollo continental. Gran Bretaña traerá su primer título europeo sub-23, una conquista que permite presentar su participación no solo como expresión de la expansión del béisbol, sino como resultado de un éxito competitivo verificable. Sudáfrica completará el mapa como representante africano, tras ganar el campeonato de su continente con una victoria de 21-1 sobre Zimbabwe, y afrontará una primera fase muy compleja.

Divididas en dos grupos de seis, las selecciones buscarán uno de los tres puestos disponibles en cada llave para avanzar a la superronda, el primer filtro de una competencia en la cual los antecedentes ayudarán a explicar las expectativas, pero no concederán victorias. mem/blc

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