El mundo paleontológico ha señalado en más de una ocasión la existencia de una peculiar relación en el mundo animal. Los dinosaurios y las aves comparten similitudes genéticas extraordinarias y los científicos han encontrado múltiples evidencias que respaldan tal afirmación. Y una de las más interesantes, no sólo por su contribución a la comprensión de tal fenómeno sino también por lo particular de su forma, tiene el nombre de 'Baby Yingliang'. No es un dinosaurio cualquiera, sino un embrión que nunca llegó a salir de su huevo y que quedó preservado durante millones de años.
Supimos de la existencia de este curioso ejemplar en 2022. Entonces, un grupo de científicos de China sorprendió al mundo entero con la publicación de un estudio en la revista iScience (vía National Geographic) dedicado a la cría nonata de un oviraptorosaurio; descubrimiento que se bautizó con el nombre de Baby Yingliang. Básicamente, el equipo tuvo la oportunidad de examinar un huevo fosilizado y establecer así una nueva razón para afirmar que existe una relación genética entre dinosaurios y aves. De acuerdo con las investigaciones de los científicos, el huevo de Baby Yingliang se encontraba en un estrato del Maastrichtiense; nombre que recibe la última edad del periodo Mesozoico.
En palabras más sencillas, se calcula que el ejemplar tiene entre 72 y 66 millones de años y no está muy lejos de la época del Asteriornis maastrichtensis, considerado en el mundo científico como la primera ave moderna. La postura de 'Baby Yingliang', una posible prueba de la relación entre dinosaurios y aves Baby Yingliang no fue simplemente un descubrimiento particular para los paleontólogos de China, sino que fue clave para reforzar, aún más, ese vínculo biológico entre dinosaurios y aves. Para empezar, los oviraptorosaurios ya fueron estudiados precisamente por este asunto; se trata de un clado de ejemplares con plumas y picos sin dientes que se considera que están emparentados con los antepasados de las primeras aves. Sin embargo, la característica más importante del embrión es la forma en la que se estaba desarrollando dentro del huevo.
Básicamente, Baby Yingliang estaba creciendo en la misma posición que adoptan las aves modernas: con las patas inferiores dobladas a cada lado del cuerpo y la espalda curvada, siguiendo la parte roma de la cáscara del huevo. No se trata de un detalle menor, pues los polluelos pueden romper el cascarón con más facilidad al adoptar esta postura. De hecho, se sabe que las crías que no se colocan de esta manera tienen más dificultades para salir del huevo y, por lo tanto, nacer. Inicialmente, se pensaba que esta posición, que se establece como un mecanismo evolutivo, había llegado con las aves.
A fin de cuentas, el análisis de otros huevos de dinosaurio sugerían que dichos reptiles terrestres no habían logrado desarrollar tal postura de forma natural para su nacimiento. Sin embargo, Baby Yingliang supone una contradicción de esta teoría al demostrar que al menos un dinosaurio había empezado a adoptar esta forma dentro del huevo durante la edad Maastrichtiense. Eso sí, el descubrimiento realizado en China es único y los científicos deben estudiar más ejemplares de huevos fosilizados antes de poder determinar que los dinosaurios llegaron a adoptar la misma postura de las aves de forma generalizada. Aun así, Baby Yingliang ha pasado a la historia como una muestra única para el mundo científico.
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