A 50 años del tránsito a la inmortalidad del jefe de la Revolución, Julio Aguilar Ochoa y Expectación Rivas Fajardo, conocido como Don Pepe, recuerdan su cercanía con Carlos Fonseca Amador, la organización guerrillera en las montañas del norte y el compromiso de las familias campesinas que se sumaron a la lucha contra la dictadura somocista. Una contraseña que comenzaba con una pregunta sencilla: «¿Tienes café?». Una familia campesina que convirtió su vivienda en refugio y espacio de alimentación para los guerrilleros. Un joven que todavía recuerda el saludo de un hombre que le dijo: «Vos sos el hombre nuevo».
Detrás de estos recuerdos hay una historia de organización, solidaridad y compromiso que permanece viva en la memoria de quienes conocieron de cerca al comandante Carlos Fonseca Amador y participaron en la lucha contra la dictadura somocista. En el marco del 50 aniversario de su tránsito a la inmortalidad, el programa Desde el Parlamento presentó un especial dedicado a reconstruir el trabajo organizativo del jefe de la Revolución en las montañas del norte de Nicaragua, a través de los testimonios de Julio Aguilar Ochoa y Expectación Rivas Fajardo, conocido como Don Pepe. Sus relatos permiten acercarse a la dimensión humana de Carlos Fonseca, a su relación con las familias campesinas y a las razones sociales que impulsaron aquella lucha: el derecho a la educación, la salud, la justicia laboral y mejores condiciones de vida para el pueblo nicaragüense. Lee también: Uso Responsable de la Pólvora Festiva en las Fechas de Alegría Hogareña y Familiar «Era un hombre extraordinario»: Julio Aguilar recuerda su encuentro con Carlos Fonseca Para Julio Aguilar Ochoa, conocer personalmente al comandante Carlos Fonseca Amador fue una experiencia que quedó profundamente marcada en su memoria.
Desde su juventud había tenido contacto con otros compañeros de la organización revolucionaria, entre ellos el comandante Edgar Munguía, conocido como Ventura, y el comandante Jonathan González, además de Juan José Quezada, a quien había conocido durante su colaboración en Cuscaguá. Sin embargo, el encuentro con Carlos Fonseca tuvo un significado especial. «Era un hombre extraordinario, un compañero. […] Realmente era un hombre muy sencillo, sencillo, amable, y le gustaba comunicar el motivo de la lucha, el motivo de la lucha», recordó Aguilar. Su testimonio destaca una característica que permaneció en su memoria: la sencillez del comandante y su disposición para explicar a los campesinos por qué era necesario organizarse y luchar contra la dictadura somocista. En aquellos encuentros, Carlos Fonseca hablaba de la represión que sufrían las comunidades, de la persecución contra las familias y de la destrucción de sus medios de subsistencia.
Aguilar recordó particularmente las condiciones que enfrentaban los habitantes de Cuscaguá, Caño Negro y Vilampí, donde, según relató, la Guardia Nacional desarrollaba acciones que afectaban directamente a las familias campesinas. «Habían comenzado en todo el sector de Cuscaguá, Caño Negro, Vilampí, prácticamente tierra arrasada, acabar con las familias, pero además acabar con los siembros, acabar con el ganado, acabar con todo lo que había, porque ellos decían que con eso se mantenía a la guerrilla», explicó. En medio de ese escenario, el joven Julio tuvo la oportunidad de saludar al jefe de la Revolución. De aquel encuentro conserva unas palabras que, décadas después, continúa recordando con especial emoción: «Logré saludarlo, me saludó y siempre me dijo: vos sos el hombre nuevo, vos sos el hombre nuevo». La organización revolucionaria y el llamado a luchar hasta derrocar a Somoza La relación de Carlos Fonseca con los campesinos no se limitaba a explicarles las condiciones de represión.
También les transmitía la importancia de incorporarse a una organización que, según les decía, tenía el propósito de transformar la realidad nacional. Aguilar recordó que el comandante les hablaba de la naturaleza político-militar del Frente Sandinista y de la determinación de continuar la lucha hasta derrocar a la dictadura. «Hay que luchar siempre con el Frente Sandinista. Nosotros somos, dice, una organización político-militar y no vamos a dar de luchar hasta que derroquemos a Somoza», relató. El testimonio también recupera una de las reflexiones que Carlos Fonseca compartía con los jóvenes y las familias que se acercaban a la organización: aunque los guerrilleros fueran pocos, vistieran humildemente y enfrentaran grandes dificultades materiales, mantenían la convicción de que el pueblo llegaría a comprender las razones de aquella lucha. «Y ustedes miran que aquí somos pocos, y ustedes miran que aquí andamos a lo mejor mal vestidos en harapos, pero andamos haciendo y trabajando, luchando todos los días y algún día nuestro pueblo va a tener conciencia y vamos a derrotar a Somoza», recordó Aguilar.
Estas palabras reflejan la importancia que el comandante atribuía a la conciencia popular y a la participación de los distintos sectores sociales en la lucha contra la dictadura. Te puede interesar: Nicaragua honra el legado de sus Héroes y Mártires Educación, salud y justicia: las aspiraciones que Carlos Fonseca compartía con los campesinos Uno de los aspectos más significativos del relato de Julio Aguilar es la referencia a los temas que Carlos Fonseca abordaba durante sus encuentros con las familias campesinas. El comandante hablaba de electrificación, educación, universidades y atención médica. Eran necesidades concretas de comunidades que durante aquellos años enfrentaban enormes dificultades para acceder a servicios básicos. «A nosotros nos hablaba de electrificación, nos hablaba de educación, que teníamos que aprender a leer, que teníamos el derecho de ir a las universidades», recordó.
La salud también ocupaba un lugar importante en aquellas conversaciones. Aguilar explicó que Carlos Fonseca conocía las dificultades que enfrentaban los campesinos para trasladar a sus familiares enfermos hasta los centros de atención médica. «Él fue testigo de ver cómo las campesinas, los campesinos tenían que bajar y caminar hasta cinco días cargando en hamaca a sus enfermos para que puedan ser atendidos en un puesto médico, en un hospital, que era aquí en Matagalpa», relató. La distancia, la falta de caminos y las limitaciones de acceso a los servicios de salud formaban parte de la realidad cotidiana de las comunidades rurales. Por eso, según recordó Aguilar, el comandante insistía en que la lucha debía integrar a los campesinos y a los trabajadores de las ciudades, reconociendo que ambos sectores compartían condiciones de desigualdad y explotación. «Ustedes son campesinos, nosotros somos de la ciudad.
Y eso es lo que queremos, que la ciudad se relacione con el campo y el campo a la ciudad», expresó. En aquellas conversaciones también se abordaban las condiciones laborales de quienes trabajaban en las bananeras, los algodonales y los minerales. «Nos habló mucho de las bananeras, de los algodonales, de la gente de los minerales. Y entonces prácticamente eso tiene que ser eliminado, tiene que hacerse justicia, de que no haya explotación del hombre por el hombre», recordó. De esta manera, el testimonio de Aguilar reconstruye una dimensión fundamental del pensamiento que Carlos Fonseca compartía con la población: la lucha contra la dictadura estaba vinculada a las aspiraciones de educación, salud, dignidad laboral y mejores condiciones para las familias nicaragüenses.
El relevo generacional y la responsabilidad de la juventud Al mirar retrospectivamente aquellos años, Julio Aguilar relaciona las necesidades que conoció durante su juventud con las oportunidades que, desde su perspectiva, existen actualmente para las nuevas generaciones. Su mensaje está dirigido especialmente a los jóvenes, a quienes llama a participar, formarse y asumir responsabilidades. «Yo como adulto me siento orgulloso que los jóvenes participen, que los jóvenes sean ese relevo generacional que tenemos en todo el país», manifestó. También expresó su reconocimiento al Comandante Daniel y a la compañera Rosario por las oportunidades que, según sus palabras, se brindan a la juventud. «Entonces, meterle, es decir, tomar conciencia de ellos para que la revolución sea hoy, mañana y siempre», concluyó