A falta de probar Zelda y GTA VI, no he jugado nada mejor que Queen's Domain en todo 2026

A falta de probar Zelda y GTA VI, no he jugado nada mejor que Queen's Domain en todo 2026

Pocos juegos casan más con la definición de joya oculta que Queen's Domain. El juego creado por dos personas, las que integran Freshly Baked Games, no tiene nota en Metacritic porque no ha llegado a las cuatro críticas necesarias en una plataforma para que el agregador haga la media. Pertenece a un género tan de nicho como es el Dungeon Crawler en primera persona heredero de King's Field, y no es nada condescendiente con el jugador, más bien al contrario; es árido, carece de guías y pistas evidentes como los grandes Triple A, y su aspecto gráfico tan retro echará para atrás a más de uno. Pero creo fervientemente que es lo mejor que he jugado en todo el año.

La referencia a esa saga de PSX de FromSoftware previa a Dark Souls es evidente, e incluso se traslada mediante un pequeño juego al título, pero va más allá. También se toma nota de las decisiones valientes que se tomaron en ese experimento que fue Shadow Tower, también de From, así como de herederos del género que llegaron en los últimos años como Dread Delusion o Lunacid. De estos últimos aprende cómo actualizar una premisa que pudiera parecer arcaica, ampliando su mundo y convirtiéndolo en algo más que pasillos angostos y salas a oscuras, aceptando de paso el desafío para nada pequeño de crear un combate sugerente desde la lucha a melé en primera persona. Y también es complicado no ver los platos de comida que aumentan tus estadísticas como un guiño a los coleccionables para subir de nivel de la obra de Lovely Hellplace.

Un RPG que no deja de darte contenido Freshly Baked Games usa conceptos fundacionales de lo que emula, como la sensación de descubrimiento y recompensa en la exploración, y los eleva a la máxima potencia. Aunque muchos han comparado a Queen's Domain con Metroid Prime por lo intrincado, y a la vez lo gratificante de sus entornos, la realidad es que creo que va aún más allá, recordándome a otro título de Nintendo. Hablo en concreto de Super Mario Odyssey, un título que te ofrece una movilidad con infinitas posibilidades, y que siempre te deja aunque sea una moneda en esa plataforma que parecía inalcanzable pero que en realidad no lo era. La isla inicial, a la que llegamos como un príncipe en búsqueda de su padre y de solventar los problemas de una supuesta maldición, es una clase maestra de diseño y arquitectura de niveles.

No dejas de recibir ese sentimiento de sorpresa que todos recordamos de la escalera a la primera hoguera del Burgo de los No Muertos de Dark Souls. Tampoco es algo que se diluya tras el paso de las horas, sino que crece de forma exponencial. Ya esa primera fase, la que englobaba la demo liberada semanas antes del lanzamiento oficial, te recompensaba con atajos, armas a distancia o mejoras de estadísticas a poco que empezases a dejarte llevar. Ese uróboro que conforma el conseguir cosas nuevas, poder jugar de otras formas y querer explorar más para repetir el ciclo crece y, no sólo eso, sino que te hace desaprender las manías que traías de casa.

El diseño de niveles es una obra maestra Una vez te desbloqueas, empiezas a comprender que el diseño de niveles a priori obtuso, te está dando pistas en todo momento de dónde estás. Lo hace con la arquitectura, los enemigos y su posicionamiento; pero también con los coleccionables y consumibles. Por si esto fuera poco, añade a la ecuación los esqueletos, los cuales te encontrarás por todos sitios y que además de ser de las cosas más graciosas por sus posturas y situaciones, también te dan pistas sobre secretos o caminos que deberías recorrer. Volviendo a la demo, dicha experiencia terminaba cuando conseguías la Espada Endu, un arma cuya habilidad especial es integral para Queen's Domain.

Se trata de un dash aéreo que convierte la exploración en una especie de metroidvania, obligándote a conseguir gemas adicionales de viento con la que realizar desplazamientos adicionales por el aire. Es una forma ingeniosa, sencilla y elegante de expandir las formas en las que nos relacionamos con el entorno, cambiando con cada mejora nuestra visión de los niveles que nos encontramos. No sólo eso, sino que la variedad de armas, las cuales también pueden subir de nivel e incluso evolucionar al llegar al máximo, es un concepto repleto de diseño de videojuegos. El Cestus, los puños que muy poca gente usa en los RPGs, aquí cuentan con una habilidad especial que es gancho a lo Shoryuken; lo que no deja de ser un doble salto que amplía aún más las capacidades de movilidad de nuestro personaje.

Sumamos las armas, la progresión, lo intrincado de su diseño de niveles y la copiosa cantidad de secretos disponibles, y tenemos uno de los backtrackings más apetecibles que recuerdo. Hasta en cinco o seis ocasiones he pasado por el mismo hub central de un bioma y en todas ellas he descubierto algo, por pequeño que sea. Cada capa, incluso la del tendero, acaba por ser algo gratificante y que aporta a la suma total al ver como cada tesoro que vendes acaba expuesto en su local. Incluso la dificultad, que existe y es fruto del sistema de guardados manuales, acaba suavizándose con el tiempo.

No tanto por que sea posible farmear niveles y mejorar las armas repitiendo zonas, sino por la enorme variedad de opciones que te ofrece para enfrentarte a los enemigos y jefes, así como por las enormes recompensas que vas adquiriendo si la curiosidad es tu mayor motivador durante tu aventura en Queen's Domain. Si tenéis que creerme y fiaros de mí en una única ocasión en lo que a recomendaciones de videojuegos se refiere, os prometo que es con Queen's Domain. En un momento en el que Zelda Ocarina of Time y GTA VI van a arrasar con toda la conversación dentro de la industria, la obra de Freshly Baked Games merece no ser olvidada. De hecho, estoy seguro de que no será así.

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