La Habana Vieja ante el desafío de atraer inversiones sin perder su identidad (+ Video)

La Habana Vieja ante el desafío de atraer inversiones sin perder su identidad (+ Video)

Edificios de la calle Obispo, La Habana Vieja. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La recuperación de un centro histórico exige algo más que restaurar edificios. Supone sostener una estructura económica capaz de financiar esa conservación, mantener servicios, atender las necesidades de sus habitantes y generar recursos para intervenir en inmuebles e infraestructuras que no siempre cuentan con financiamiento.

En el caso de La Habana Vieja, ese desafío adquiere nuevas dimensiones con las transformaciones económicas y sociales aprobadas en junio de 2026. El documento reúne 176 medidas organizadas en 23 ejes temáticos. Entre sus propósitos figuran ampliar la autonomía de las empresas estatales, diversificar las fuentes de financiamiento, facilitar la inversión extranjera, modificar los mecanismos de planificación y avanzar en la valoración y titulación de activos empresariales. Para la Oficina del Historiador de La Habana (OHCH), estas transformaciones representan la posibilidad de actualizar un modelo económico que debe responder a las particularidades de un territorio donde conviven inmuebles de alto valor patrimonial, actividades comerciales y culturales, servicios públicos y una población residente con sus propias necesidades.

Más autonomía y nuevas formas de movilizar los activos Uno de los cambios centrales del documento es la ampliación de las facultades del sistema empresarial estatal. Desde la medida 1 se plantea la posibilidad de que estas entidades operen con mayor autonomía y en condiciones similares a las del resto de los actores económicos, con capacidad para realizar actividades lícitas sin abandonar su objeto social principal. A ello se suman la flexibilización en la aprobación y destino de las utilidades después de impuestos, la descentralización de determinadas decisiones sobre precios y salarios y el diseño de instrumentos financieros para capitalizar empresas sin recurrir al Presupuesto del Estado. Otro componente relevante es la creación de un Programa Nacional de Valoración y Titulación de Activos Empresariales Estatales.

La medida contempla inventariar los activos tangibles e intangibles, valorarlos a precios de mercado y emitir certificados de propiedad que puedan constituirse en garantías colaterales para créditos bancarios. También prevé que las empresas moneticen activos subutilizados mediante arrendamientos a largo plazo a diferentes actores económicos y a la inversión extranjera. Estas disposiciones modifican las posibilidades de aprovechamiento económico de los recursos empresariales. Un inmueble o una infraestructura que no se utiliza plenamente podría convertirse en una fuente de ingresos o servir de respaldo para obtener financiamiento.

Sin embargo, la aplicación de estos mecanismos exige distinguir entre la posibilidad de utilizar un activo, su titularidad y las consecuencias de comprometerlo como garantía. Maite Núñez Escalona, presidenta del Grupo Empresarial de la Oficina del Historiador. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. Maite Núñez Escalona, presidenta del Grupo Empresarial de la Oficina del Historiador, explica que el grupo está integrado por nueve empresas con diferentes formas de organización: estatales, sociedades mercantiles y una empresa mixta, además de tres mipymes asociadas.

Su estructura abarca actividades que van desde la concepción de proyectos hasta la promoción del patrimonio, la gestión inmobiliaria, el turismo y el comercio minorista. En su valoración, las nuevas disposiciones amplían las posibilidades de estas entidades para acceder a mecanismos de financiamiento, establecer alianzas y aprovechar sus activos. También actualizan las condiciones para aprobar sus planes económicos y decidir sobre la distribución de las reservas voluntarias, aspectos que, según señala, fortalecen la autonomía empresarial. La transformación no consiste únicamente en disponer de más facultades.

También “implica asumir una mayor responsabilidad sobre la gestión de los recursos, la eficiencia de las empresas y su capacidad para generar ingresos”, plantea. En un sistema como el de la Oficina del Historiador, esa capacidad tiene una dimensión adicional: contribuir a sostener actividades y servicios que forman parte de la recuperación integral del Centro Histórico. La inversión extranjera entra en el escenario patrimonial El documento incorpora medidas específicas para ampliar la participación del capital extranjero. Entre ellas figuran la creación de empresas mixtas y contratos de asociación económica internacional, la extensión de los derechos de superficie hasta 99 años y de usufructo por más de 50 años en determinadas actividades, así como la posibilidad de realizar operaciones de compraventa de unidades residenciales mediante negocios inmobiliarios.

La medida 126 plantea expresamente permitir la inversión extranjera en La Habana Vieja y otras zonas patrimoniales. Por su parte, las transformaciones vinculadas al turismo incorporan modalidades como arrendamientos, usufructo oneroso y venta de inmuebles, con aprobación caso a caso. La apertura introduce una fuente potencial de capital para espacios que requieren inversiones de considerable magnitud. Pero en un centro histórico, la decisión sobre qué actividad económica instalar, qué inmueble utilizar y bajo qué condiciones hacerlo no puede depender exclusivamente de la rentabilidad esperada.

Núñez Escalona explica que la Oficina actualizó su política para organizar la captación y evaluación de proyectos de inversión extranjera. Esa política también contempla al inversionista privado nacional. “Todos los inversionistas a la hora de presentar sus proyectos deben garantizar el empleo local y la prevención del fenómeno de la gentrificación”, subraya. Asimismo, advierte que las inversiones de alta intensidad deberán contar con estudios de impacto patrimonial. La presidenta del Grupo Empresarial considera que la protección patrimonial y cultural ocupa un peso determinante en la evaluación de los proyectos.

Además, indica que deben ajustarse a las líneas estratégicas definidas para el territorio y cumplir los requisitos establecidos para su presentación. De la intención a los instrumentos de evaluación La aplicación de las transformaciones requiere mecanismos que permitan seleccionar las inversiones más convenientes para el territorio. Ese es uno de los aspectos en los que trabaja actualmente la Oficina del Historiador. Kiobet Sánchez Albarez, subdirector del Plan Maestro, explica que se creó un grupo negociador integrado por especialistas de diferentes áreas de la institución.

Su función es participar en la evaluación de las propuestas y determinar su pertinencia para el Centro Histórico. El grupo se encuentra en una fase de construcción de instrumentos, con el propósito de que las decisiones no dependan de percepciones individuales, sino de criterios medibles. “Necesito tener unos indicadores para decir qué población local va a contratar, si va a mejorar algo que tiene que ver con infraestructura, si va a rehabilitar un inmueble, si va a escalar un proceso cultural que ya está implícito en el territorio”, explica. Entre las primeras herramientas diseñadas se encuentra una guía para que los inversionistas presenten sus proyectos con información homogénea: aspectos financieros, modelos de gestión, compromisos ambientales, entre otros... A partir de esa información, otra herramienta permite evaluar las propuestas y asignar un peso específico a las distintas variables.

Kiobet Sánchez Albarez, subdirector del Plan Maestro. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. Kiobet señala que los criterios sociales y culturales tienen mayor ponderación en este territorio, sin excluir la responsabilidad ambiental y la eficiencia económica. La intención es evitar que la primera propuesta que llegue sea considerada automáticamente la más conveniente y contar con elementos para comparar las alternativas.

La Oficina también trabaja en una cartera de oportunidades a partir del análisis de más de 400 inmuebles de su titularidad. Para determinar el potencial de cada uno se consideran factores como el grado de protección patrimonial, las dimensiones, la ubicación, la demanda y la compatibilidad entre las características del edificio y la actividad que se pretende desarrollar. “No todos los inmuebles admiten los mismos usos ni ofrecen iguales posibilidades de intervención. Un edificio con un alto grado de protección puede requerir condiciones más restrictivas que otro con mayor flexibilidad. También importa la localización: una actividad que implique movimiento de mercancías y operaciones de carga y descarga necesita condiciones de acceso distintas a las de un espacio destinado a usos culturales”, explica. ¿Qué debe ganar el Centro Histórico con cada inversión?

Las inversiones deben apuntar a la recuperación del patrimonio y la vivienda social. Esas son las prioridades identificadas por el grupo negociador, según explica Kiovet. Para ello, están estudiando una herramienta a la cual denominan co-desarrollo, mediante la cual una inversión podría vincularse con acciones destinadas a atender déficits identificados en otras áreas del territorio. Para ello, el Plan Maestro — con su Future Lab — trabaja en una cartografía que no solo localiza los inmuebles disponibles, sino que también registra carencias relacionadas con servicios de uso cotidiano, en escuelas, círculos infantiles y farmacias, por ejemplo.

Sánchez Albarez,explica que, a partir de ese diagnóstico, podría plantearse a un inversionista que, además de desarrollar su proyecto principal, asuma compromisos asociados a necesidades comunitarias: rehabilitar una escuela, acondicionar un área deportiva, construir viviendas para adultos mayores o apoyar una comunidad energética, por ejemplo. El riesgo de que la valorización desplace a quienes habitan el territorio Edificios de la Plaza Vieja. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La apertura a la inversión inmobiliaria puede favorecer la recuperación de edificios deteriorados y atraer recursos que hoy son insuficientes, pero también puede generar tensiones en zonas donde los inmuebles tienen un elevado potencial de revalorización y conviven con residentes de ingresos limitados.

El economista cubano Joel Ernesto O’Marrill identifica precisamente esa dualidad. Considera que la inversión extranjera en el sector inmobiliario ofrece oportunidades para recuperar el patrimonio y desarrollar proyectos vinculados a la vivienda, especialmente en zonas céntricas con posibilidades de revalorización futura. Su advertencia se concentra en el riesgo de gentrificación. Inmuebles que hoy tienen precios bajos debido a la situación económica, la falta de inversión y la escasa demanda podrían aumentar considerablemente su valor si las condiciones económicas mejoran.

En ese escenario, quienes dispongan de capital para invertir podrían adquirir propiedades y beneficiarse de esa revalorización, mientras que los habitantes históricos, con menores ingresos, podrían quedar expuestos al desplazamiento. “El riesgo de la gentrificación es importante porque después terminas en un entorno donde la gente que vive allí no tiene nada que ver con la gente de la zona”, dice. O sea, el riesgo no se limita a la pérdida de una vivienda. También puede modificar la composición social y cultural del barrio. O’Marrill subraya que el centro histórico podría terminar habitado principalmente por personas de mayores ingresos o residentes extranjeros, alejándose de la cultura y las dinámicas de la comunidad que le han dado identidad.

La preocupación coincide con uno de los principios señalados por Maite Núñez: la prevención de la gentrificación debe formar parte de las condiciones exigidas a los inversionistas. La cuestión será cómo se concreta esa protección y con qué instrumentos se evita que la revalorización inmobiliaria termine afectando a la población residente. Activos patrimoniales como garantía: Oportunidad con consecuencias Uno de los aspectos más sensibles de las transformaciones es la posibilidad de valorar y titular activos estatales para utilizarlos como respaldo de créditos. El documento — con alcance nacional — contempla expresamente que los certificados de propiedad de los activos empresariales puedan constituirse en garantía colateral.

Desde el punto de vista financiero, Joel Ernesto O’Marrill considera que, en principio, un activo puede utilizarse como garantía de un crédito. Esto podría abrir posibilidades tanto para empresas propietarias de inmuebles como para personas que busquen financiamiento para desarrollar actividades económicas. Sin embargo, advierte que el mecanismo implica un riesgo fundamental: si el crédito no se paga, el activo comprometido puede perderse. En el caso de bienes patrimoniales estatales, esto plantea interrogantes sobre las condiciones jurídicas bajo las cuales podrían utilizarse como garantía y las consecuencias de un eventual incumplimiento.

La Habana Vieja. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. El economista también recuerda que en Cuba la vivienda tiene un régimen de protección que impide su embargo, con limitaciones para utilizarla como colateral, salvo determinadas condiciones. Por eso, considera necesario analizar el marco jurídico aplicable antes de extender estos mecanismos a viviendas o inmuebles estatales.

Hay una diferencia sustancial entre movilizar un activo para obtener recursos y comprometer su titularidad ante una obligación financiera. En el caso de un inmueble patrimonial, el problema adquiere una dimensión que supera su valor económico: la pérdida de ese bien puede afectar recursos culturales cuya recuperación y conservación responden a un interés colectivo. La valoración a precios de mercado también merece atención. El valor económico de un edificio no agota su significado histórico, arquitectónico, cultural o social.

Un inmueble puede tener un potencial comercial determinado y, al mismo tiempo, conservar atributos patrimoniales que condicionan los usos y las intervenciones posibles. Por eso, el desafío consiste en evitar que la valoración financiera se convierta en el único criterio para decidir sobre el destino de estos bienes. La protección patrimonial, la titularidad y las condiciones de uso deben formar parte de cualquier evaluación sobre su aprovechamiento económico. ¿Cómo saber si las transformaciones están funcionando? La aprobación de nuevas medidas y la creación de instrumentos institucionales son pasos iniciales, pero no bastan para determinar si las transformaciones producen los resultados esperados.

Su impacto deberá medirse en el tiempo. Al preguntarle qué indicadores permitirían evaluar la implementación en uno o dos años, O’Marrill distingue dos grupos. En una primera etapa, considera que los indicadores monetarios —fundamentalmente el tipo de cambio y la inflación— permitirían observar señales tempranas. Una reducción de ambos sería, en su criterio, indicativa de una evolución favorable.

En un horizonte de uno o dos años, propone prestar atención a los indicadores productivos, especialmente a la producción agropecuaria e industrial, cuyos resultados pueden observarse en los informes trimestrales del producto interno bruto (PIB). Pero sitúa el resultado último en la evolución del salario real. Para el economista, el éxito de las transformaciones debería reflejarse en una mayor capacidad de consumo de los trabajadores, lo que requiere que los salarios crezcan por encima de la inflación. Esto dependerá tanto de la desaceleración de los precios como de una mayor capacidad productiva de las actividades empresariales y presupuestadas para pagar mejores remuneraciones.

En el caso específico de la Oficina del Historiador, las entrevistas permiten identificar otras dimensiones: cuántos inmuebles se recuperan, qué inversiones llegan a concretarse, qué empleos locales generan, qué compromisos sociales y ambientales cumplen y cómo contribuyen a resolver necesidades del territorio. La propia construcción de herramientas de evaluación por parte del grupo negociador apunta en esa dirección. El desafío será convertir esos mecanismos en resultados concretos y demostrar que una mayor apertura económica puede contribuir a recuperar el patrimonio sin debilitar la vida social que da sentido al Centro Histórico. Plaza de San Francisco de Asís.

Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. Capitolio. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. Edificios de la calle Obispo.

Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La Lonja del Comercio. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La Habana Vieja.

Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La Habana Vieja. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La Habana Vieja.

Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. La Habana Vieja. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. En video, Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Especiales Economía Sabor y tradición: Ensalada fría de vegetales y sopa de pepino 6 noviembre 2026 | 1 La Habana Vieja ante el desafío de atraer inversiones sin perder su identidad (+ Video) 6 noviembre 2026 | 4 | Bayamo, 513 años 5 noviembre 2026 | 5 | Vance se distancia de Trump para salvar su carrera hacia 2028 5 noviembre 2026 | 2 | El Siglo de Fidel: “Fidel y ese torbellino cultural llamado Ballet Nacional de Cuba” (+Video) 5 noviembre 2026 | + | ir aEspeciales » Caen Tesla y SpaceX tras revés de los republicanos en elecciones intermedias en EE.UU 6 noviembre 2026 | + | Feria comercial Granma 2026 apuesta por inversiones y nuevos encadenamientos 6 noviembre 2026 | 1 | La Habana Vieja ante el desafío de atraer inversiones sin perder su identidad (+ Video) 6 noviembre 2026 | 4 | Ahorristas protestan en Paraguay por la crisis financiera tras la disolución de Ueno Bank 5 noviembre 2026 | + | Unión Eléctrica estima 1770 MW de afectación en la máxima demanda de este jueves 5 noviembre 2026 | 8 | ir aEconomía »

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