Niño Becerra alerta del impacto de la IA: menos salarios y más desigualdad, también en la industria del coche eléctrico

Niño Becerra alerta del impacto de la IA: menos salarios y más desigualdad, también en la industria del coche eléctrico

Coches Eléctricos Niño Becerra alerta del impacto de la IA: menos salarios y más desigualdad, también en la industria del coche eléctrico El economista cuestiona quién se quedará con los beneficios de la automatización y advierte de sus consecuencias para el empleo, los ingresos y la sociedad. La transformación digital y energética está cambiando la manera de fabricar, utilizar y gestionar los automóviles Gemini Gonzalo García 06/11/2026 12:00 Actualizado a 06/11/2026 12:00 Añadir Híbridos y Eléctricos como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad. Activar ahora El economista Santiago Niño Becerra ha vuelto a cuestionar el optimismo que rodea a la inteligencia artificial.

Aunque reconoce el potencial de esta tecnología para transformar la sociedad, considera que sus posibilidades de contribuir a un modelo económico más equilibrado chocan con un obstáculo mucho más profundo: el propio sistema capitalista y la tendencia humana a acumular riqueza. El catedrático ha recuperado una reflexión del ensayista estadounidense Jeremy Rifkin, a quien reconoce seguir, sobre una forma diferente de entender la inteligencia artificial. En lugar de concentrar los esfuerzos en desarrollar máquinas que puedan superar las capacidades humanas, Rifkin propone concebirla como una “infraestructura cognitiva distribuida”, capaz de ampliar nuestra comprensión de los sistemas naturales y sociales. Los robots industriales asumen cada vez más operaciones en las fábricas de automóviles, mientras cambian las funciones de los trabajadores.

Niño Becerra advierte de más pobreza y desigualdad por la IA El economista considera que sería una idea “preciosa”, pero no cree que pueda llevarse a la práctica dentro del modelo económico actual. Para conseguirlo, sostiene, sería necesario abandonar el capitalismo y avanzar hacia un sistema que entendiese la Tierra como una red de procesos interdependientes. El economista argumenta que la evolución histórica de los últimos 2.000 años ha seguido precisamente la dirección contraria, salvo algunas comunidades pequeñas y de duración limitada. En su opinión, la avaricia y la acumulación forman parte de la genética humana y han alcanzado su máxima expresión con el capitalismo.

Su conclusión es pesimista: no encuentra razones para pensar que esa tendencia vaya a desaparecer en el futuro, ni siquiera ante una revolución tecnológica de la dimensión de la inteligencia artificial. La reflexión del economista no se limita al modelo económico. En otra publicación en su cuenta de X, Niño Becerra ha abordado directamente las consecuencias que la inteligencia artificial puede tener sobre el empleo y los ingresos de los trabajadores. Su argumento parte de una posibilidad: que determinadas actividades profesionales que actualmente necesitan personas puedan realizarse en menos horas gracias a la automatización y a los sistemas de IA.

En principio, trabajar menos tiempo para conseguir el mismo resultado podría interpretarse como un avance de la productividad. Sin embargo, Niño Becerra advierte de que, si esa reducción de horas se traduce también en menos horas remuneradas, los trabajadores recibirían salarios inferiores. Además, disminuirían las cotizaciones sociales y la recaudación fiscal asociada a esas rentas. El resultado que anticipa el economista es un escenario de “más pobreza y más desigualdad”.

No se trata de una consecuencia inevitable de la tecnología, sino del riesgo de que los beneficios derivados del aumento de productividad no se traduzcan en una mejora de las condiciones económicas de la población. La cuestión de fondo es quién se queda con el valor generado por la inteligencia artificial: las empresas que automatizan sus procesos o también los trabajadores que ven modificadas sus funciones y jornadas. La industria del automóvil también entra en esta transformación Este debate tiene una aplicación directa en la industria de la automoción, que está experimentando dos grandes transformaciones simultáneas: la electrificación del transporte y la incorporación de inteligencia artificial a los vehículos y a sus procesos de fabricación. En los coches eléctricos, la IA permite mejorar la gestión de las baterías, ajustar las estimaciones de autonomía y optimizar los ciclos de carga.

También puede coordinar las recargas teniendo en cuenta la demanda de la red eléctrica, la disponibilidad de energía renovable y los precios de la electricidad. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) identifica estas aplicaciones como algunas de las áreas en las que la inteligencia artificial puede aportar mayores beneficios a los vehículos eléctricos. También destaca su papel en los sistemas avanzados de asistencia a la conducción y en el desarrollo de funciones de conducción automatizada. Pero la transformación no se limita al producto final.

Las fábricas de automóviles incorporan cada vez más robótica, análisis predictivo y sistemas inteligentes para controlar la producción, detectar errores y reducir tiempos de fabricación. Esto modifica las necesidades de personal y las competencias profesionales demandadas por los fabricantes. La advertencia de Niño Becerra adquiere aquí una dimensión industrial: aumentar la productividad mediante la automatización no garantiza que las ventajas económicas se distribuyan entre los trabajadores. La expansión de la inteligencia artificial exige grandes infraestructuras informáticas y un suministro eléctrico permanente.

La IA también plantea un nuevo desafío energético Existe otra conexión entre inteligencia artificial y movilidad eléctrica: el consumo de electricidad necesario para mantener en funcionamiento los centros de datos que entrenan y ejecutan estos sistemas. La AIE estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos pasará de unos 485 TWh en 2025 a aproximadamente 950 TWh en 2030. Es decir, prácticamente se duplicará en cinco años y representará alrededor del 3% de toda la demanda eléctrica mundial. En ese mismo periodo, el consumo de los centros específicamente dedicados a la IA se triplicará.

Este crecimiento coincide con la expansión de la movilidad eléctrica, que necesita nuevas infraestructuras de recarga y una mayor capacidad de adaptación de las redes. En España, los turismos eléctricos puros e híbridos enchufables alcanzaron las 225.616 matriculaciones durante 2025, un 94,6 % más que el año anterior y el 19,6 % del mercado. Por primera vez, las ventas de turismos 100% eléctricos superaron las 100.000 unidades, según los datos de ANFAC. La IA puede contribuir a gestionar mejor este nuevo escenario energético, pero también añade demanda eléctrica y exige inversiones en generación, redes y almacenamiento.

La cuestión no es cuánto puede hacer la IA, sino quién se beneficia La reflexión de Santiago Niño Becerra introduce una pregunta que afecta de lleno al futuro de la movilidad eléctrica: ¿la inteligencia artificial servirá para mejorar la eficiencia de la economía y las condiciones de vida o permitirá principalmente que las empresas produzcan más con menos trabajadores y concentren una mayor parte de los beneficios? El automóvil eléctrico representa una oportunidad para transformar el transporte, mientras que la inteligencia artificial puede acelerar su desarrollo y mejorar su integración energética. Sin embargo, ninguna de esas innovaciones garantiza por sí sola una distribución más equilibrada de la riqueza. La advertencia del economista va precisamente en esa dirección.

El progreso tecnológico puede ser enorme, pero sus consecuencias sociales dependerán de cómo se organice la economía y de quién reciba los beneficios de una productividad cada vez mayor. Temas Coches Eléctricos

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