El estadio de Mestalla, una olla a presión para el Real Madrid cada vez que se asoma Vinicius por su césped, sucumbió al buen momento del equipo de José Mourinho, que demostró de nuevo que sin el extremo brasileño es un grupo mucho más redondo, cohesionado y equilibrado. Sin el 7, que ayer cumplía su cuarto y último partido de sanción tras su expulsión contra el Villarreal, el Madrid domó un Valencia desesperado y sobreexcitado, víctima de su cada vez más acuciante crisis. El regreso de Vinicius después del parón de selecciones supondrá la primera prueba de fuego para la gestión de un Mourinho que ha dado definitivamente con la tecla tras unos primeros meses de zozobra juntando en el once a Bernardo Silva, Arda Güler y Diomande y situando a Fede Valverde de lateral derecho. Ahora mismo, no hay motivos futbolísticos para el técnico portugués mantenga el rol de intocable de Vinicius a costa de frenar la expansión de Diomande.
El contraste entre el gran momento que atraviesa Diomande y el bajón en el que está sumido Vinicius desde hace demasiado tiempo quedó constatado con la actuación del costamarfileño en el siempre hostil escenario de Mestalla. Donde todo son grescas, broncas y piques con Vinicius, que se las tiene por igual con rivales, aficionados locales y árbitros, en Diomande todo transmite calma y naturalidad. El 25 del Real Madrid, además, tuvo a Pablo Maffeo como marcador, el gran archienemigo de Vinicius desde los tiempos del carrilero en Mallorca, donde vivieron episodios que dieron la vuelta al mundo. Diomande mantuvo siempre el control de sus emociones y esquivó cualquier bronca a pesar de que los jugadores del Valencia estuvieron toda la noche revolucionados.
Sin Vinicius como diana de todas las iras de la afición , la parroquia de Mestalla la tomó con sus futbolistas y sus dirigentes y también cargó contra Mbappé, al que dedicaron cánticos de “balón de playa” tras provocar la expulsión de Gayà. El efecto Javier Aguirre se ha diluido, el equipo no carbura y la amenaza del descenso es una realidad. Para el Madrid de Mou, y sin Vini, fue otro día en la oficina.