Por Boris Luis Cabrera (Enviado especial) El triunfo por 26-6 devolvió a los antillanos a la pelea en el Grupo B, pero detrás de la abundante ofensiva también hubo historias desde la lomita, decisiones tácticas y lecciones que el cuerpo técnico deberá aprovechar antes de enfrentar mañana al campeón defensor Japón. En declaraciones exclusivas a Prensa Latina, Madruga consideró que, hasta el momento, el trabajo de los serpentineros ha marchado bastante bien y destacó especialmente la entrega de quienes asumieron responsabilidades en el cerrado revés del debut frente a Corea del Sur. «Randy Martinez viene de una lesión en Japón, lleva mucho tiempo sin lanzar y pudo caminar ahí las dos entradas y un tercio», explicó Madruga, satisfecho con la disposición del serpentinero, quien incluso manifestó su voluntad de volver a trabajar frente a los japoneses. Para ese compromiso, el cuerpo técnico tiene previsto administrarle entre 35 y 45 lanzamientos, con la posibilidad de extender su actuación en dependencia de cómo responda durante el partido. La otra cara del análisis estuvo en Riquelmi Odelín, abridor ante Sudáfrica, quien después de dominar los primeros capítulos perdió el control de sus envíos y permitió que los africanos fabricaran un racimo de cinco carreras en el cuarto episodio.
Madruga descartó que el problema estuviera relacionado con un exceso de confianza por la ventaja que había conseguido Cuba y atribuyó el descontrol a la ansiedad que experimentó el lanzador cuando llegó a esa entrada sin permitir anotaciones. «No pudo controlar su estado de ansiedad», reconoció el entrenador, quien explicó que el joven comenzó a presionarse y terminó apartándose de la mecánica que había mostrado durante los primeros episodios. El estratega también señaló que Odelín había llegado al desafío con algunas molestias propias de la adaptación al viaje, los horarios y las exigencias de la preparación, circunstancias que pudieron influir en su desempeño. Su plan inicial contemplaba utilizarlo durante cuatro entradas, pero el aumento de los lanzamientos y las dificultades para encontrar la zona obligaron a modificar la estrategia y recurrir a Lee Andy Plumas, quien terminó el trabajo después de permitir una carrera. El zurdo capitalino consiguió finalmente sacar seis outs y cerrar un capítulo que amenazaba con complicar una victoria que Cuba había comenzado a construir con amplitud.
La ofensiva terminó convirtiendo el encuentro en una paliza de 26-6, con 13 imparables, cinco errores de Sudáfrica y un explosivo sexto episodio de 12 anotaciones, pero para Madruga el resultado también deja enseñanzas sobre el manejo de los brazos jóvenes en una competencia de exigencia mundialista. Ahora el desafío adquiere otra dimensión, pues Cuba tendrá delante a Japón, vigente campeón de la categoría y uno de los principales aspirantes al título, en un enfrentamiento que pondrá a prueba la capacidad de respuesta de su cuerpo de lanzadores. Entre la recuperación de Randy, la lección de Odelín y la necesidad de administrar cada brazo, el entrenador sabe que los batazos pueden resolver una jornada, pero es el pitcheo el que deberá sostener las aspiraciones cubanas cuando el margen de error se reduzca. Porque ante Japón no bastará con volver a lanzar: habrá que demostrar que Cuba también tiene brazos para discutir el Mundial. lam/blc