Detrás del maquillaje, los colores, las bromas y la energía de Pipo existe una historia que comenzó mucho antes de que Roberto Barberena se convirtiera en uno de los payasos más reconocidos de Nicaragua. Este 2026, Pipo celebra 37 años de trayectoria artística, una carrera construida desde el teatro de títeres, la creatividad, la disciplina y, sobre todo, el deseo de hacer reír. Roberto recuerda a través de una entrevista en Estudio TN8, que su vínculo con el arte comenzó desde pequeño. Su formación inicial estuvo relacionada con los títeres y el teatro para niños, una etapa en la que incluso llegó a participar en festivales y actividades artísticas. “Yo soy titiritero”, explicó, al recordar que se formó en la Asociación de Niños Sandinistas y que desde aquellos años ya tenía una fuerte inclinación por crear y experimentar con el arte. “Éramos campeones haciendo títeres, ganábamos todos los festivales que hacía”, recordó.
Pero la historia de Pipo todavía estaba por comenzar. Un personaje que nació por casualidad El nombre Pipo ya acompañaba a Roberto desde su infancia. Según relató, su hermano y un primo comenzaron a llamarlo así cuando tenía aproximadamente cinco años. “Pipo es un abreviado pequeño, además que Pipo se le dicen a los niños en Cuba”; explicó. Sin embargo, pasar de llamarse Pipo a convertirse en el personaje que durante casi cuatro décadas ha hecho reír a generaciones de nicaragüenses fue producto de una circunstancia inesperada.
Después de independizarse y comenzar a trabajar con su propia compañía de teatro de títeres; Roberto también empezó a ofrecer servicios de animación para fiestas infantiles. En una de esas celebraciones faltó el payaso contratado. “Llegamos ese día en una fiesta, faltó un payaso. Y la señora: ‘Ay, ¿qué hacemos?’ Mire, yo puedo pintarme”, relató. Con unas pinturas que llevaba consigo, Roberto se pintó el rostro y salió a animar la fiesta. “Me pinté toda la cara en blanco y empecé a animar.
Desde ese entonces, la gente quedó encantada. Entonces, ¡pa!, se me pintó la chin. Ahí nació”; recordó entre risas. A partir de ese momento comenzó una historia que, 37 años después, continúa vigente.
De las piñatas a una vida dedicada al Payaso Pipo El éxito de Pipo llegó acompañado de una agenda cada vez más demandante. Hubo una época en la que conseguir un espacio para contratarlo no era sencillo. “Había que reservar a Pipo con seis, ocho meses y hasta un año de anticipación”, recordó. Durante aquellos años, las fiestas infantiles y las piñatas se convirtieron en una parte fundamental de su trabajo, al punto de que Roberto recuerda que incluso tenía que organizar con anticipación los períodos de descanso y las vacaciones familiares. Pero más allá del volumen de trabajo, Pipo encontró en el personaje una forma de vida.
Barberena: «Con el payaso he logrado esos sueños» “Realmente he sido dichoso, me he sentido orgulloso de lo que he hecho como payaso”; afirmó. Y agregó que el personaje le permitió cumplir sueños que tenía desde niño, entre ellos viajar, conocer otros países y desarrollar espectáculos propios. “Con el payaso he logrado esos sueños«; aseguró. Para Roberto, el éxito no llegó únicamente por la popularidad del personaje. También fue resultado de una manera de entender el oficio. “Yo soy de la teoría de que hay que darse a querer y en eso está la humildad, el valor de la humildad, la honradez, la honestidad, el compañerismo”; explicó.
Esos son precisamente algunos de los valores que intenta transmitir a los jóvenes que actualmente forman parte de su academia. “No te preocupes por el dinero” Después de 37 años frente al público, el Payaso Pipo tiene claro qué consejo darle a quienes quieren dedicarse al arte de hacer reír. “No te preocupes por el dinero porque eso viene después por añadidura; hace un excelente trabajo para que después te vuelvan a pedir o te recomienden”; aconseja a los nuevos payasos. En su experiencia, la fórmula tiene varios ingredientes: hacer un buen espectáculo, respetar al público y conseguir que quienes contratan el servicio queden satisfechos. “Que la gente quede contenta, que siempre te diga: ‘Me gustó. Bárbaro, te luciste. Eso es lo que yo quería’”, señaló.
Esa filosofía le ha permitido mantenerse vigente durante casi cuatro décadas y convertir el nombre de Pipo en una referencia dentro del entretenimiento infantil en Nicaragua. De Nicaragua hacia escenarios internacionales Además, el personaje también ha trascendido las fronteras. Roberto ha participado en encuentros internacionales y mantiene vínculos con payasos de distintos países de Latinoamérica. Durante la entrevista recordó experiencias en España y Guatemala, además de sus relaciones con colegas de México, Argentina, Costa Rica, El Salvador, Perú y otros países. “Hay un reconocimiento, un respeto”; afirmó al hablar de la presencia que ha conseguido Pipo dentro del gremio internacional.
Ese reconocimiento también se ha traducido en invitaciones para representar a Nicaragua en eventos fuera del país. Su trayectoria internacional incluye participaciones en encuentros del gremio de payasos y, en octubre, tiene previsto viajar a Perú como embajador en el evento Festiyaso. “Yo ahí estaré presente para representar primeramente a mi país a mucho orgullo”; manifestó. TN8 ya había documentado en 2025 su participación en el Festiyaso Internacional de Lima, donde representó a Nicaragua y compartió con payasos y artistas de diferentes países de América. El legado que quiere dejar el Payaso Pipo A sus 37 años como Payaso Pipo, Roberto ya no piensa únicamente en continuar presentándose.
Uno de sus principales objetivos es fortalecer la academia que lleva su nombre y preparar a las nuevas generaciones. Actualmente trabaja con un grupo de entre 15 y 18 jóvenes y busca incorporar a más personas interesadas en aprender el arte de la payasería. La formación incluye pintacaritas, globoflexia, malabares, magia y otras herramientas para desarrollar espectáculos infantiles. “Pretendemos meter más muchachos que quieran aprender el arte de la payasería”; explicó Pipo. También trabaja en la posibilidad de incorporar talleres internacionales para ampliar la preparación de los nuevos artistas.
Así, el hombre que comenzó como titiritero y terminó encontrando accidentalmente al payaso que llevaba dentro, ahora busca que otros puedan encontrar su propio camino dentro de este oficio. Roberto detrás del Payaso Pipo Una de las particularidades de esta historia es que Roberto y Pipo, aunque son inseparables; no son exactamente la misma persona. Roberto se describe como alguien más tranquilo, que disfruta pasar desapercibido cuando no lleva el maquillaje. Pipo, en cambio, es todo lo contrario. “Cuando ya estamos aquí vestidos, cuando vamos nos sentimos más suelto, más libre”, explicó.
La diferencia se hace evidente cuando sale a la calle caracterizado. “Cuando voy de Pipo donde sea, todo el mundo está: ‘Ay, una foto’”; contó. Y hay algo que, asegura, procura no olvidar: nunca negarle una fotografía a quien se la pide. “No puedes negarle una foto a alguien, a nadie. Para mí eso es algo muy, muy importante”; afirmó. Un aniversario que marca una trayectoria de vida El aniversario no representa para Roberto un punto final, sino otra etapa.
Actualmente prepara diferentes actividades para celebrar sus 37 años, incluyendo presentaciones, encuentros con colegas y actividades dirigidas a las familias. También continúa trabajando en el crecimiento de su academia y en nuevos proyectos relacionados con el mundo de la payasería. Después de casi cuatro décadas, la respuesta a la pregunta de si volvería a escoger este camino parece estar clara. “Si vuelvo a nacer, volvería a nacer, volvería a ser payaso”; aseguró. Y esa quizá sea la mejor manera de resumir la historia de Roberto Barberena: un niño inquieto que comenzó haciendo títeres, que encontró casi por accidente el rostro de Pipo y que 37 años después continúa encontrando en el escenario una razón para seguir haciendo lo que más disfruta. “Ser así, siempre positivo, alegre, al mal tiempo buena cara”; aconsejó finalmente.