Tim Cook se despide de la primera línea de Apple quince años después de recoger el testigo de Steve Jobs, en una de las sucesiones más delicadas de la historia reciente de la tecnología. John Ternus, hasta ahora responsable de hardware, tomará el relevo como CEO el 1 de septiembre, mientras Cook pasa a la presidencia ejecutiva del consejo en una transición planificada durante años. Cook llegó a la cúpula en agosto de 2011, cuando Steve Jobs, ya muy deteriorado de salud, renunció al cargo pocos meses antes de su fallecimiento. Hasta entonces era el hombre de operaciones: el ejecutivo que había afinado la cadena de suministro y las fábricas asiáticas para que el iPhone llegara puntualmente a las tiendas.
Aquella Apple valía en torno a 350.000 millones de dólares en bolsa y vivía todavía de un puñado de productos: el Mac, el iPod y un iPhone que apenas tenía cuatro años en el mercado. Quince años después, Cook entrega una empresa valorada en alrededor de 4 billones de dólares, con unos ingresos anuales que se han multiplicado por más de cuatro y un catálogo que toca entretenimiento, salud, servicios financieros, realidad mixta y la nube. Hitos de la era Cook Multiplicar el negocio del iPhone y crear un segundo pilar Bajo Cook, el iPhone pasó de ser un producto estrella a convertirse en un negocio de más de 210.000 millones de dólares anuales, responsable de casi la mitad de la facturación de Apple. Pero el gran movimiento fue evitar que todo el edificio dependiera solo de ese dispositivo: la compañía levantó un bloque de servicios —Apple Music, iCloud, TV+, Arcade, Apple Pay— que hoy se valora en más de 100.000 millones de dólares y genera ingresos recurrentes.
Esa combinación de hardware y servicios consolidó un ecosistema del que resulta difícil salir, algo que los mercados premiaron con una capitalización récord y márgenes envidiables. La década de los “wearables”: Apple Watch, AirPods y compañía Si el iPhone fue el legado de Jobs, la era Cook quedará asociada al Apple Watch, los AirPods y el resto de la familia de dispositivos “para llevar puestos”. El reloj, presentado en 2015, convirtió a Apple en actor central en salud y fitness, con funciones como el electrocardiograma o la detección de caídas. Los AirPods, lanzados un año después, redefinieron el mercado de auriculares inalámbricos y se convirtieron en uno de los productos más reconocibles de la marca.
A estos se suman el altavoz HomePod y el visor de realidad mixta Vision Pro, este último con una acogida tibia desde su estreno en 2024 pero clave para entender las apuestas de Apple en realidad extendida. La transición a Apple Silicon Uno de los movimientos técnicos más importantes de estos quince años ha sido la ruptura con Intel y el salto a procesadores diseñados por Apple. La transición a Apple Silicon dio lugar a chips como el M1 y sus sucesores, que han cambiado la percepción del Mac en rendimiento y eficiencia energética. Esa apuesta tiene una derivada directa en la moda actual: muchos desarrolladores y aficionados utilizan Mac mini y MacBook como máquinas para cargas de IA en local, aprovechando el rendimiento por vatio de estos chips frente a portátiles x86 tradicionales.
Crecer en plena tormenta: pandemia, guerras comerciales y regulación La etapa Cook no ha sido un camino despejado. Apple ha tenido que capear la pandemia de COVID‑19, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la presión regulatoria en Estados Unidos y Europa sobre App Store, privacidad y competencia. En ese contexto, Cook —uno de los ejecutivos abiertamente gais más visibles del mundo— se vio obligado a mantener un delicado equilibrio con la administración de Donald Trump para preservar la cadena de suministro, pese a choques políticos y a la deriva conservadora del Partido Republicano en temas sociales. Aun así, Apple consiguió mantener su producción y reforzar su imagen de marca “estable” frente a los vaivenes del sector.
Un estilo de gestión distinto al de Jobs A Cook no se le ha visto como un visionario al estilo de su predecesor, sino como un gestor metódico, centrado en operaciones y en la explotación cuidadosa de cada línea de producto. Analistas y veteranos de la compañía describen su liderazgo como consensuado, muy apoyado en el comité ejecutivo, en contraste con la figura más centralizada de Jobs. Esa forma de dirigir permitió una expansión global ordenada y estable, pero también ha alimentado críticas sobre un exceso de gradualismo: voces dentro y fuera del mercado consideran que Apple ha caído en la tentación de las mejoras incrementales, especialmente en el iPhone, sin mostrar con claridad cuál será el siguiente gran salto. Luces y sombras al cierre de etapa La fotografía que deja Cook es contundente: Apple se convierte en la primera compañía en rozar los 4 billones de dólares de valoración, con ingresos por encima de 400.000 millones anuales y presencia en más de 200 países.
Sin embargo, el balance no es solo cuantitativo. En los últimos años han crecido las dudas sobre cómo piensa Apple competir en inteligencia artificial, un terreno donde rivales como Microsoft, Google u OpenAI se han movido con más rapidez. Siri, que llegó a dominar la conversación sobre asistentes de voz, ha quedado relegada frente a las nuevas generaciones de modelos conversacionales, y los inversores reclaman una respuesta más clara. El propio Vision Pro, uno de los grandes lanzamientos de la etapa final de Cook, ha tenido dificultades para encontrar su sitio en el mercado, lo que refuerza la sensación de que Apple aún no ha dado con “el próximo iPhone”.
Este es el contexto en el que se produce el relevo. John Ternus, el nuevo hombre al mando El encargado de tomar el testigo será John Ternus, hasta ahora vicepresidente sénior de ingeniería de hardware. Lleva más de 20 años en Apple: entró en 2001 en el equipo de diseño de producto y ha participado en prácticamente todas las grandes familias de dispositivos, desde el iPad hasta las últimas generaciones de iPhone, Mac y Apple Watch, pasando por los AirPods. En 2021 dio el salto al staff ejecutivo como responsable máximo de hardware, y ahora pasa a ser el octavo CEO en la historia de Apple, tras una sucesión aprobada por unanimidad por el consejo, fruto de un proceso de planificación a largo plazo.
Cook seguirá en la empresa como presidente ejecutivo, con un papel centrado en la relación con reguladores y responsables políticos, lo que garantiza continuidad en la relación con gobiernos y autoridades. Ternus llega con fama de “product person”: un ingeniero de producto con sensibilidad por el diseño y los materiales, y un estilo de liderazgo que, según fuentes internas, sería más directo y menos orientado al consenso que el de Cook. Los retos que hereda Ternu Encontrar la “post‑iPhone era” sin perder el presente El iPhone se acerca a los 20 años y sigue siendo la mina de oro de Apple, pero también su mayor riesgo. Ternus tendrá que mantener la salud de esa línea —con movimientos como el primer iPhone plegable, previsto para esta década— al tiempo que impulsa nuevos dispositivos capaces de sostener el crecimiento a largo plazo.
Vision Pro, el ecosistema de realidad mixta y posibles nuevos productos de salud serán pruebas decisivas. Recuperar terreno en inteligencia artificial Uno de los puntos más repetidos entre analistas es la necesidad de que Apple aclare su estrategia de IA. La compañía prepara una profunda renovación de Siri y nuevas funciones de IA integrada en iOS y macOS, pero llega tarde a un debate que dominan otros actores. Ternus deberá encontrar el equilibrio entre preservar la privacidad —una de las señas de identidad de Apple— y ofrecer experiencias que no se queden detrás de ChatGPT, Gemini y compañía.
Mantener el músculo financiero sin caer en el inmovilismo Con ingresos casi cuadruplicados y márgenes envidiables, la tentación de seguir explotando el modelo actual es grande. El nuevo CEO tendrá que sostener esa maquinaria —especialmente la rentable división de servicios— sin renunciar a apuestas arriesgadas que puedan tardar años en dar frutos. La presión de los mercados por seguir devolviendo enormes cantidades de efectivo a los accionistas añade otra capa de complejidad. Reconfigurar la cadena de suministro en un mundo más tenso Apple sigue dependiendo en gran medida de China para fabricar sus productos, aunque en los últimos años ha empezado a diversificar hacia India y el sudeste asiático.
Ternus hereda la tarea de mantener esa cadena funcionando en un contexto geopolítico volátil, con tensiones comerciales recurrentes y un escrutinio creciente sobre las condiciones laborales y medioambientales de los proveedores. Gestionar el relevo generacional en la cúpula El cambio de CEO no llega solo. Con Ternus al frente, Johny Srouji asciende a chief hardware officer para supervisar todo el hardware de la compañía, y Arthur Levinson pasa a ser consejero independiente principal del consejo. Mantener cohesionado ese equipo, retener talento clave y seguir alimentando la cantera interna será esencial para una Apple que ha preferido históricamente promocionar desde dentro antes que fichar grandes nombres externos.
Defender el modelo de negocio ante los reguladores El último gran frente será regulatorio. Apple está bajo la lupa por el control de su tienda de aplicaciones, por las comisiones que cobra a los desarrolladores y por cómo integra sus servicios en sus dispositivos. Cook ha sido la cara visible frente a Bruselas y Washington; Ternus tendrá que asumir gradualmente ese papel, con un entorno político menos predecible y una regulación tecnológica cada vez más exigente. Tim Cook deja Apple como una de las compañías más poderosas del planeta, con un legado de estabilidad y expansión difícil de discutir.
Pero también entrega un tablero lleno de preguntas: qué vendrá después del iPhone, cómo se integrará la inteligencia artificial en productos y servicios, y hasta dónde puede seguir creciendo una empresa de 4 billones de dólares sin perder su capacidad de sorprender. John Ternus tendrá que empezar a responder a todas ellas desde su primer otoño al frente de Cupertino.