Una empresa dice haber aumentado la lluvia en Alaska usando apenas dos drones

Una empresa dice haber aumentado la lluvia en Alaska usando apenas dos drones

Modificar el clima para conseguir lluvia parece una idea propia de la ciencia ficción, pero una empresa estadounidense asegura haber dado un paso importante para convertirla en una tecnología mucho más precisa. Rainmaker Technology Corporation afirma haber generado alrededor de 19 millones de galones de precipitación adicional utilizando drones para sembrar nubes sobre Alaska. El experimento se realizó el 23 de agosto en la península de Kenai, durante un período de baja presión sobre el golfo de Alaska. Según los datos publicados por la propia compañía, siete vuelos coordinados dejaron señales detectables mediante radar que posteriormente fueron utilizadas para calcular aproximadamente 57,6 acre-pies de precipitación adicional.

Eso equivale, de acuerdo con Rainmaker, a unos 19 millones de galones de agua producidos en apenas tres horas. Los drones llevaron yoduro de plata hasta las nubes La técnica utilizada se conoce como siembra glaciogénica de nubes y no es nueva. Se estudia desde mediados del siglo XX y consiste en introducir partículas capaces de favorecer la formación de cristales de hielo dentro de determinadas nubes. Rainmaker empleó yoduro de plata, un compuesto cuya estructura puede funcionar como núcleo alrededor del cual se congela el agua superenfriada presente en una nube.

Para hacerlo, la empresa utilizó dos drones, identificados como EL-151 y EL-153, que realizaron varios vuelos entre las 6:38 y las 9:33 UTC. © S3 | Science, Startups, & Stories Youtube. En conjunto liberaron 19 bengalas que contenían aproximadamente 374 gramos de yoduro de plata. Los primeros vuelos se realizaron a unos 3,6 kilómetros de altitud y posteriormente los drones ascendieron hasta aproximadamente 4,2 kilómetros. Allí encontraron temperaturas próximas a los -10 °C, elevada humedad y gotas de agua que permanecían líquidas pese a estar por debajo del punto de congelación. ¿Cómo saber si esa lluvia no habría caído igualmente?

Ese es precisamente uno de los grandes problemas históricos de la modificación artificial del clima. Durante el experimento ya existía precipitación natural débil sobre Alaska, por lo que los investigadores necesitaban diferenciarla del posible efecto provocado por los drones. Rainmaker recurrió al radar meteorológico PAHG NEXRAD y buscó patrones que aparecieran después de cada liberación de yoduro de plata. El análisis encontró siete posibles “firmas de siembra”, que comenzaron a observarse entre 17 y 40 minutos después de las operaciones y pudieron seguirse durante períodos de entre 42 y 98 minutos.

Algunas llegaron a extenderse por superficies superiores a 40 kilómetros cuadrados. A partir de 27 estimaciones diferentes, la compañía calculó una media de 57,62 acre-pies de precipitación atribuible a la intervención. No significa que los drones puedan crear lluvia de la nada La propia empresa reconoce una limitación fundamental: la tecnología necesita que las nubes adecuadas ya existan. Los drones no fabrican agua ni pueden provocar una tormenta en un cielo completamente despejado.

La siembra funciona intentando aumentar la precipitación dentro de sistemas atmosféricos que ya contienen suficiente humedad y agua superenfriada. Además, los resultados publicados por Rainmaker todavía no fueron revisados por pares ni validados de manera independiente, por lo que deben considerarse una prueba de concepto y no una demostración definitiva. La startup quiere llevar la tecnología a regiones con sequía Rainmaker planea continuar probando el sistema durante la próxima temporada invernal y mejorar la precisión con la que los drones pueden alcanzar regiones específicas de las nubes. Su objetivo final es utilizar esta tecnología en zonas sometidas a fuerte estrés hídrico, entre ellas la cuenca del río Colorado y la región del Gran Lago Salado.

Si los resultados pueden reproducirse y verificarse independientemente, los pequeños drones podrían cambiar la manera en que se realiza la siembra de nubes. En lugar de utilizar únicamente aviones tripulados , sería posible enviar vehículos autónomos directamente hacia las condiciones atmosféricas más favorables. Por ahora, la cifra de 19 millones de galones resulta llamativa, pero queda una pregunta esencial: cuánto de esa lluvia fue realmente provocado por los drones y cuánto habría caído de todas formas. Fuente: Wired.