Breves impresiones de Star Wars Galactic Racer tras jugar una mítica carrera de vainas en Gamescom 2026. El juego ya se ha convertido en uno de mis grandes deseados del año. Las carreras de vainas son lo mejor de la trilogía de precuelas (junto con el himno Duel of the Fates y el diseño de los clones que ahora triunfan en Star Wars Zero Company) y claro está que este invento tenía que aprovecharse con juegos como Star Wars Galactic Racer. Ya se hizo en el pasado con Star Wars Episode I: Racer (recientemente remasterizado) y Star Wars: Racer Revenge, pero ahora Fuse Games ha decidido que esta... vaina tiene que acelerar más.
El estudio formado por los creadores de Burnout ha tejido la destructiva fórmula de conducción arcade de la saga con el legado de los juegos antes citados. De ese experimento ha nacido Star Wars Galactic Racer, un heredero espiritual que pude probar en Gamescom tras haberme puesto los dientes largos durante meses. Solo he disputado una carrera, pero por Ben Quadinaros que puedo decir que este título pinta infalible y tremendamente adictivo; de esos juegos que son diversión pura. Star Wars Galactic Racer: esta vaina me gusta Tras un tutorial en el que pilotabas un skim speeder, una moto deslizadora, un deslizador terrestre y una podracer (vaina); el juego te permitía participar en la carreras de carreras, la Clásica de Boonta Eve, la mítica prueba que tuvo lugar en el Episodio I en Mos Espa, Tatooine.
Obviamente, escogí al único, al inigualable Sebulba y su Split-X Mammoth, la inconfundible vaina del veterano piloto. Inmediatamente arrancó la carrera y el vehículo surcó las arenas del planeta, mi mente retrocedió en el tiempo hasta cuando no era más que un crio que jugaba a uno de los títulos más icónicos de la saga Star Wars. La sensación de velocidad me hizo revivir uno de mis traumas "videojueguiles" más recordados. Hablo del cuarto nivel del Episodio 1 de LEGO Star Wars: The Video Game, el juego de 2005.
La carrera de Mos Espa era completamente diferente a las fases de plataformas y combate que tenía el juego... Era un infierno en el que me quedé atascado durante varios días por su endiablada velocidad. Moría una y otra vez. La vaina de Anakin estallaba en mil pedazos porque siempre se escapaba a mi control.
Chocaba por las paredes, los disparos de los Tusken me desequilibraban, los turbos eran demasiado para mí, me colaba en los baches del terreno... Ese nivel resultó ser tremendamente frustrante, pero lo recuerdo con infinito cariño porque también se estableció como uno de los primeros grandes desafíos que experimenté como jugador. Y cuando volví a vivir eso mismo en Star Wars Galactic Racer, una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi rostro. La sensación de ir volando a 700 km/h entre los estrechos cañones y las endiabladas curvas era genuina.
La vaina reverberaba con ese indescriptible sonido que ya ha pasado a la historia entre los fans. Los giros e impactos transmitía una gran inmersión y el detallado apartado gráfico te metía de lleno en la acción. De hecho, decidí homenajear a mi yo del pasado estrellando la vaina un par de veces, pero también me llevé por delante a varios rivales. En ese sistema de impactos, y en la cámara lenta que se recrea en los accidentes, es donde más sale a la luz la identidad Burnout.
Reventar a otros corredores es tremendamente satisfactorio, aunque la recuperación de la perspectiva puede llegar a marear un poco. El juego muestra el impacto de las naves rivales incluso si se han quedado por detrás tuya, por lo que el viraje de la cámara para recuperar la visión de tu vehículo es algo extraña y pese a que aquí el juego pone el piloto automático durante una décima de segundo, basta para despistarte. No obstante, es una pequeña pega en un mar de buenas decisiones. Hay pequeñas mecánicas que refrescan la fórmula de las carreras, como que los arranques te permiten ejecutar un pequeño QTE que, de completarse, te hace ganar más aceleración o que cada vaina cuenta con una habilidad propia.
Sebulba, claro está, llevaba un lanzallamas que achicharraba a los pilotos que se ponían a rebufo. El hecho de que ganara por apenas centésimas con un adelantamiento in extremis sumó bastante, no voy a mentir, pero creo que Star Wars Galactic Racer lleva por bandera una fórmula que tiene todo para convertirse en uno de los juegos más disfrutones del año. Es solo una carrera, apenas me acuerdo del trazado del circuito, pero ha sido como volver a ver por primera vez la mítica carrera de la película. Queda por ver cómo será el juego completo, su escala y contenido, pero una cosa está clara... "Now, this is podracing".