El CERN tenía más de 2.000 ordenadores perfectamente funcionales camino de la jubilación anticipada. El problema parecía millonario y complejo, pero la solución estaba en un lugar mucho más simple

El CERN tenía más de 2.000 ordenadores perfectamente funcionales camino de la jubilación anticipada. El problema parecía millonario y complejo, pero la solución estaba en un lugar mucho más simple

Hay una forma especialmente frustrante de que un ordenador se quede viejo : que no tenga nada roto. El procesador funciona y el equipo podría seguir trabajando durante años. El problema aparece cuando el software deja de admitirlo. En el CERN , ese fenómeno amenazaba con afectar a una pieza crítica de sus aceleradores: los llamados Front-End Computers , encargados de comunicarse con la electrónica de control.

El complejo cuenta con unos 2.200 de estos ordenadores y alrededor de 17.000 dispositivos asociados . Cerca de 70.000 cables conectan equipos y computadores. Sustituir una máquina aquí no siempre consiste en desenchufar una torre y colocar otra. El problema no estaba en las máquinas © CERN.

Durante años, el CERN se ha movido dentro del ecosistema de Red Hat y pretendía continuar ese camino con CentOS Stream . Hasta que apareció un obstáculo difícil de esquivar: los requisitos mínimos del procesador. RHEL 9 exige como base x86-64-v2, mientras que RHEL 10 ha elevado ese requisito hasta x86-64-v3 . Son niveles que establecen qué conjunto mínimo de instrucciones debe soportar una CPU para poder ejecutar el sistema.

Para una infraestructura diseñada para durar décadas, el cambio era enorme. El análisis de riesgo realizado por el CERN en 2023 estimó que aproximadamente el 47% de sus ordenadores de control estaba en el nivel x86-64 original y quedaba por debajo del mínimo de RHEL 9. Otro 17% estaba en x86-64-v2 y chocaría después con RHEL 10. Máquinas que podían seguir haciendo exactamente aquello para lo que fueron instaladas empezaban así a quedarse obsoletas no por una avería física, sino por el nuevo suelo establecido por el software .

La alternativa costaba 5,4 millones de francos © CERN. El CERN calculó entonces qué supondría modernizar el hardware afectado. La estimación alcanzó los 5,4 millones de francos suizos . Y comprar ordenadores era solo una parte.

Habría que rediseñar unas 11 placas, incorporar dos ingenieros electrónicos, dos ingenieros de software y dos técnicos, reorganizar y recablear racks y volver a poner en servicio los sistemas afectados. El propio análisis concedía a ese escenario una tasa de éxito estimada de apenas el 20%, incluso asumiendo soluciones libres de errores. Ahí cambió la estrategia. Si el hardware seguía funcionando y el problema había nacido del software, v optaron por lo que ellos mismos describieron como una “solución de software para un problema de software”.

La respuesta fue Debian. Debian 13 permitirá estirar su vida útil © CERN. El CERN decidió trasladar estos ordenadores de control a Debian, una distribución que mantiene compatibilidad con parte de ese hardware más antiguo y que encaja mejor con los largos ciclos de vida que necesita la infraestructura de los aceleradores. La migración tampoco consiste simplemente en instalar otro Linux.

El equipo ha tenido que adaptar herramientas para construir y distribuir paquetes, gestionar controladores propios del kernel y mantener componentes específicamente diseñados para el entorno del CERN. El cambio ya está en marcha. Los ingenieros explicaron el 30 de agosto que decenas de máquinas con Debian ya estaban funcionando en el complejo y que el objetivo es que, antes de terminar 2026, más de 2.200 ordenadores industriales y sistemas embebidos funcionen con Debian 13. Debian confirmó posteriormente ese calendario.

Eso no significa que todo el CERN abandone Red Hat. Debian tendrá soporte específicamente en los sistemas Front-End de los aceleradores; los ordenadores de usuario y las máquinas de los centros de datos quedan fuera de ese plan. Al final, una de las infraestructuras científicas más complejas del mundo se encontró con un problema sorprendentemente cotidiano: hardware que todavía servía, pero software que había decidido seguir adelante sin él. Esta vez, en lugar de jubilar las máquinas, el CERN decidió cambiar el software .