Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos. Nintendo, Capcom, SEGA, Bandai Namco, Square Enix o Konami no paran de lanzar juegos de calidad en mitad de una crisis internacional. ¿Es Japón el faro que brilla en la oscuridad? Jugando con calma a Onimusha: Way of the Sword en Nintendo Switch 2 he estado notando ciertas conexiones jugables y de diseño con la saga Monster Hunter. Lo aventura samurái de Capcom recoge mucho de las cacerías que han elevado a la desarrolladora a un nuevo nivel.
Enemigos con ataques sospechosamente similares, la motricidad y el peso de Musashi, la interfaz o ciertas formas de progreso revelan que este Onimusha tiene mucho de Monster Hunter. ¿Es reciclaje? Tal vez. ¿Lo veo como algo negativo? Ni por asomo. Es más, este punto de unión me ha gustado porque sirve para revelar que en Capcom van todos a una y que la compañía ya consta de un sello jugable reconocible, de una identidad, que la define dentro de la industria, pese a que sus grandes sagas sean muy diferentes.
Esta imagen de marca no se consigue así como así. Capcom ha crecido una absoluta barbaridad en los últimos años y la considero como la desarrolladora más en forma en un momento en donde el sector del videojuego parece estar cayéndose a pedazos. Y es que, mientras unos lanzan cuatro o cinco juegos excelentes en un año, otros cancelan proyectos, realizan despidos, cierran estudios o emprenden políticas más que cuestionables. La brecha entre Occidente y Japón en el mundo del videojuego es más que palpable.
Las compañías japonesas están cargando con los éxitos del videojuego a nivel internacional Nintendo y sus más de 15 exclusivos en menos de dos años desde el lanzamiento de Switch 2 también ejemplifican esta realidad. Splatoon Riders, Yoshi and the Mysterious Book o los próximos Zelda Ocarina of Time Remake, Metroid Ravenous o Sports Resort son una prueba más. SEGA disfruta del éxito de Yakuza (próximamente Stranger than Heaven) y de Atlus con sus remakes de Persona. Square Enix, pese a algún que otro bandazo, tiene Final Fantasy VII Revelation o juegos tan interesantes como The Adventures of Elliot.
Konami se ha apoyado en estudios internacionales, pero ha lanzado cuatro juegos de Silent Hill en cuatro años y va a revivir Castlevania. Bandai Namco continúa dando apoyo a cantidad de IPs como Dragon Ball o sagas como Tekken. Y, aparentemente, no hay despidos, solo una corriente ascendente de juegos de gran calidad que elevan el contraste cuando miras al otro lado del globo y ves juegos como servicio cancelados, compañías que despiden a sus trabajadores el mismo día en el que lanzan su juego (Doom o los creadores de Star Wars Zero Company), el abandono del formato físico por parte de Rockstar con GTA 6, el cierre de estudios de Xbox y miles de despidos en Microsoft, la compra de EA y su integración en un fondo saudí, el delicado estado de Ubisoft... Y luego está PlayStation (mi compañero Alberto Lloret ha publicado un fantástico texto en donde resume las inexplicables políticas que está llevando a cabo la empresa), una marca perteneciente a una Sony que ha renegado de sus raíces japonesas matando a Japan Studio o incluso renunciando a uno de sus históricos, Hideo Kojima, un símbolo nipón de prestigio que cimentó las bases del éxito de la empresa.
Pequeño paréntesis para señalar que no deja de ser irónico que Astro Bot, el ganador del GOTY de 2024, exclusivo de PS5, tenga como desarrolladora a Team Asobi, estudio nacido de las entrañas de Japan Studio en 2012 y que ahora opera en Tokio. ¿Qué está ocurriendo en Japón? ¿Entonces? ¿Por qué unos se derrumban y otros no? No es que Japón se haya convertido en un oasis dentro del sector (de hecho varias compañías ha realizado recortes o han reajustado estrategias), pero la forma de afrontar las crisis es muy diferente. A mi mente viene Satoru Iwata, eterno de Nintendo, cuando se redujo el sueldo por los problemas de ventas que tuvo la compañía hace más de una década. No obstante, esto, lejos de ser una anécdota recurrente, ejemplifica muy bien cómo es la cultura empresarial japonesa.
Los trabajadores y desarrolladores nipones tienen una cobertura mucho más férrea y gozan de unas garantías más estables. Por decirlo de alguna manera, "cuesta" mucho más despedir a alguien en Japón. De hecho, cuando una empresa desea prescindir de un empleado, a este se le suele "animar" a irse por su propia voluntad dejándole sin tareas, incluso aunque esté cobrando un sueldo durante un tiempo. No obstante, no todo depende de la legislación.
Esa cultura japonesa moldea mucho la manera en la que se afronta una crisis. Mientras que en Occidente, cuando se ve las cifras no cuadran, lo primero que se hace es despedir a quemarropa, en Japón se aguanta porque se valora la estabilidad y la longevidad de los trabajadores en una misma empresa. Si hay que capear un temporal, quizá sea mejor tener a gente con experiencia para remar en vez de quedarte tu solo en la barca. Históricos de este medio como Shuhei Yoshida o Hideki Kamiya lo han dejado claro (tal y como recogen trabajos de investigación como el de Alanah Pearce o entrevistas con VGC).
Sin ir más lejos, el creador de Bayonetta señalaba que las editoras niponas ofrecen una "cultura del desarrollo más cercana y tienden a ser más comprensivas". Esto me lleva de nuevo a Onimusha y en su relación con Monster Hunter. Que dos sagas de la misma compañía se entrelacen y tomen ideas y bases conceptuales la una de la otra demuestra que en Capcom hay equipos con experiencia, que conocen el desarrollo, los planes y la progresión que han ido llevando todos los proyectos de la desarrolladora. Hay cohesión, unión y un objetivo común que acaba por forjar juegos de gran calidad.
El organigrama es compacto. Otro ejemplo claro de esa manera de sobreponerse a los problemas es Pragmata. Por un tiempo, este título parecía destinado a cancelarse, pero incluso con numerosos retrasos, acabó saliendo al mercado unos años después para ser valorado extremadamente bien por prensa y jugadores. Ya ha vendido 2,5 millones de copias.
De momento, Japón parece estar aguantando las embestidas de una crisis que se ha llevado a por delante decenas de miles de puestos de trabajo en apenas cuatro años. Sin embargo, el país no está libre de problemas... El productor de SEGA, Taira Nakamura, o el presidente de CyberConnect2, Hiroshi Matsuyama, lanzaban este año (vía Automaton y Twitter) un mensaje que arroja luz sobre uno de los síntomas de esta crisis internacional. En Japón no se despide, pero tampoco se contrata.
Solo un 1,9% de los jóvenes que intentan acceder a las grandes desarrolladoras y empresas niponas relacionadas con el videojuego acaba encontrando un puesto de trabajo. Que no se busque ampliar plantillas puede llegar a significar que en el país se empiezan a desarrollar políticas de austeridad. Un nuevo aspirante se aproxima Temo que esto acabe derivando en más problemas y si la cuna del videojuego termina cediendo a la crisis, toda la industria se tambaleará. No obstante, parece que ya hay un aspirante a reclamar el trono si el rey cae.
China ya ha iniciado su ofensiva. El gigante asiático quiere convertirse en ese nuevo referente, en Gamescom quedó muy claro. Y es que, precisamente, el ex de PlayStation, Shuhei Yoshida, era cristalino en una entrevista con 4Gamer. La industria de desarrollo de videojuegos china está atacando directamente al "único" problema que Japón tiene ahora mismo, esa falta de contrataciones.
Compañías como Hoyoverse están realizando contrataciones masivas para elevar la producción hasta niveles con los que es imposible competir. Veremos en unos años, pero el éxito de juegos como Black Myth Wukong podría haber desencadenado un cambio de estatus en donde Japón puede dejar de ser ese faro en mitad de la oscuridad.