La NASA llevó al hombre a la Luna, pero años después vendió parte de su memoria como excedente. Un becario pagó 217 dólares por 1.150 cintas y tres acabaron valiendo 1,82 millones

La NASA llevó al hombre a la Luna, pero años después vendió parte de su memoria como excedente. Un becario pagó 217 dólares por 1.150 cintas y tres acabaron valiendo 1,82 millones

En 1976, Gary George no estaba intentando comprar un pedazo de la historia de la exploración espacial. Ni siquiera estaba buscando recuerdos del Apollo 11 . Era un estudiante de ingeniería que había pasado por el Johnson Space Center de la NASA y que acudía a las subastas de excedentes del Gobierno estadounidense. Aquel año pagó exactamente 217,77 dólares por un lote de alrededor de 1.150 cintas magnéticas que la agencia ya no necesitaba.

Su idea era mucho menos romántica: venderlas a estaciones de televisión para que grabaran encima. Entonces su padre vio tres etiquetas. “APOLLO 11 EVA | July 20, 1969”. Le sugirió que esas tres no las vendiera. Fue probablemente uno de los consejos más rentables de la historia del almacenamiento: décadas después, aquellos rollos acabarían subastándose por 1,82 millones de dólares.

Las tres cintas sobrevivieron porque alguien decidió no borrarlas © Sotheby’s. George había comprado material que, visto desde 1976, tenía mucho más valor como soporte reutilizable que como archivo histórico. Entre el lote había decenas de cintas profesionales Ampex de dos pulgadas. Algunas fueron vendidas, otras donadas y muchas acabaron desapareciendo.

Pero su padre reparó en las tres relacionadas con Apollo 11 y convenció a George de conservarlas. Durante décadas permanecieron prácticamente olvidadas. La historia cambió en 2008, cuando George supo que la NASA llevaba años intentando localizar las grabaciones originales del primer paseo lunar. El problema era que reproducir sus rollos tampoco resultaba sencillo: el formato Quadruplex necesitaba máquinas profesionales de otra época.

Finalmente fueron reproducidos con equipos especializados. Allí estaban Neil Armstrong descendiendo del módulo lunar, Buzz Aldrin pisando la superficie, la colocación de la bandera y otros momentos de la actividad extravehicular del 20 de julio de 1969. En total, conservaban aproximadamente dos horas y 24 minutos de imágenes. Sothebys las catalogó posteriormente como grabaciones NASA de primera generación de la actividad lunar y estimó su valor entre uno y dos millones de dólares.

Había una trampa: no eran las famosas cintas originales que perdió la NASA © Sotheby’s. La distinción es importante porque existen dos historias que durante años se mezclaron. La cámara instalada en el módulo lunar enviaba desde la Luna una señal de televisión de barrido lento que no era compatible con los televisores convencionales . Las estaciones terrestres recibían esa señal, la almacenaban en grandes cintas de telemetría y al mismo tiempo la convertían al estándar televisivo utilizado para emitirla por todo el mundo.

Las cintas de George pertenecían a esa segunda cadena: eran grabaciones de primera generación de la señal ya convertida para televisión, extraordinariamente cercanas a la fuente y con una calidad superior a muchas copias posteriores. Pero no eran las cintas de telemetría originales de una pulgada que habían registrado directamente la señal llegada desde la Luna. La NASA pasó años buscándolas y finalmente concluyó que lo más probable es que aproximadamente 45 de aquellos rollos hubieran sido borrados, recertificados y reutilizados durante una escasez de cintas a comienzos de los años 80. La propia agencia ha insistido en que no se perdió ningún momento desconocido del paseo lunar: las imágenes habían sido copiadas por otras vías.

Eso hace todavía más extraña la supervivencia de las de George. La NASA las vendió por centavos. Medio siglo después hubo tres compradores peleándose por ellas © Sotheby’s. El 20 de julio de 2019, exactamente 50 años después del primer paseo humano sobre la Luna, Sothebys colocó los tres rollos en su subasta dedicada a la exploración espacial .

Tres compradores pujaron durante casi cinco minutos. El precio final fue de 1,82 millones de dólares. Sothebys las había valorado previamente entre uno y dos millones y las presentó como grabaciones originales de primera generación de la actividad extravehicular del Apollo 11. No valían semejante fortuna porque contuvieran imágenes secretas.

La humanidad ya conocía aquellos momentos y la NASA incluso había reconstruido y restaurado el vídeo del paseo lunar utilizando otras fuentes. Lo que se pagaba era el objeto físico: tres rollos grabados en 1969, directamente vinculados a Mission Control y excepcionalmente conservados durante medio siglo. La paradoja resulta difícil de mejorar . Una organización capaz de colocar a dos seres humanos sobre otro mundo no imaginó que unas cintas de vídeo pudieran convertirse algún día en patrimonio histórico.

Y un estudiante que solo quería vender soportes usados para que alguien grabara encima terminó conservando tres porque su padre leyó una etiqueta antes de tirarlas.