Lo que empezó como una misteriosa mancha de unos 15 centímetros en el abdomen terminó llevándole dos veces al hospital ante la preocupación de sus padres. Sin nada a lo que achacar el origen del problema, el único culpable parecía ser el portátil que se colocaba en el regazo durante varias horas al día, pero nunca había sentido incomodidad o quemazón que pudiese justificar esa mancha. En el hospital tampoco le encontraban una explicación clara. Lo que apuntaba a todas luces a ser un hematoma no respondía a ninguna lesión interna, así que cuando dos semanas después volvió a urgencias y explicó que estudiaba desde casa, los médicos terminaron atando cabos.
Lo que sufría era eritema ab igne. El síndrome de la piel tostada Lo llaman el síndrome de la piel tostada y lleva documentándose desde hace muchos años. Se trata de lesiones relacionadas con la exposición repetida a calor o radiación que, pese a mantenerse por debajo de los 45 grados, son suficientes para ir quemando la piel poco a poco sin que nos demos cuenta y, desde luego, alejado del dolor provocado por la típica quemadura. Pese a que los primeros casos se ataban al uso de chimeneas y estufas, a partir de 2010 empezaron a surgir casos de personas que pasaban mucho tiempo con el portátil sobre el regazo.
Ahora ya sabes por qué todas esas mantas eléctricas y asientos con calefacción incluyen también la recomendación de no usarlas durante más de x minutos. Se están cubriendo las espaldas porque saben qué tipo de problemas pueden provocar. Aunque el caso es alarmante, lo cierto es que las manchas y el dolor terminan desapareciendo al retirar esa fuente de calor de la rutina diaria, pero no es menos cierto que hay gente que se ha quedado con marcas permanentes por el uso continuado de sus pantorrillas como mesa de soporte. Imagen | OpenAI