Recuerdo que terminé el primer libro de Harry Potter de una sentada en una tarde y que, cada vez que enfermaba y me tocaba quedarme en casa, mi madre me regalaba un libro que solía terminar a un ritmo similar. Ahora soy incapaz de terminar uno aunque durante los primeros días me enganche a su historia y, el único consuelo que me queda, es saber que no soy el único. Una encuesta del Pew Research Center recogía que el 75% de los adultos había leído al menos parte de un libro durante los 12 meses anteriores y que, además el papel seguía siendo el formato dominante. La buena noticia es que ese interés por la lectura sigue ahí y los números le dan la razón.
La mala es que nuestro nivel de atención está por los suelos. Sólo el 32,7% de los niños y adolescentes leen por placer Rodeados de un mundo dominado por internet que lucha con garras y dientes por llamar nuestra atención constantemente a base de algoritmos, el problema no es tener más libros que nunca y más opciones para acercarnos a ello, sino un tiempo y atención que cada vez parece más limitado. Del 28% de un grupo de estudio de 236.270 participantes que en 2004 reconocía leer por placer hemos saltado a apenas un 16%. La caída del índice de lectura es de una media de un 3% y, aunque de niños estábamos acostumbrados a devorar aquellos libros, un estudio en Reino Unido cuantifica hasta qué punto todo eso ya es cosa del pasado.
Hoy, sólo el 32,7% de los niños y adolescentes entre 8 y 18 años reconoce disfrutar de leer en su tiempo libre. No es casualidad tampoco que, tras el último informe PISA de la OCDE, se haya descubierto que el nivel de lectura medio esté en en su punto más bajo registrado y que, respecto a hace una década, haya caído 28 puntos. Que los formatos ebook ayuden a mantener cierto nivel de lectura entre los jóvenes evita que las pantallas se conviertan en el principal enemigo de estas estadísticas, pero sí parece cada vez más claro que la atención se está transformando en una habilidad a enseñar. Imagen | Matías North