A los 14 años, una adolescente cavó un lago por un proyecto escolar y no imaginó que, 9 años después, los animales transformarían el lugar en un pequeño ecosistema

A los 14 años, una adolescente cavó un lago por un proyecto escolar y no imaginó que, 9 años después, los animales transformarían el lugar en un pequeño ecosistema

Cuando nos tocaba hacer cualquier trabajo en el colegio, la mayoría de nosotros nos conformábamos con montar una cartulina con cuatro curiosidades que encontrásemos por el libro. Luego estaban quienes se venían arriba y montaban alguna maqueta o algo por el estilo y, justo por encima, estaría el caso de Maggie Johnson y su trabajo escolar. El plan de Maggie era crear un pequeño ecosistema detrás de su casa, así que cavó un estanque en el jardín familiar con ayuda de su padre. Lo que podría haber quedado en mera anécdota, se convirtió en portada de la revista National Wildlife Federation porque, nueve años después, aquella aparentemente inocente acción se ha convertido en un pequeño refugio certificado como espacio natural.

La vegetación autóctona ayudó a atraer a más especies Cabe destacar que nada en esta historia es casualidad. La creación del estanque no se limitó a cavar un agujero y llenarlo de agua. Siguiendo las reglas de programas de rehabilitación de zonas verdes como el Certified Wildlife Habitat, la familia añadió plantas nativas tanto dentro del agua como a su alrededor con la intención de ofrecer refugio, alimento y zonas de reproducción a los animales que pudiesen acercarse hasta allí. La idea funcionó a la perfección y, tras llenarse de agua a la primavera siguiente a su construcción, el estanque fue creciendo hasta ir abrazando multitud de especies.

En apenas unas semanas, por allí paseaban mucho más que alguna libélula despistada, y acudían desde ranas y sapos hasta aves que se acercan hasta allí para bañarse y beber agua. Que el padre de Maggie fuese fotógrafo de la citada revista ayudó notablemente no sólo a que la construcción del estanque fuese lo más acertada posible para atraer a toda esa fauna, sino también a que la historia se hiciera viral. En cualquier caso, casi una década después de su construcción, el impacto de un ejercicio escolar que costó poco más de 160 dólares es ahora un perfecto ejemplo de cómo un pequeño cambio puede marcar una gran diferencia. Imagen | TudoGostoso