En 1983, un grupo de soldados usaron su tarjeta de crédito y un teléfono público para pedir apoyo en pleno combate: a Hollywood le fascinó la historia

En 1983, un grupo de soldados usaron su tarjeta de crédito y un teléfono público para pedir apoyo en pleno combate: a Hollywood le fascinó la historia

Warner Bros. Leer en la aplicación En 1983 se produjo la invasión de la isla de Granada por parte de Estados Unidos. Llegaron, derrocaron al primer ministro Maurice Bishop y tomaron el poder. Terminó con una victoria clara de parte del ejército americano, ya que consiguieron su objetivo de eliminar la presencia militar cubana en el territorio.

Sin embargo, también se recuerda por contener uno de los episodios más embarazosos de la historia de Estados Unidos . Durante los primeros momentos de la invasión, un grupo de tropas estadounidense quedó acorralado tras las líneas enemigas. Intentaba pedir ayuda a los buques de la Armada que estaban situados frente a la costa, pero eran incapaces de contactar con ellos por la absurda razón de que las radios del Ejército de Tierra no utilizaban las mismas frecuencias ni protocolos que las de la Marina . Estaban solos en pleno combate.

Viendo que estaban en un callejón sin salida, un oficial se acercó a un teléfono público y utilizó su tarjeta de crédito personal para realizar una llamada internacional de larga distancia directo al cuartel general de Fort Bragg, en Carolina del Norte. La base en EE. UU. contestó, tomó las coordenadas del combate y las retransmitió por satélite al buque de guerra correspondiente, logrando coordinar el ataque naval a tiempo. El nombre del oficial que tuvo la idea nunca se hizo público y es que, a pesar de que salvó muchas vidas, técnicamente violó múltiples protocolos de seguridad militar al usar una línea civil no cifrada en mitad de un combate.

Lo que le faltaba, jugarse la vida para pedir ayuda y que, además, le penalizase el ejército. Warner Bros. Clint Eastwood lo llevó al cine, pero se ganó la enemistad del Ejército Esta historia tan surrealista fue transformada en guion por James Carabatsos, veterano de la Guerra de Vietnam de la 1.ª División de Caballería . El libreto llegó a las manos de Clint Eastwood, quien, por supuesto, se interesó por el guion y pidió a su productor que empezara a consultar al Ejército de Estados Unidos para filmar en el mismo Fort Bragg con el que contactaron.

Lamentablemente, el Ejército leyó el guion y no le gustó nada la representación que hacía de los suyos. La historia representaba al protagonista como un bebedor empedernido y divorciado y no querían estar ligados a esa imagen. Además, creían que los diálogos eran demasiado obscenos y que faltaban referencias a las mujeres en el ejército. Al final llegó al Cuerpo de Marines, que lo aceptaron con más gusto.

Claro que esto desencadenó en una serie de agujeron de guion e inconsistencias que cualquier militar condenaría. En su adaptación a la gran pantalla, el mismísimo Clint Eastwood encarnó al oficial que se atrevió a usar una cabina telefónica en mitad del tiroteo para llamar a la base y pedir apoyos. La película tuvo un gran éxito comercial, recaudando más de 120 millones de dólares para un presupuesto de 15. Más allá de las salas de cine, fue un auténtico superventas en alquileres de VHS durante la década de los 80 y 90.

A día de hoy, permanece como título de culto.