Un kilo de placas electrónicas desechadas contiene unos 270 gramos de cobre. Un equipo hizo que bacterias fabricaran el ácido para liberarlo y recuperó el 80% de lo disuelto, pero aún queda el paso difícil

Un kilo de placas electrónicas desechadas contiene unos 270 gramos de cobre. Un equipo hizo que bacterias fabricaran el ácido para liberarlo y recuperó el 80% de lo disuelto, pero aún queda el paso difícil

Una placa electrónica vieja puede parecer poco más que plástico, fibra de vidrio y componentes destinados a convertirse en basura. Triturada y analizada químicamente, sin embargo, puede parecerse bastante más a una mina. Las placas de telecomunicaciones utilizadas por investigadores de la Universidad Tarbiat Modares, en Irán , contenían alrededor de 270 gramos de cobre por kilogramo de material. El equipo decidió intentar recuperarlo mediante una combinación poco habitual: primero bacterias que fabrican ácido y después un proceso químico destinado a separar selectivamente el metal.

El trabajo, publicado en Scientific Reports , consiguió disolver el 53,6% del cobre presente en las placas durante la primera etapa. Después, cinco rondas de extracción permitieron retirar aproximadamente el 80% del cobre que ya estaba en aquella disolución. Esa última precisión es importante: el estudio no recuperó directamente el 80% de todo el cobre original de una placa y tampoco obtuvo automáticamente metal puro listo para fabricar cables . Pero demuestra algo interesante: parte de la química necesaria para reciclar nuestros dispositivos puede empezar dentro de un cultivo bacteriano.

Las bacterias no se comen las placas: fabrican el ácido que hace el trabajo © Aurubis. La protagonista es Acidithiobacillus thiooxidans, una bacteria adaptada a medios extremadamente ácidos que obtiene energía oxidando azufre . Durante el experimento, los microorganismos fueron alimentados con azufre elemental y terminaron produciendo un medio rico en ácido sulfúrico biogénico. El máximo de producción apareció alrededor del día 17, cuando el cultivo había alcanzado aproximadamente pH 0,8.

Después ocurrió algo aparentemente contradictorio: los investigadores retiraron las bacterias . En lugar de mezclarlas directamente con la chatarra electrónica, utilizaron únicamente el líquido ácido que habían producido. Eso evita exponer los microorganismos a resinas, metales y otros componentes potencialmente tóxicos de las placas. El material electrónico fue triturado hasta partículas inferiores a 75 micrómetros y tratado a 30 °C durante siete días.

Bajo las mejores condiciones, el líquido terminó conteniendo 7.241 miligramos de cobre por litro, equivalentes al 53,6% del cobre disponible inicialmente. Y el estudio introdujo un control particularmente revelador: al sustituir el ácido bacteriano por ácido sulfúrico convencional a una concentración comparable, el resultado fue prácticamente igual. Las bacterias, por tanto, no poseen una capacidad secreta para arrancar cobre de los circuitos. Funcionan como pequeñas fábricas biológicas del reactivo encargado de hacerlo.

Sacar el cobre de la placa era solo la mitad del problema © Aurubis. Una vez disuelto, el cobre seguía mezclado con otras sustancias. Para separarlo, el equipo empleó extracción con disolventes y añadió un líquido iónico, [BMIM][Cl], que mejoró considerablemente el proceso . Tras optimizar las condiciones y repetir la extracción cinco veces, consiguieron capturar alrededor del 80% del cobre presente en el líquido.

Todavía quedaba otro paso. Había que sacar nuevamente el cobre del disolvente para concentrarlo en una fase acuosa. Esta etapa, denominada stripping, recuperó aproximadamente el 60% del cobre cargado. Es precisamente ahí donde la cifra espectacular del 80% necesita contexto: entre la lixiviación inicial, las cinco extracciones y el stripping, existen pérdidas y varias operaciones químicas.

El trabajo sigue siendo una demostración a escala de laboratorio, no una línea industrial completa. Hay una razón enorme para intentarlo: estamos tirando una mina cada año El interés va mucho más allá de estas placas. En 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos, pero solo el 22,3% fue documentado como recogido y reciclado adecuadamente. Si la tendencia continúa, llegaremos a 82 millones de toneladas en 2030.

Dentro hay metales que ya fueron extraídos de minas, procesados, refinados y transportados alrededor del planeta. Por eso las placas electrónicas empiezan a verse como una forma de minería urbana: algunos trabajos señalan que su concentración de cobre puede superar incluso la de determinados minerales explotados convencionalmente. La ironía es bastante clara. Durante décadas extraímos cobre del subsuelo para meterlo en nuestros dispositivos.

Ahora estamos acumulando cantidades enormes del mismo metal en cajones, vertederos y montañas de basura electrónica. Este experimento propone una ruta peculiar para recuperarlo: triturar esas “minas” artificiales y dejar que unas bacterias fabriquen parte de la química necesaria para volver a abrirlas.