Cuando Dune: Awakening llegó a PC en junio de 2025, lo hizo con una propuesta muy particular: convertir Arrakis en un mundo abierto gigantesco en el que construir una base, buscar recursos, relacionarte con otros jugadores y sobrevivir dan forma a la experiencia de supervivencia definitiva en uno de los planetas más hostiles de la ciencia ficción. Los jugadores de PS5 y Xbox Series X|S han tenido que esperar más de un año para ponerle las manos encima, pero esa demora ha tenido una cara positiva. Gracias a ello, el juego que aterriza ahora en consolas es más completo que el que conocimos y, además, está más preparado para quienes prefieren recorrer el desierto sin compañía. La propia Funcom considera el lanzamiento para consolas como la mejor versión de Dune: Awakening hasta la fecha.
Incluye todo lo publicado desde su estreno en PC, culmina la historia principal de cinco actos y permite jugar toda la aventura en solitario. Después de varias horas recorriendo Arrakis en PS5, mis primeras sensaciones allí fueron francamente buenas. La adaptación está a un nivel altísimo si nos centramos en lo técnico y he de decir que el nuevo modo para un jugador encaja bastante mejor de lo que esperaba en una experiencia que nació con una fuerte vocación multijugador. Eso sí, aunque funcione muy bien, no consigue ocultar de dónde viene.
Dune: Awakening luce increíble en consolas Empecemos por lo más evidente: Dune: Awakening se ve espectacular en consolas. Funcom ofrece dos configuraciones gráficas, un modo rendimiento a 60 fps y resolución 4K dinámica y, por otro lado, un modo calidad a 30 fps que también utiliza resolución 4k dinámica. Casi siempre jugué con la primera opción y no detecté una sola caída de imágenes por segundo durante mis sesiones. De hecho, tampoco sufrí cierres inesperados, errores importantes o algunos de los problemas visuales que la propia compañía reconoce en una nota interna que todavía podrían aparecer en esa versión previa al lanzamiento.
Arrakis ayuda mucho a vender esa sensación. Las extensiones interminables de arena, la distancia de dibujado y una iluminación fantástica convierten algunos momentos de exploración en auténticas postales. También probé el modo calidad y la mejora visual existe, pero me quedo con la fluidez de los 60 fps, una especialmente agradecida en un juego que combina exploración, combate y bastante movimiento entre herramientas, armas y menús. A su vez, a esto hay que sumarle tiempos de carga mínimos que facilitan que pasar de una zona a otra o retomar la partida apenas corte el ritmo.
En lo relativo al mando, la adaptación está muy bien resuelta. Sigo pensando que teclado y ratón tienen una ventaja natural en un survival de estas características, sobre todo por la construcción de bases, la gestión de recursos o la rapidez a la hora de seleccionar herramientas y armas. Es una cuestión de gustos, pero esos sistemas se manejan con mayor agilidad utilizando un ratón. Dicho esto, jugar con DualSense (como fue mi caso) no resulta torpe: los controles responden muy bien, la interfaz está adaptada de forma correcta y nunca llegué a sentir que tuviese delante una versión menos pulida del juego.
Esto último me parece lo más importante de su llegada a consolas, ya que no sientes que estás ante un port recortado que busca funcionar como sea en consolas. Funcom siempre ha hablado de trasladar la experiencia completa de PC a las consolas y, al menos durante mis sesiones de juego, esa promesa se cumple con bastante solvencia. No tuve bugs, disfruté de estabilidad absoluta y gocé de una calidad visual que hace justicia al escenario, una que recuerda mucho a las adaptaciones de Denis Villeneuve. Así, queda comprobar cómo aguanta cuando aumente la complejidad de las bases, aparezcan más elementos en pantalla o las zonas se vuelvan más exigentes, pero el primer contacto no podría haber sido mejor a nivel técnico.
Jugar solo cambia mucho Dune: Awakening La gran novedad, sin embargo, no está solo en la chapa y pintura. Dune: Awakening ahora puede jugarse en solitario: esto no implica entrar a un servidor e ignorar al resto, se trata más bien de una modalidad específica en la que avanzas a tu ritmo, eliges diferentes niveles de dificultad y modificas parámetros de forma manual. De hecho, Deep Desert forma parte de esta experiencia (sin sus reinicios habituales) y otros sistemas como el Landsraad simulan de forma automática la rivalidad entre facciones. Sobre el papel podría parecer un añadido extraño para un juego nacido alrededor de la convivencia entre jugadores, pero funciona sorprendentemente bien.
Dune: Awakening tiene una historia de origen, misiones que seguir, objetivos constantes y un universo pensado para perderse durante horas. Explorar Arrakis, buscar recursos y levantar poco a poco tu propia base funciona genial como experiencia individual. Si llegas atraído por Dune y no tienes intención de relacionarte con otros jugadores, ahora existe una forma válida (y muy buena, si me preguntan) de disfrutar del título. Además, Funcom ha ido reduciendo algunas de sus asperezas: el PvP es completamente opcional, puedes recuperar vehículos perdidos durante 72 horas, guardar hasta tres instantáneas de una base y ya dejaron atrás los impuestos de mantenimiento.
A pesar de limar estos aspectos, su ADN multijugador sigue estando muy presente. Este se nota en el ritmo de la progresión, la construcción, el diseño del mundo y la manera en la que están planteados algunos sistemas. Cuando juegas solo echas de menos cruzarte con asentamientos creados por otras personas, con jugadores explorando la misma zona o, simplemente, ver esa actividad constante generada por facciones y alianzas. El juego consigue suplir bastante bien esa ausencia y nunca he sentido que necesitase a alguien más para avanzar, pero Arrakis puede dar mucha sensación de vacío si sabes que todos esos espacios fueron concebidos para albergar una comunidad mucho más activa.
Quizás por eso esta versión resulta tan interesante. Funcom no ha eliminado el planteamiento masivo que definía a la versión original, sino que ha optado por hacerlo más flexible. Los jugadores de consola reciben la campaña completa, nuevas localizaciones, armas, combates contra jefes, sistemas adicionales de progresión y muchas mejoras acumuladas desde el lanzamiento. Todavía necesito más horas para comprobar hasta dónde llega esa transformación, pero mis primeras impresiones son claras: Dune: Awakening aterriza en consolas con una adaptación técnica excelente y un modo individual mucho más convincente de lo esperado que, aunque no borra su pasado multijugador, deja entrever todo el potencial que tiene.