El riesgo país baja 52% en 2026: qué está leyendo el mercado sobre Venezuela

El riesgo país baja 52% en 2026: qué está leyendo el mercado sobre Venezuela

Seguir a FinanzasDigital en Google El riesgo país de Venezuela se ha reducido 52% en lo que va de 2026, en un movimiento que tuvo su mayor salto inmediatamente después de la captura de Nicolás Maduro en enero y que volvió a acelerarse a finales de agosto y comienzos de septiembre, tras los nuevos acuerdos petroleros impulsados por Estados Unidos. El EMBI venezolano, elaborado por JPMorgan, pasó de 12.671 puntos básicos el 2 de enero a 6.037 el 3 de septiembre. Aunque una caída de esta magnitud suele asociarse con una menor percepción de riesgo, en el caso venezolano la lectura es más compleja: el país permanece en default desde 2017, no ha completado la reestructuración de su deuda externa y sigue sin acceso normal al mercado internacional. Jonathan Fortun, economista del Institute of International Finance (IIF), advierte que el EMBI no representa el costo al que Venezuela podría financiarse hoy, sino el valor que el mercado asigna a los bonos existentes y a su potencial recuperación.

Más leídas Tasa de Cambio BCV 17 de septiembre de 2026: 847,4442 Bs/USD (+0,11%) Comienza el pago del bono Corresponsabilidad y Formación de septiembre: Bs. 39.900 Venezuela enviará su primer cargamento de aluminio a EEUU en años El giro político de enero repreció la deuda La tendencia descendente comenzó en 2025, cuando el EMBI cayó de 24.963 a 12.739 puntos básicos. Pero el ajuste más abrupto ocurrió el 3 de enero de 2026, tras la captura de Maduro y la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Ese día, el indicador bajó a 8.898 puntos, casi 3.800 puntos en una sola sesión. Para Fortun, el mercado no reaccionó a cambios inmediatos en la economía o en el petróleo, sino a la aparición de una contraparte capaz de negociar y comprometer al Estado en una eventual reestructuración.

Jorge Piedrahita coincide: el mercado pasó de descontar un statu quo prolongado a valorar un desenlace distinto. “La operación impecable del 3 de enero generó un fuerte optimismo sobre el futuro de Venezuela”, dijo a Bloomberg en Línea. Petróleo, expectativas y avances institucionales Desde enero, el descenso del EMBI ha sido irregular. La recuperación petrolera, las expectativas sobre ingresos futuros y los avances —todavía incompletos— en la reestructuración de la deuda han convivido con un marco institucional en transición. En abril, Venezuela restableció su relación con el FMI y en mayo anunció formalmente el inicio del proceso de reestructuración, con asesores financieros y legales ya designados.

El petróleo añadió otra variable. Una mayor producción puede aumentar el flujo de divisas y mejorar el valor potencial de los activos, pero no garantiza que esos ingresos estén disponibles para pagar a los acreedores: dependerá de los contratos, de la participación del Estado y de cómo se distribuya la recuperación entre los distintos grupos. El efecto de los acuerdos petroleros de agosto Entre el 27 de agosto y el 3 de septiembre, el EMBI bajó de 6.593 a 6.037 puntos básicos (−8%). El movimiento fue menor que el de enero, pero tuvo un componente local: mientras otros emergentes latinoamericanos mostraron variaciones moderadas, los bonos venezolanos reaccionaron a los anuncios de nuevos acuerdos petroleros.

Chevron anunció inversiones superiores a US$7.000 millones en cinco años y el objetivo de duplicar su producción hasta cerca de 600.000 barriles diarios. Otros acuerdos ampliaron las expectativas sobre la recuperación del sector y sobre la capacidad del país para atraer capital. Piedrahita sostiene que Venezuela está dejando de ser solo una apuesta política para convertirse también en una apuesta sobre un activo estratégico que Washington está dispuesto a financiar. Fortun introduce una distinción clave: los acuerdos petroleros mejoran el valor de recuperación de una deuda impaga, pero no demuestran aún una mejora equivalente en la capacidad de pago corriente del Estado.

El tamaño del problema Las obligaciones venezolanas siguen siendo enormes. Las estimaciones de reclamos pueden alcanzar US$240.000 millones cuando se incluyen deuda, intereses, arbitrajes y otras acreencias. Los bonos representan solo una parte de ese universo, junto con laudos arbitrales, reclamos corporativos y obligaciones bilaterales. Por eso, el petróleo no es la única variable que determinará cuánto recuperarán los tenedores de bonos.

También será decisivo cómo se ordenen las reclamaciones, qué tratamiento reciba cada acreedor y bajo qué condiciones se ejecute la reestructuración. Con información de Bloomberg en Línea

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