¿Tiene 30 o más y vive con sus padres? No está solo: la historia se repite en Argentina, Colombia y Ecuador

¿Tiene 30 o más y vive con sus padres? No está solo: la historia se repite en Argentina, Colombia y Ecuador

Bloomberg Línea — Si tiene 30 años o más y aún vive en la casa de sus padres, no tiene por qué sentirse mal. El dinero cada vez rinde menos, los precios de los alquileres están por las nubes y endeudarse a 20 años para comprar un departamento que se asemeja a una caja de fósforos no es buena opción; al menos si no cuenta con un trabajo estable (si es que lo hay). Martirizarse pensando que sus padres o sus abuelos tenían carro, casa y una familia aparentemente feliz con apenas 25 años tampoco ayuda. Los tiempos cambian y las condiciones económicas, igual.

No está solo. El desasosiego de no haberse independizado, que tal vez asume como propio, es un sentimiento común en Argentina, Ecuador y Colombia. Independizarse en Argentina no es tarea fácil ¿Sabía que el 44% de los jóvenes argentinos todavía residen en la casa de sus padres? Así lo evidenció un informe del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) publicado el pasado agosto.

Martín Álvarez, coordinador del Instituto de Economía (INECO) de la UADE, explica el porqué: “Para independizarse se necesitan poco más de 1,3 millones de pesos (US$861), distribuidos en alquiler, los servicios básicos y una canasta, no sé si de supervivencia, pero sí muy básica de consumo. Y el ingreso promedio de los jóvenes entre los 18 y los 30 años es de 900.000 pesos (US$596)”. Hoy, el 58% de los jóvenes argentinos tiene la intención de mudarse y afirma estar necesitando su espacio. Sin embargo, el 44% apunta a que el costo total del alquiler es su principal impedimento.

Si rentar un departamento es inviable, comprarlo todavía más. “En Argentina eso no es posible, son pocos los casos de jóvenes, e incluso personas mayores de 30 años, y te diría que hasta de 45 años, que pueden comprar una propiedad. En Buenos Aires es casi una utopía, por eso no está incluido en el informe”, dice Álvarez. Leonardo Cuenca, un licenciado en Ciencias Sociales de 35 años, dice que independizarse en Buenos Aires es sinónimo de “meterse en un problema” por los gastos que acarrea y la imposibilidad de cubrirlos. “Yo estoy viviendo en la casa que era de mi viejo y eso me facilita un montón”, relata Cuenca. “La mayoría de las personas están construyendo en la misma casa de los padres: si tienen un patio grande, empiezan a construir ahí, porque dicen: Ché, lo que me estoy gastando en alquiler, lo invierto en esta casa sabiendo que después me va a quedar a mí”. El promedio de edad en que un argentino se independiza es de 28 años, mientras que dos décadas atrás era de 24 años, conforme con el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE.

Álvarez indica que el rezago en la independencia de los jóvenes de ahora también se relaciona con la dificultad de ingresar al mercado laboral y la informalidad, que afecta al 43% de la población ocupada en Argentina. Ambas situaciones complican el acceso a un “trabajo estable”, necesario para que salgan de las casas de sus padres. “Mis padres y mis tíos, hace 20 o 30 años, quizás ingresaban a un banco o una multinacional como primer trabajo formal. Ya no es así, conseguir un primer trabajo formal con un ingreso considerable, incluso para jóvenes de 25 años y que son profesionales, cuesta mucho”, plantea el experto. Cuenca le da la razón y dice que, aun con una vasta experiencia, está “muy complicado” insertarse en el sistema laboral. “Aquí la gente tiene que cuidar mucho en lo que utiliza su dinero.

Argentina se transformó en un país donde todos estamos sobreviviendo, incluso buscando más trabajos, y no viviendo la vida”. En Ecuador, la historia se repite, pero hay más teorías La situación en Ecuador no es muy distinta a la de Argentina. Una encuesta de Multitrabajos evidencia que el 58% de los talentos ecuatorianos aún vive con su familia y que el 55% no se independiza porque no tiene trabajo o no tiene trabajo estable. Además, demuestra que ocho de cada diez ciudadanos consideran que independizarse es más complejo que hace una década.

Y tienen motivos para creerlo, dice Santiago García, doctor en Economía Internacional y docente en la Universidad Central de Ecuador: “El 54% de los trabajadores ocupados en Ecuador son informales y aproximadamente un cuarto, es decir, un 25% de esa informalidad, está en los jóvenes de 18 a 29 años”. A ello se suma la exclusión financiera y la falta de políticas públicas robustas para brindar a los jóvenes acceso a viviendas de interés social, añade el experto. “Si lo que se quiere es comprar una vivienda en Ecuador, no es fácil conseguir un crédito en el país, sobre todo para los menores de 30 años”. Santiago García, doctor en economía internacional y docente en la Universidad Central de Ecuador. Lucía Hernández, una arteterapeuta de 30 años que vive en Quito, cree que su generación enfrenta mayores dificultades para independizarse porque los ingresos no crecen al mismo ritmo que los precios. “A diferencia de las generaciones anteriores, que podían acceder a una casa o sostener un hogar con un solo ingreso, hoy la mayoría de personas necesitamos compartir gastos, retrasar la salida del hogar familiar o renunciar a condiciones de bienestar”, opina Hernández.

A propósito del comparativo entre generaciones, el académico García tiene otra teoría: los jóvenes de ahora toman decisiones más personalizadas que las que tomaban los de antes porque no visualizan el futuro de la misma manera. Y tiene que ver con los cambios en los modelos de familia. “Las personas de mi generación, que hoy somos mayores de 50 años, nos casábamos y teníamos hijos casi de inmediato. Por ello, había una cultura de acumular propiedad: un carro y una casa, por ejemplo, para prever un futuro incierto”. En las nuevas generaciones, que cada vez tienen menos hijos, el capitalismo es de alquiler, según García: “Todo se alquila, desde el streaming hasta las parejas, en el caso más extremo”.

Y también las viviendas, para quienes pueden permitírselo. El incremento de hogares unipersonales y la disminución de los hogares biparentales en Latinoamérica y el Caribe soportan sus declaraciones. En 2024, en la región había 17,2% unipersonales encabezados por mujeres y 14,5% encabezados por hombres, mientras que en 2010 la cifra era del 16,0% y 8,6%, respectivamente, reporta la Cepal. Entretanto, la cifra de hogares biparentales con hijos se redujo del 53,6% al 45,5% en ese mismo periodo. “El incremento de los hogares unipersonales cambia completamente las reglas de juego”, analiza García. “Ahí se entiende por qué, en vez de pedir un crédito de vivienda, si es que tengo chance, mejor me voy a pasear o hago un curso de algo que me guste”.

La terapeuta Hernández lamenta que, más allá de la manera en que su generación prevé el futuro y decide en qué invertir el dinero, “cargue con expectativas de éxito y autonomía en un contexto económico más incierto”. En Colombia el dinero rinde menos Henry Amorocho, un economista colombiano con 38 años de experiencia en Hacienda y Presupuesto Público, confirma una tesis de los jóvenes que no han podido independizarse: el dinero cada vez rinde menos. Y lo explica partiendo del contexto nacional. “En Colombia tenemos una circunstancia estructural en que los gastos son superiores a los ingresos. ¿Y una economía que tiene más gastos que ingresos, qué debe hacer? Endeudarse.

El que se endeuda, paga intereses o aumenta impuestos. Con ello, incrementan los costos y, cada vez que los costos son más altos, suben los precios, por lo que disminuye el poder adquisitivo de la población”, sustenta el también docente de la Universidad del Rosario. Según Amorocho, el problema con el Estado colombiano es que “ha vivido en el debe” desde 1974 y que, particularmente desde finales de los 90, ha aumentado su endeudamiento. “Nosotros tuvimos mejores ingresos hace años y se notaba, porque había menos endeudamiento y unas finanzas públicas más sanas. Entonces, indiscutiblemente, antes les rendía mucho más el ingreso a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nosotros mismos”.

Amorocho dice que otra razón por la que el ingreso disponible de los jóvenes colombianos se ve reducido son los contratos laborales de prestación de servicios, con los que ellos mismos deben asumir los aportes a la seguridad social (salud y pensión). “La política laboral es una de las peores enemigas de los ingresos de los jóvenes. Cada vez más, las empresas tratan de defenderse en la disminución de costos, no asumiendo costos laborales formales y recurriendo a contratos de prestación de servicios”, agrega el experto. Con la plata rindiendo menos y la obligatoriedad de asumir los aportes a seguridad social, sumado a salarios cuestionables, para un joven en Colombia es difícil independizarse. Valentina Álvarez, una diseñadora gráfica bogotana de 28 años, dice que el tema de la independencia además deja en evidencia la desigualdad en las labores de cuidado y su impacto en la economía de las mujeres.

Ni qué hablar de la brecha salarial de género. Ella vive con su mamá, su hermana y su sobrino, pese a que desea independizarse, porque su labor de cuidadora y sus ingresos se lo impiden. “Mi mamá no tiene pensión, entonces me toca hacerme cargo de ella, y como los gastos de la casa no los puedo asumir sola, los asumimos con mi hermana”, relata Álvarez. “En el caso de mi hermana, mi sobrino tiene un papá totalmente ausente, y a ella le toca asumir los gastos de él”. A juicio de la diseñadora, detrás de los señalamientos contra quienes no se han independizado después de cierta edad existe la negación de una realidad: la necesidad de contar con una red de apoyo, sobre todo para las mujeres. “Una sola no puede asumir todos los roles: la de profesional, cuidadora y aportante económica todo el tiempo, entonces necesita una red de apoyo en la que se sumen las capacidades de contribución”.

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