Hay cosas que solo pueden pasar en México: una bolsa llena de agua para espantar las moscas, los frijoles que terminan viviendo en un envase de yogur y esa cubeta del “viene-viene” que nadie se atrevería a mover, aunque esté ocupando un lugar que no le pertenece. En esos pequeños rituales cotidianos, tan nuestros que a veces dejamos de verlos, Israel Jaitovich encontró la materia prima para volver a mirar al país a través de la risa. A partir del pasado lunes 14 de septiembre, con el estreno de “México, lindo y qué risa” en el canal Distrito Comedia, el productor pretende tomar una fórmula que se conoce bien y cambiarle la envoltura: locaciones reales, fotografía y lenguaje visual de serie, un elenco que mezcla generaciones y situaciones que nacen de esa particular manera de ser mexicanos. “El género del sketch nos encanta a todos los que hacemos comedia. Es un género muy agradecido y muy divertido”, cuenta Jaitovich, quien decidió trasladar a este formato la experiencia que previamente adquirió al trabajar con una infraestructura de producción más cercana al cine.
La idea surgió después de El Junior, el mirrey de los capos, proyecto que realizó en formato premium. “Ahí armé un equipo de producción de serie, con un director de cine, con un fotógrafo de cine. Entonces dije: ‘Vamos a utilizar esta misma infraestructura, este mismo formato de cine o de serie, y hagamos un programa de sketches con este formato’”, relata en entrevista con TVyNovelas. El resultado es un programa construido alrededor de los usos y costumbres de los mexicanos. No de las grandes tradiciones que aparecen en las postales, sino de esas pequeñas manías que forman parte de la vida diaria y que, vistas desde afuera, pueden resultar tan absurdas como entrañables.
Pero si Jaitovich mira hacia las costumbres mexicanas, también observa cómo ha cambiado la sociedad y, con ella, el humor. La comedia que se hacía hace algunos años ya no puede plantearse exactamente de la misma manera, no necesariamente porque haya perdido libertad, sino porque existen nuevas sensibilidades y una audiencia mucho más consciente de lo que consume. “Ha tenido varios cambios. Obviamente, igual que el resto de los medios, ha tenido muchas evoluciones”, señala. Uno de los factores que más ha modificado el género, considera, es el avance de lo políticamente correcto. “Algo que le ha venido a afectar un poco a la comedia, y no afectar sino modificarla, es el tema de la censura o de lo políticamente correcto.
Antes podías hacer sketches quizás donde había violencia entre mi mujer y yo y no pasaba nada. Y ahora ya todos los sketches los tenemos que hacer de violencia hacia el hombre, ya no podemos hacer violencia hacia la mujer. No es que esté mal o bien, simple y sencillamente es lo actual y es a lo que nos tenemos que adaptar. Tenemos que hacer comedia alrededor de eso”, afirma.
También las redes sociales han cambiado las reglas del juego. “Ha venido cambiando la información, la cultura, lo políticamente correcto. Nos hemos venido volviendo, con la información, un poco sensibles o susceptibles a diferentes cosas”, reflexiona. Esa nueva sensibilidad toca incluso temas que durante décadas fueron terreno habitual de la comedia. Jaitovich recuerda una frase atribuida a Charles Chaplin: “Si no hay violencia, no hay comedia”.
Y añade: “La comedia, un poco, es bullying. Digo, no toda, pero estamos hablando de la comedia en general”. Para Jaitovich, esa transformación llega en un momento particularmente significativo de su carrera. “Mira, en un muy buen momento”, responde cuando se le pregunta cómo se encuentra profesionalmente. Y no lo dice únicamente por el estreno. “Tuve la buena suerte de descubrir desde muy joven a qué me quería dedicar, que era esto”, cuenta.
Desde los 15 años comenzó a construir una trayectoria que lo llevó del teatro y las telenovelas a la comedia, la producción y, finalmente, la dirección de Distrito Comedia, donde desarrolla la pasión que despierta carcajadas en cada hogar que disfruta su contenido.