Cómo Irán convirtió la agresión de EEUU en ventaja estratégica para imponer condiciones

Cómo Irán convirtió la agresión de EEUU en ventaja estratégica para imponer condiciones

Por HispanTV Siete meses después, la realidad está a la vista de todo el mundo. La guerra no provocada e ilegal contra la República Islámica se ha convertido en un atolladero para la maquinaria bélica estadounidense, que ha consumido decenas de miles de millones de dólares, agotado las reservas militares estadounidenses, desestabilizado los mercados energéticos mundiales y, lo más importante, no ha logrado ninguno de sus objetivos declarados. Lo que ha surgido, en cambio, es un escenario estratégico en el que Irán, objetivo de la agresión militar, las sanciones y el bloqueo estadounidenses, es ahora quien dicta las condiciones para poner fin a la guerra inútil. Tal como advirtió el domingo el Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, cuartel general operativo de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán, el régimen estadounidense, en connivencia con sus aliados árabes y europeos, busca reanudar una agresión militar a gran escala contra Irán.

Advirtió que cualquier error o acción hostil contra la República Islámica de Irán desencadenará una contundente respuesta y que todas las bases, posiciones militares e intereses estadounidenses en la región serán objetivo de “ataques continuos, efectivos y dolorosos, sin ninguna restricción ni consideración”. Esto ocurre después de las siete condiciones comunicadas a Washington por el general de división Mohsen Rezai, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, que representan las condiciones de una parte que tiene la ventaja. La agresión estadounidense, lejos de revertir la posición dominante de Irán, paradójicamente la ha consolidado, en los planos militar, diplomático y estratégico. Ya no hay vuelta atrás.

Las declaraciones del presidente del Parlamento y principal negociador de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, de que Irán está preparado tanto para la guerra como para la diplomacia, dejan claro que el enemigo persigue un espejismo. Cualquier nueva agresión tendrá consecuencias adversas, como ocurrió con todos los intentos anteriores. Irán a EEUU: Si cometen un error, serán blanco de ataques dolorosos | HISPANTV El cuartel general central de Jatam Al-Anbia ha lanzado una contundente advertencia a Estados Unidos sobre las consecuencias de cualquier error contra el país. Dimensión militar: resiliencia asimétrica frente a una fuerza abrumadora El supuesto fundamental de la estrategia bélica estadounidense era que una fuerza militar abrumadora provocaría la capitulación de Irán.

Estados Unidos posee el arsenal militar más avanzado, mientras que Irán, por el contrario, lleva décadas sufriendo el impacto de sanciones ilegales y paralizantes. Sobre el papel, el enfrentamiento parecía desigual. La realidad demostró lo contrario. La estrategia de Irán no se basó en igualar la potencia de fuego estadounidense, sino en impedir que el complejo militar-industrial de EE.UU. utilizara su modalidad de guerra preferida.

Desde los primeros días de la guerra, Irán demostró que se había preparado precisamente para este escenario. Sus misiles balísticos de corto y medio alcance y sus drones de ataque, dispersos en búnkeres subterráneos y cuevas de montaña, sobrevivieron a las múltiples oleadas de bombardeos y permanecieron operativos. Más importante aún, Irán tomó inmediatamente la iniciativa estratégica al asumir el control del estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima por la que transita aproximadamente una quinta parte del suministro energético mundial. Este único acto transformó los cálculos de la guerra que Irán no eligió.

Estados Unidos podía bombardear el país, pero no podía impedir que Irán impusiera enormes costes a la economía mundial. Para septiembre de 2026, los precios del petróleo se han disparado hasta acercarse a los 110 dólares por barril, la inflación está aumentando de forma alarmante en las principales economías y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha rebajado en dos ocasiones sus previsiones de crecimiento mundial. El frente de la guerra se ha desplazado del territorio iraní al mercado energético mundial, donde el poder estadounidense es mucho menos decisivo. Los costes materiales para Estados Unidos han sido enormes.

La maquinaria bélica estadounidense gastó miles de interceptores Patriot —más de la mitad de sus existencias— y cientos de interceptores THAAD, además de al menos 1000 misiles Tomahawk. Reponer estas municiones llevaría años de producción y costaría cientos de miles de millones de dólares. Los estadounidenses siguen guardando silencio sobre las cifras reales de bajas mortales, pero se cree que ascienden a cientos. John Mearsheimer, destacado académico de relaciones internacionales de la Universidad de Chicago, ha sido categórico en su evaluación.

En una entrevista en septiembre, afirmó que, después de siete meses de guerra impuesta, la maquinaria bélica estadounidense no logró ninguno de sus cuatro objetivos principales: el llamado cambio de ‘régimen’, poner fin al enriquecimiento de uranio, destruir la capacidad de misiles balísticos de Irán y desmantelar su red de aliados regionales. Las implicaciones de esta realidad militar van mucho más allá del campo de batalla inmediato. El régimen estadounidense ha demostrado que, incluso con una abrumadora superioridad aérea y naval, no puede obligar a un adversario decidido a someterse o retirarse. Esta lección no pasará desapercibida para otros miembros del bloque antiimperialista que puedan contemplar resistir a la presión estadounidense.

El valor disuasorio del poder militar estadounidense se ha visto reducido, mientras que la reputación de Irán por su resiliencia se ha fortalecido. En los cálculos de la política internacional, esto constituye un cambio decisivo. Irán: Doctrina Ofensiva y Nuevo Orden Geopolítico en Asia Occidental | HISPANTV El tablero de Asia Occidental experimenta un punto de quiebre estructural que cambiará la geopolítica internacional como la hemos conocido desde el derrumbe de la ex Unión Soviética el año 1991. La dimensión diplomática: del aislamiento a la indispensabilidad Quizás el aspecto más llamativo de esta guerra sea cómo ha invertido las posiciones diplomáticas de ambas partes.

Antes de la guerra, EE.UU. imponía su hegemonía en la región y el régimen israelí hacía campaña a favor de la farsa de la normalización. Siete meses después, EE.UU. se encuentra ahora diplomáticamente aislado y su aliado sionista ha sido completamente marginado. Irán, por su parte, ha surgido como la nueva superpotencia regional. Las pruebas son numerosas.

Cuando la Administración Trump anunció su denominada ‘Día D económico’ —una amplia campaña de sanciones destinada a estrangular la economía iraní—, muchos países se negaron a cumplirla, mientras que China y Rusia rechazaron inmediatamente la medida por considerarla inaceptable. Más significativamente, ninguno de los vecinos de Irán —Pakistán, Irak o Turquía— indicó que aplicaría las sanciones ilegales. Incluso entre los países árabes del Golfo Pérsico, solo Emiratos Árabes Unidos, debido a su estrecha coordinación con Washington e Israel, suspendió temporalmente las transacciones financieras con Irán. El régimen de sanciones, en otras palabras, carece de la participación internacional necesaria para ser eficaz, y ese es el principal resultado de esta guerra.

Mientras tanto, Irán ha sabido aprovechar hábilmente su posición. En junio, ambas partes firmaron un memorando de entendimiento articulado en torno a un paquete de catorce puntos que incluía el levantamiento completo del bloqueo naval estadounidense, la liberación de activos congelados y un mecanismo para gestionar el estrecho de Ormuz bajo control iraní. El canciller de Irán, Seyed Abás Araqchi, calificó el acuerdo como la consolidación de los logros de Irán en el campo de batalla en avances diplomáticos, y subrayó que “el mundo reconoce ahora al pueblo iraní como campeón y símbolo de la resistencia”. Cuando Estados Unidos violó el memorando en múltiples ocasiones, un patrón que los funcionarios iraníes han documentado detalladamente, Irán simplemente dejó de cumplir sus obligaciones, declarando que los estadounidenses ya habían recibido su respuesta.

La iniciativa diplomática, en otras palabras, sigue firmemente en manos iraníes. Estados Unidos, que inició la guerra esperando dictar las condiciones, se encuentra ahora respondiendo a las iniciativas iraníes en lugar de marcar la agenda. Este cambio refleja una transformación fundamental en el equilibrio del poder diplomático en la región y en todo el mundo. Irán ha demostrado que puede resistir la presión estadounidense y seguir ocupando un lugar en la mesa de alto nivel.

Estados Unidos, por el contrario, ha demostrado que sus amenazas no son más que bravuconadas y que sus promesas no son fiables. Este deterioro de la credibilidad estadounidense, más que nunca, resultará más perjudicial para Washington que cualquier pérdida en el campo de batalla. La dimensión estratégica: la evaluación objetiva La prueba más rigurosa de la victoria en cualquier guerra es si el agresor logra sus objetivos declarados. Según este criterio, Estados Unidos ha fracasado de manera contundente y completa.

Antes de que se iniciara la guerra a finales de febrero, funcionarios estadounidenses plantearon objetivos como derrocar a la República Islámica, poner fin al programa de enriquecimiento de uranio de Irán, eliminar su capacidad de misiles balísticos y desmantelar su red regional. Siete meses después, ninguno de estos objetivos se ha logrado. El Gobierno iraní sigue en el poder, su programa de enriquecimiento continúa, su arsenal de misiles ha aumentado en lugar de disminuir y sus aliados regionales —incluidos Hezbolá en el Líbano y Ansarolá en Yemen— siguen activos y fuertes. Las fuerzas militares yemeníes han ampliado recientemente su control a lo largo de la costa del mar Rojo, capturando puertos e islas estratégicos.

Por el contrario, lo que Estados Unidos ha perdido es considerable. Ha perdido completamente el control del estrecho de Ormuz y del Golfo Pérsico en su conjunto. Ha visto cómo sus costosas reservas militares se reducen a niveles cuya reposición llevará años y décadas. Ha alejado a aliados clave y ha demostrado al mundo que su poder militar es un mito.

Las implicaciones estratégicas van más allá de la región inmediata. El fracaso de EE.UU. en alcanzar sus objetivos militares o estratégicos en Irán será estudiado durante años por responsables políticos y estrategas. Constituye un estudio de caso sobre los límites del poder militar y la importancia de comprender la voluntad de un adversario de resistir la agresión. Irán, por el contrario, ha demostrado que una potencia menor puede prevalecer frente a una mayor explotando ventajas asimétricas, manteniendo la paciencia estratégica y negándose a capitular ante una fuerza abrumadora.

Dilema estratégico de los estados del Golfo Pérsico: entre la presión estadounidense y la influencia de Irán en la posguerra | HISPANTV El panorama estratégico del Golfo Pérsico se ha transformado irrevocablemente por los cambios sísmicos de la reciente guerra de agresión entre EE.UU. e Israel contra Irán, que terminó con la capitulación estadounidense ante la represalia militar y la firmeza iraníes. La agresión que fracasó La ironía central de esta guerra de siete meses contra Irán es que la agresión estadounidense ha conseguido exactamente lo contrario de lo que pretendía. La guerra fue diseñada para debilitar a Irán, obligarlo a someterse y demostrar la inutilidad de la resistencia frente al poder hegemónico estadounidense. En cambio, ha fortalecido la posición regional de Irán, demostrado los límites de la coerción militar estadounidense y unido al pueblo iraní en torno a su Gobierno frente a la agresión.

Las siete condiciones del general Rezaei deben entenderse en este contexto. Son las condiciones de un Estado que ha resistido la tormenta y ha salido de ella más fuerte y poderoso. Su afirmación de que Washington “no tiene más opción que aceptar los derechos y las condiciones de Irán” refleja una realidad estratégica que siete meses de bombardeos, bloqueo y sanciones no han conseguido alterar. Señaló que Trump lanzó una “guerra absurda” contra Irán basándose en una lectura incorrecta de las condiciones políticas, militares, económicas y sociales de Irán, una interpretación distorsionada por la analogía con Venezuela.

La consecuencia es que la continuidad de la implicación estadounidense impondrá a Washington costes políticos, económicos y militares cada vez mayores, costes que el máximo responsable de seguridad presenta como el precio natural de una agresión emprendida sin una evaluación precisa. Dejó claro que las capacidades defensivas de Irán han aumentado en comparación con el periodo de la guerra de 40 días, con un fortalecimiento de las capacidades de misiles, los sistemas de guerra electrónica y las defensas aéreas. Entre los recientes logros que destacó figuran un misil antibuque probado cerca de un portaaviones estadounidense, con capacidad para dividirse en múltiples submuniciones; misiles hipersónicos cuya velocidad ha aumentado de Mach 6 a Mach 10; y el desarrollo de nuevas capacidades misilísticas que vuelven impenetrables los sistemas defensivos estadounidenses. Irán, sostuvo, hasta ahora no ha atacado ciudades ni instalaciones en países árabes, sino que ha dirigido sus ataques contra bases estadounidenses utilizadas para lanzar ataques contra Irán.

La única manera de que los Estados árabes eviten ataques contra bases situadas en sus territorios es impedir que Estados Unidos utilice esas bases para atacar a Irán, una formulación que traslada la responsabilidad a los Gobiernos anfitriones y les ofrece una vía hacia la seguridad mediante la no cooperación con Washington. También se refirió a la invitación de Irán a los países del Golfo Pérsico para que se sumen al entendimiento entre Irán y Omán sobre el estrecho de Ormuz como una muestra de la buena voluntad iraní. Mientras Irán ofrece una asociación regional, los Estados del Golfo Pérsico buscan alianzas externas. El mensaje del general Rezai es que los países de la región permanecerán en Asia Occidental, mientras que EE.UU. se marchará.

En las dimensiones diplomática y económica, su punto más significativo se refiere a las consecuencias de la retirada estadounidense del memorando de Islamabad. Según afirmó, esa retirada provocó un cambio en la estrategia de Irán respecto a la guerra, las negociaciones y los esfuerzos para contrarrestar las sanciones económicas. La nueva estrategia de Irán en el estrecho de Ormuz incluye considerar zonas más amplias para hacer frente a los buques considerados no conformes en el Golfo Pérsico. Los ataques estadounidenses e israelíes contra las instalaciones nucleares de Irán, señaló el general Rezaei, han llevado a las instituciones iraníes a considerar el futuro de la pertenencia de Irán al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

Irán no se ha retirado hasta ahora del TNP y está considerando la cuestión de si permanecer en el tratado o retirarse de él. Sin embargo, reafirmó que la posición oficial de Irán sobre la prohibición de la producción y el uso de armas nucleares permanece intacta. Irán, vencedor en los ámbitos militar y diplomático En sus declaraciones del domingo, Qalibaf presentó una evaluación integral de la guerra de siete meses que reforzó y amplió el marco estratégico planteado por el general Rezai. Subrayó que, mientras Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra con objetivos específicos, oficialmente declarados y reiterados en numerosas ocasiones, no lograron ninguno de sus objetivos en ningún nivel, lo que marca la derrota absoluta de Estados Unidos y su aliado sionista.

Las declaraciones de Qalibaf tienen especial peso debido a su doble función como jefe del poder legislativo iraní y principal negociador del país. Rechazó explícitamente la dicotomía entre guerra y diplomacia, al afirmar que el país está preparado para ambas opciones. “Debemos luchar de manera racional y desde una posición de fuerza, y negociar con confianza y razón en el momento adecuado”, enfatizó. No existe ninguna ambigüedad que el enemigo pueda explotar ni margen para interpretaciones que permitan a Washington alegar un cumplimiento parcial. Las condiciones han sido comunicadas claramente a la otra parte a través de mediadores, señaló, y el enemigo sabe muy bien que el camino del engaño y la imposición unilateral está cerrado.

Se trata de un rechazo claro al estilo negociador estadounidense: la exigencia de concesiones unilaterales, el uso de la ambigüedad para obtener ventajas y la suposición de que la presión y las amenazas pueden obligar a la capitulación. También señaló el estrecho de Ormuz como un logro tanto militar como diplomático. Hasta que se cumplan todas las condiciones de Irán, se reconozcan sus derechos legítimos y se implementen los compromisos estadounidenses, no habrá posibilidad de volver a las condiciones anteriores para las negociaciones ni de reabrir el estrecho de Ormuz, declaró el principal negociador. La guerra de siete meses, afirmó, ha destruido la arquitectura regional que Estados Unidos construyó durante décadas: la red de bases, alianzas y garantías de seguridad que sustentaba la primacía estadounidense.

Lo que la sustituya debe ser construido por los países islámicos de la región. El nuevo orden debe ser regional, autóctono e islámico, un rechazo directo a las potencias externas que han dominado Asia Occidental durante mucho tiempo. “Demostraremos, apoyándonos en la voluntad histórica de nuestro pueblo, en la sabiduría de nuestros valientes comandantes sobre el terreno y en nuestra esperanza en la generación que ahora se encuentra en las aulas de las escuelas, seminarios y universidades, que el camino del futuro no se determinará mediante súplicas, sino mediante la racionalidad, el valor y la lucha”, afirmó. Informe: guerra con Irán deja al Ejército de EEUU al borde del colapso | HISPANTV La presión podría provocar el colapso de la capacidad militar de Estados Unidos para librar eficazmente una guerra contra Irán, según revela un informe. La guerra está lejos de terminar, pero el vencedor es Irán La guerra está lejos de terminar.

La Administración Trump continúa llevando a cabo ataques militares y ejerciendo presión económica, pero la trayectoria es más clara que nunca. El objetivo de la agresión no solo ha sobrevivido, sino que ha reconfigurado el orden regional a su favor. Siete meses de agresión estadounidense a gran escala no han deshecho lo que Irán ha construido. Y cualquier nuevo intento de atacar a Irán tendrá consecuencias adversas espectaculares, como advirtió el alto mando militar.

Las lecciones de esta guerra son profundas. Sugieren que el poder militar, por abrumador que sea, no siempre puede alcanzar objetivos políticos. También sugieren que EE.UU., pese a todo su poderío militar, ha entrado en una fase en la que su dominio regional y mundial ha llegado efectivamente a su fin. La historia juzgará esta guerra no por la retórica de los agresores, sino por sus resultados.

Y los resultados son claros. Estados Unidos inició una guerra para derrocar a la República Islámica, pero fracasó. Irán resistió y prevaleció. El agresor ha sido derrotado, no solo en el campo de batalla, sino también en el ámbito de los objetivos estratégicos, el posicionamiento diplomático y la credibilidad militar.

La guerra de siete meses ha demostrado que el poder estadounidense tiene límites importantes. Ha demostrado que Irán dispone de numerosas opciones. Y ha establecido, más allá de toda duda razonable, que el vencedor de esta guerra es Irán: militar, diplomática y estratégicamente.

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