Fallece María «Toto» Murillo, madre de los campeones, y mentora de Rosendo Álvarez

Fallece María «Toto» Murillo, madre de los campeones, y mentora de Rosendo Álvarez

Fallece María «Toto» Murillo, madre de los campeones, y mentora de Rosendo Álvarez El boxeo latinoamericano está de luto. El pasado lunes 8 de septiembre falleció en Panamá María de la Cruz “Toto” Murillo, la primera mujer entrenadora de boxeo en Panamá y una de las figuras más queridas y respetadas del pugilismo istmeño. Su muerte se conoció horas después del fallecimiento del excampeón mundial Ismael Laguna, en un día negro para el boxeo panameño. Nacida un 3 de mayo en la provincia de Colón, tierra de campeones, “Toto” rompió barreras en un deporte dominado por hombres y dedicó más de cuatro décadas al boxeo.

Empezó en el mítico gimnasio Pascual Ciela González de El Marañón en los 70 y 80, luego pasó al gimnasio de San Miguelito del argentino-panameño Luis Spada y finalmente a la famosa Cuadra Los Rockeros de Rogelio Espiño. Con su fuerte voz y carácter firme, se ganó el apodo de “La mamá de los boxeadores”. Para Nicaragua su nombre es historia pura. En los años noventa, “Toto” formó parte del equipo de trabajo de Luis Spada, quien dirigió parte de la carrera del bicampeón mundial nicaragüense Rosendo “El Búfalo” Álvarez.

Viajó innumerables veces a Managua, asistía en entrenamientos y en las esquinas, trabajando junto a entrenadores como Rigoberto Garibaldi y Rogelio Cousin. Estuvo en la esquina del Búfalo en sus mejores noches. Pero su legado va mucho más allá. Como asistente en la esquina trabajó con leyendas como Roberto “Mano de Piedra” Durán, Hilario “Bujía” Zapata, Víctor Córdoba, Carlos “El Púas” Murillo, Guillermo “Felino” Jones, Celestino “Pelenchín” Caballero y Luis “El Nica” Concepción.

Siempre en San Miguelito, abrió las puertas de su propio apartamento a jóvenes boxeadores, les daba techo, consejo y comida cuando más lo necesitaban. Se fue como los grandes, dejando una huella imborrable. El boxeo panameño y nicaragüense despiden a una pionera que no necesitó guantes para formar campeones. Descansa en paz, Doña Toto.

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