La carrera por construir robots humanoides suele medirse por lo que son capaces de hacer delante de una cámara. Tesla está empezando a enfrentarse a una métrica bastante menos vistosa: cuántos puede fabricar cada semana. Según un nuevo informe de The Information , la compañía produjo varios cientos de Optimus semanales durante agosto, frente a apenas unas decenas por semana durante las pruebas de pequeño volumen del segundo trimestre. Los responsables del programa quieren que la línea automatizada supere las 1.000 unidades semanales antes de terminar 2026.
Es un salto enorme en pocos meses. También pone sobre la mesa una paradoja: Tesla parece estar aprendiendo a fabricar Optimus más rápido de lo que Optimus está aprendiendo a trabajar. La fábrica avanza más rápido que el robot © Tesla. La cifra no ha sido anunciada directamente por Tesla y procede de fuentes consultadas por The Information .
Lo que sí confirmó la empresa en julio es que había desmantelado las líneas del Model S y Model X en Fremont para instalar allí las primeras líneas de Optimus. Las unidades iniciales, explicó, se destinarían a su “Optimus Academy”, centrada en recopilar datos y desarrollar nuevas funciones. El problema es que producir un cuerpo humanoide y conseguir que ese cuerpo se comporte como un trabajador generalista son dos desafíos distintos. Optimus puede ejecutar tareas para las que ha sido entrenado, pero todavía tiene dificultades cuando aparece una variación desconocida.
Según fuentes citadas por el reporte, aprender algunas tareas nuevas relativamente sencillas puede requerir varios días. En un entorno industrial, mover una caja no consiste solo en levantarla: hay que adaptarse a pesos diferentes, objetos caídos, obstáculos o posiciones que no coinciden exactamente con el entrenamiento. Tesla intenta resolverlo construyendo una especie de vocabulario de acciones básicas (agarrar, levantar, caminar o colocar) que la IA pueda combinar después para enfrentarse a situaciones nuevas. Medio millón de horas para enseñarle a moverse © Tesla.
Para alimentar ese sistema hacen falta datos. Tesla ya habría reunido más de 500.000 horas de entrenamiento mediante teleoperación, trajes de captura de movimientos y grabaciones de trabajadores realizando tareas reales. Según The Information , la compañía quiere duplicar esa cantidad antes de acabar el año. La estrategia se parece a una versión física del entrenamiento de un modelo de IA: Optimus necesita ejemplos de cómo se mueve un cuerpo dentro del mundo real.
Sin embargo, acumular demostraciones no garantiza que la máquina sepa reaccionar ante algo que nunca vio. Esa capacidad de generalizar lo aprendido sigue siendo uno de los grandes desafíos de la robótica humanoide . Y luego están las manos El otro obstáculo es mucho más tangible. Las manos y antebrazos de Optimus contienen más de 100 pequeños componentes y tornillos que todavía necesitan montaje manual.
La precisión requerida ha provocado problemas de alineación y unidades que deben volver a trabajarse después de salir de la línea. También hay dificultades de durabilidad. Algunos sensores táctiles han presentado fallos, por lo que Tesla desarrolló una especie de “guante” sensorial reemplazable . La idea es sustituir esa capa si se deteriora sin cambiar la mano entera.
Optimus queda así en una situación peculiar. Tesla ya pasó de fabricar unas pocas decenas de robots por semana a varios cientos y está intentando cruzar la barrera de los 1.000. Pero la escala industrial solo resuelve la mitad de la ecuación. Construir miles de humanoides es difícil .
Conseguir que cada uno reciba una orden nueva, la entienda y pueda repetirla durante meses sin romperse parece estar resultando bastante más complicado.