China ya no tiene un problema para vender coches eléctricos . El verdadero desafío empieza ahora, cuando millones de esos vehículos comienzan a acumular años de uso y sus baterías se degradan. Las autoridades chinas calculan que las baterías retiradas superarán el millón de toneladas anuales para 2030, una cifra muy superior a las aproximadamente 200.000 toneladas registradas en 2020. Y esto no hará más que crecer: en 2025, la producción y las ventas de vehículos de nuevas energías en China superaron los 16 millones de unidades, más de la mitad del mercado de coches nuevos del país.
Ese éxito comercial está generando una segunda industria enorme: la de decidir qué hacer con las baterías cuando dejan de ser aptas para mover un automóvil. Una batería de tracción no se vuelve inútil de un día para otro. Pero cuando su capacidad cae de forma significativa, deja de ser adecuada para el uso exigente de un vehículo eléctrico. En ese momento puede seguir teniendo valor para almacenamiento estacionario, reutilización o reciclaje, pero también puede convertirse en un riesgo si termina en circuitos informales.
Las baterías contienen litio, níquel, cobalto, manganeso y otros materiales valiosos . También pueden provocar incendios o liberar sustancias peligrosas si se manipulan mal. Por eso Pekín quiere controlar toda su vida útil. Cada batería tendrá una identidad digital Desde abril de 2026, China aplica nuevas normas provisionales para el reciclaje de baterías de vehículos eléctricos.
La idea central es sencilla: la batería debe seguir vinculada al coche hasta el momento del desguace. Si un vehículo eléctrico llega a un centro de desmantelamiento sin su batería de tracción, puede ser clasificado como incompleto. Con esto, el gobierno intenta impedir que las baterías terminen desviadas hacia talleres informales, canales no autorizados o vertederos. Además, cada batería deberá contar con una identidad digital y una plataforma nacional de trazabilidad seguirá su recorrido desde la producción hasta la venta, reparación, retirada y reciclaje.
Los fabricantes también tendrán mayores responsabilidades. Deberán establecer puntos de recogida en las regiones donde comercialicen sus productos y aceptar baterías retiradas procedentes de empresas de alquiler, reparación o intercambio. El reciclaje ya mueve una industria gigantesca China no parte desde cero. El país ya dispone de algunas de las mayores empresas de reciclaje de baterías del mundo.
Brunp Recycling, filial de CATL, asegura gestionar una parte muy importante de las baterías retiradas del mercado chino y cuenta con capacidad para procesar decenas de miles de toneladas al año. Algunas compañías afirman alcanzar tasas de recuperación superiores al 96 % para el litio y cercanas al 100 % para metales como níquel, cobalto y manganeso. El problema, por tanto, no es únicamente tecnológico. También hay que conseguir que cada batería llegue a una instalación autorizada.
Durante años, el sector ha tenido que enfrentarse a redes informales de reciclaje, falta de infraestructuras, costes elevados de desmontaje y baterías diseñadas de formas muy diferentes entre fabricantes. El gran problema es que las baterías no están estandarizadas Desmontar una batería de coche eléctrico puede ser complicado y costoso. Cada fabricante utiliza configuraciones, adhesivos, módulos y sistemas de refrigeración distintos. Esto dificulta automatizar el reciclaje y obliga a adaptar los procesos a múltiples diseños.
La situación se vuelve todavía más compleja con tecnologías como las baterías estructurales o los paquetes cell-to-pack, donde las celdas están integradas de manera mucho más directa en el conjunto. Por eso, las nuevas políticas chinas no se limitan a recoger baterías viejas: también buscan cambiar la manera en que se diseñan. China quiere que las baterías duren mucho más El plan industrial para el periodo 2026-2030 incluye objetivos de reciclaje, trazabilidad y desarrollo tecnológico. Entre ellos aparece la creación de un sistema de pasaporte de baterías, capaz de almacenar información sobre origen, materiales, huella de carbono y estado del producto.
También hay un objetivo mucho más ambicioso: impulsar la producción a gran escala de baterías de estado sólido para 2030. China también pretende desarrollar baterías de litio capaces de soportar hasta 15.000 ciclos de carga y descarga, lo que podría aumentar enormemente su vida útil y retrasar el momento en que llegan al reciclaje. La transición al coche eléctrico está creando así un problema que apenas empezaba a verse cuando comenzó el boom de ventas. China ya consiguió fabricar y vender millones de vehículos eléctricos.
Ahora necesita demostrar que también puede gestionar millones de baterías cuando esos coches lleguen al final de su vida útil. Fuente: Xataka.