Día Mundial de los Docentes: profesores iraníes convierten aulas devastadas por la guerra en símbolos de valentía y resiliencia

Día Mundial de los Docentes: profesores iraníes convierten aulas devastadas por la guerra en símbolos de valentía y resiliencia

Por: Maryam Bashirpour * El Día Mundial de los Docentes es una jornada en la que el mundo honra a quienes transmiten el conocimiento de una generación a otra. Pero en Irán, este día ya no es simplemente una fecha en el calendario. En este país, se ha convertido en un memorial vivo para los docentes que fueron asesinados en sus aulas, para quienes continuaron enseñando bajo la sombra de los bombardeos israelí-estadounidenses y para aquellos que perdieron a sus alumnos y aun así regresaron. En la reciente guerra impuesta, numerosas escuelas fueron blanco del enemigo malvado y asesino.

Entre ellas se encontraba la escuela primaria Shayare Tayebe, en Minab, donde más de 160 alumnos y docentes fueron asesinados a sangre fría la mañana del 28 de febrero. Era una mañana escolar cualquiera en Minab, una ciudad del sur de Irán. Las aulas estaban llenas de niños de entre siete y doce años. Habían acudido para aprender, leer, contar y, como los niños de cualquier lugar, pasar unas horas siendo simplemente niños, a salvo entre las paredes de su escuela.

Al terminar aquella mañana, al menos 168 de esos niños habían muerto, junto con docentes y padres que se encontraban allí con ellos. La escuela fue alcanzada dos veces por misiles Tomahawk mientras 264 alumnos se encontraban dentro de sus aulas. Muchas víctimas quedaron atrapadas bajo los escombros durante horas. Algunos cuerpos sufrieron daños tan graves que no pudieron ser identificados.

Y Minab no fue una tragedia aislada. Según el Ministerio de Educación de Irán, a finales de marzo de 2026, al menos 252 alumnos y docentes habían muerto y 184 profesores habían resultado heridos. Alrededor de 1300 centros educativos y administrativos resultaron dañados, mientras que al menos 1490 escuelas de 22 provincias fueron destruidas o afectadas por los bombardeos israelí-estadounidenses. La consiguiente crisis educativa afectó a casi 19 millones de estudiantes y sus familias.

Expertos de la ONU confirmaron que la escuela de Minab había sido alcanzada por misiles Tomahawk y describieron el objetivo como “un edificio civil claramente identificable” que funcionaba como escuela durante el horario en que los niños se encontraban en su interior. La inmensa mayoría de los fallecidos tenía entre siete y doce años. El ataque terrorista no provocado constituyó dos de las seis graves violaciones contra los niños identificadas por el Consejo de Seguridad de la ONU: la muerte y mutilación de niños y los ataques contra escuelas. En virtud del derecho internacional humanitario, las escuelas son bienes de carácter civil protegidos y no deben ser atacadas deliberadamente, a menos que se conviertan en objetivos militares.

La escuela de Minab no era un objetivo militar y los docentes que se encontraban allí no eran combatientes. Eran simplemente profesores. Permanecieron hasta el final: recuerdo de maestras mártires de Minab que antepusieron a sus alumnos a sus propias vidas | HISPANTV Las maestras de la escuela Shayare Tayebe, en Minab, permanecieron junto a sus alumnos durante el ataque estadounidense-israelí, dejando un legado de valentía, sacrificio y un compromiso inquebrantable con la educación. Cuatro frentes, una profesión El docente iraní afrontó en esta guerra cuatro frentes diferentes al mismo tiempo.

Y en cada uno de ellos dejó una parte de sí mismo. Docentes que decidieron permanecer en sus escuelas, incluso cuando estas habían dejado de ser los lugares más seguros de la ciudad. No borraron la pizarra y siguieron presentándose a trabajar. Mostraron a los niños que la vida podía continuar, incluso bajo la sombra de la guerra impuesta.

En ciudades sometidas a la amenaza constante de ataques, los docentes optaron por acudir a la escuela en lugar de quedarse en casa. No fue una decisión sencilla. Cada mañana, cada profesor que abría la puerta y entraba en un aula asumía conscientemente un riesgo y, aun así, acudía. Cuando los bombardeos se intensificaron y las escuelas comenzaron a cerrar una tras otra, la educación no se detuvo; cambió de forma.

En todo Irán, los docentes pasaron prácticamente de la noche a la mañana de las aulas físicas a las plataformas digitales. Profesores que habían dedicado toda su vida profesional a estar frente a una pizarra se encontraron de repente solos en aulas vacías, frente a pantallas de ordenador, enseñando a niños dispersos por ciudades y aldeas, muchos de los cuales aún temblaban al escuchar el sonido de las explosiones. El sistema nacional “Irán Digital” registró más de 507 000 nuevos alumnos durante la tercera guerra impuesta, elevando el número total de usuarios activos a unos 3,5 millones. Más de 134 000 estudiantes completaron sus cursos y recibieron certificados.

En un país sometido a bombardeos, en medio de cortes de Internet que se prolongaron durante casi tres meses, la rueda de la educación siguió girando. Pero los propios docentes rurales afirman que esto no fue suficiente. En algunas aldeas no había cobertura de red; las conexiones eran inestables y la educación en línea nunca podía sustituir a un aula real. Lo sabían y, aun así, continuaron, con los recursos de los que disponían, para unos niños que no podían permitirse quedarse atrás.

El tercer frente fue el más duro de todos. Un profesor que había estado sentado junto a un alumno durante años, que lo había llamado por su nombre, corregido sus cuadernos y visto cómo crecía, y que un día se enteró de que ya no estaba. Un profesor que asistió al funeral de su alumno. Un profesor que, al pasar lista, tuvo que retirar de ella nombres conocidos.

Este tipo de dolor no puede medirse. Y, sin embargo, los docentes iraníes transformaron ese dolor en determinación. En memoria de los alumnos que habían perdido, volvieron a enseñar. Volvieron a impartir clases y volvieron a luchar por los niños que permanecían.

En esta guerra, ser simplemente docente bastaba para poner a una persona en peligro. Los profesores fueron asesinados en las aulas, de camino a la escuela y dentro de sus propios vehículos. Algunos se habían jubilado años antes y ya ni siquiera trabajaban en las escuelas. Eran docentes que también eran madres y que dejaron hijos atrás.

Docentes que se habían casado recientemente. Docentes con títulos de maestría y doctorado que habían regresado a sus ciudades natales para servir a los niños de sus propias comunidades. Líder de Irán: “Conocimiento y moral cercenan las manos de agresores” | HISPANTV El Líder de Irán ha destacado el papel de la ciencia, la piedad y la moral en el futuro del país, y ha descrito el conocimiento como un escudo de acero ante agresiones. Un dolor inconmensurable Cuando comenzó el siguiente curso escolar, las aulas de todo Irán mostraban las inconfundibles señales de la ausencia: sillas vacías donde deberían haber estado sentados los alumnos que nunca regresaron y pupitres vacíos donde ya no estarían los profesores.

En muchas escuelas, las ceremonias de inicio del nuevo año académico se convirtieron en actos para honrar la memoria de los docentes y alumnos mártires. El coste psicológico de la guerra para el sistema educativo iraní ha sido profundo. Un estudio cualitativo realizado entre docentes y alumnos de educación primaria de la provincia de Qazvin concluyó que la repentina transición a la educación en línea durante la guerra trajo “múltiples niveles de conmoción, ansiedad, dificultades técnicas, presión psicológica, problemas de aprendizaje, sentimientos de añoranza y la necesidad de adaptación”. El rendimiento académico de los alumnos de duodécimo grado disminuyó un 43 %.

Los padres informaron de que sus hijos se habían vuelto más retraídos, cada vez más aislados de sus compañeros y privados de actividad física y de la interacción presencial con sus profesores. Y, sin embargo, nadie abandonó el aula. En el Día Mundial de los Docentes, la comunidad internacional celebra el lema “reimaginar la enseñanza como una profesión colaborativa”, un llamamiento a reconocer a los docentes no como individuos aislados, sino como pilares del desarrollo humano colectivo. En Irán, esto no es un ideal abstracto, sino una realidad vivida, escrita con sangre y polvo de tiza.

Los docentes iraníes han demostrado lo que significa colaborar cuando toda una profesión se encuentra bajo fuego. Compartieron planes de estudio a través de conexiones inestables. Convirtieron sus hogares en aulas. Organizaron sesiones de apoyo psicológico en línea.

Mantuvieron sus cámaras encendidas para preservar una sensación de conexión humana. Y, mientras lloraban a los colegas y alumnos que habían perdido, continuaron enseñando. Pero la resiliencia no sustituye a la justicia. El ataque deliberado contra escuelas, el asesinato de niños en las aulas y el asesinato de docentes constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario.

Expertos de la ONU han documentado estos horrendos crímenes de guerra, pero la rendición de cuentas sigue fuera de alcance. La comunidad internacional no puede celebrar a los docentes mientras guarda silencio sobre quienes fueron asesinados simplemente por ser profesores. En este Día Mundial de los Docentes, el mundo debe recordar a los profesores de Irán: al docente que permaneció en el aula, al que enseñó en línea, al que enterró a un alumno y al que nunca regresó a casa. Debe recordar al padre que cada mañana acude a la tumba de su hija, una profesora.

Debe recordar a la madre que se sienta junto a su hijo frente a una pantalla de ordenador, escuchando al mismo tiempo una clase y el sonido de las bombas. Y debe preguntarse: si un profesor no puede estar seguro en el aula, ¿dónde está a salvo un niño en el mundo? Los docentes iraníes ya han respondido a esa pregunta, no con palabras, sino con sus vidas. Se quedaron, enseñaron y se negaron a abandonar el aula, incluso cuando esta se convirtió en una tumba.

Ahora le corresponde al mundo responder. * Maryam Bashirpour es investigadora universitaria y escritora radicada en Teherán. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV

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