En 1916 los soldados vieron aparecer una máquina que no sabían cómo detener. Ucrania está viviendo otra vez esa pesadilla, pero ahora viene desde el cielo

En 1916 los soldados vieron aparecer una máquina que no sabían cómo detener. Ucrania está viviendo otra vez esa pesadilla, pero ahora viene desde el cielo

Hay algo especialmente perturbador en las imágenes de un dron volando lentamente sobre una trinchera mientras deja caer una cascada incandescente. No se parece demasiado a la imagen tradicional de un bombardeo y, precisamente por eso, resulta tan inquietante. La tecnología tampoco es completamente nueva. Ucrania comenzó a mostrar públicamente sus llamados “drones dragón” en septiembre de 2024 : cuadricópteros modificados capaces de transportar y dispersar termita, una mezcla incendiaria que puede alcanzar temperaturas cercanas a los 2.200 °C.

Desde entonces, la guerra de drones no ha dejado de evolucionar. Un nuevo vídeo difundido estos días vuelve a mostrar esa escena casi imposible: varios aparatos sobrevolando una posición mientras el terreno comienza a arder debajo. Y quizá lo más interesante no sea preguntarse si estos drones van a transformar por sí solos el campo de batalla. Es recordar que los soldados llevan más de un siglo viviendo exactamente esa sensación: descubrir una nueva forma de morir cuando todavía no existe una manera clara de defenderse de ella.

En 1915 apareció una nube. En 1916, una máquina atravesó la trinchera © Frank Hurley / CC. La Primera Guerra Mundial convirtió ese proceso en una constante. El 22 de abril de 1915, durante la Segunda Batalla de Ypres, las fuerzas alemanas lanzaron una enorme nube de cloro contra posiciones aliadas.

Muchos soldados apenas comprendían qué estaba avanzando hacia ellos. Las primeras respuestas fueron casi desesperadas. Existen testimonios de tropas utilizando telas húmedas e incluso improvisando protecciones antes de que aparecieran máscaras eficaces. Con el tiempo, las alarmas, respiradores y rutinas contra ataques químicos terminaron integrándose en la vida cotidiana de las trincheras.

Para 1917, las tropas británicas ya realizaban controles diarios del equipo antigás. Después apareció algo todavía más extraño. El 15 de septiembre de 1916, los primeros tanques Mark I entraron en combate durante la batalla de Flers-Courcelette . De los 49 preparados para aquella operación, solo 32 alcanzaron la línea de partida y finalmente apenas 18 participaron: eran lentos, se averiaban y podían quedar atrapados fácilmente.

Pero para quienes estaban enfrente había un problema mucho más inmediato: nunca habían visto una máquina blindada avanzar atravesando alambre de espino y trincheras mientras las ametralladoras apenas conseguían detenerla. Los drones dragón producen exactamente ese tipo de desconcierto © ZvezdaNews. Un siglo después, la tecnología ha cambiado de dirección. Los drones de termita no necesitan abrirse paso por una trinchera.

Pueden convertir el propio escondite en el objetivo. Las líneas de árboles son especialmente importantes en Ucrania porque ocultan soldados, vehículos, depósitos y municiones de la vigilancia aérea. Un dron cargado con termita puede recorrer esas posiciones desde arriba, incendiar vegetación y exponer o destruir material escondido. Le Monde documentó ya en 2024 su utilización precisamente con ese objetivo.

La modificación, además, puede ser sorprendentemente sencilla: un cuadricóptero, un depósito de material incendiario y un sistema de ignición . Esa facilidad hizo que desde el principio los analistas anticiparan que Rusia podría copiar rápidamente el concepto. Eso no convierte al “dragón” en un arma invencible. Su utilidad es específica y funciona mejor cuando forma parte de una operación más amplia.

Pero su efecto psicológico resulta evidente: un refugio que protegía frente a la observación puede empezar a arder desde arriba. The insane landscape of modern drone warfare. Including "dragon drones" dropping molten iron (thermite) onto structures and trenches. pic.twitter.com/QRbeW2ffuE Donald Mitchell (@DonaldPMitchell) October 4, 2026 El verdadero cambio de la guerra es que nunca da tiempo a acostumbrarse © Frank Hurley / CC. Ahí está el paralelismo con 1915 y 1916.

No significa que el dron sea “el nuevo tanque” o que la termita equivalga al gas venenoso. Son tecnologías, escalas y contextos completamente diferentes. Lo que se repite es otra cosa. Un soldado aprende dónde esconderse de la artillería y aparecen drones FPV .

Aprende a ocultarse entre árboles y aparecen cámaras térmicas. Llegan los sistemas de interferencia electrónica y después aparecen drones capaces de operar con cada vez menos dependencia de una señal externa. La carrera continúa incluso en 2026 , con ambos bandos desarrollando nuevas generaciones de drones e interceptores para superar las contramedidas del rival. La Primera Guerra Mundial dejó una enseñanza especialmente oscura: una tecnología no necesita decidir una guerra para transformar completamente la experiencia de quienes tienen que sobrevivirla.

Los primeros tanques estaban llenos de defectos. El gas perdió parte de su eficacia cuando aparecieron mejores máscaras. Los drones dragón tampoco son armas milagrosas. Pero para el soldado que ve algo completamente nuevo acercándose a su posición, todo eso llega después.

Primero tiene que descubrir qué demonios es y cómo seguir vivo cuando vuelva a aparecer.

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