Cómo disfrutar un destino sin dañar su ecosistema: lecciones de Roatán, en el Caribe hondureño, para los viajeros

Cómo disfrutar un destino sin dañar su ecosistema: lecciones de Roatán, en el Caribe hondureño, para los viajeros

Bloomberg Línea — Roatán, el mayor archipiélago de Islas de la Bahía, en el Caribe de Honduras, recibió entre enero y julio a más de 1,8 millones de visitantes nacionales y extranjeros —un récord según la Municipalidad—, gracias a más llegadas de cruceros y por viajeros que se quedan más tiempo. A ese ritmo, más que preguntarse cuántos llegan, conviene mirar qué impacto dejan. Porque hay un dato que suele pasar inadvertido en la fila de desembarco: el municipio insular no es solo un sitio de playas de arena blanca y aguas cristalinas. Es también un área protegida. “Aparte de ser un destino turístico, estas islas albergan un área protegida: el Parque Nacional Marino Islas de la Bahía”, dijo Indira Brooks, gerente de Comunicaciones y Programas Sociales en Roatán Marine Park (RMP), la organización cogestora del parque.

Es el área marina protegida más grande del país, que va desde diez metros tierra adentro de la zona costera hasta los 60 metros de profundidad y hasta 12 millas náuticas mar adentro, dividida en zonas que regulan qué se puede hacer y qué no en cada una. El parque existe por algo más grande que la isla. Las Islas de la Bahía forman parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera coralina más grande del mundo, esa “L” que comparten Honduras, Belice, Guatemala y México. “Estos ecosistemas que vemos aquí son hermosos, pero también son frágiles”, dijo Brooks, durante un webinar sobre turismo sostenible en Honduras a propósito de la Semana Morazánica. Protegerlos es el trabajo del RMP desde 2005, a través de cuatro programas: patrullaje marino, infraestructura marina, investigación y desarrollo comunitario, que incluye proyectos educativos, turismo sostenible y fortalecimiento de capacidades.

En ese contexto, el Parque lidera una campaña para concientizar a los visitantes sobre el impacto que generan sus decisiones durante la visita, sea positivo o negativo, grande o pequeño. Lo que debemos tratar de hacer es que ese impacto negativo sea lo menor posible. Muchas veces pensamos: ‘solo soy yo, es una sola persona, no pasa nada’. Pero si tenemos a cien personas o a mil pensando de la misma forma, el impacto se hace mucho más grande.

Una mala decisión individual multiplicada por miles de turistas en un solo fin de semana puede dejar un daño que tarda en recuperarse" Indira Brooks, gerente de Comunicaciones y Programas Sociales en RMP. La buena noticia es que no se trata de dejar de disfrutar, sino de contar con las herramientas para un estadía inolvidable y, al mismo tiempo, positiva para la isla. Antes de empacar La decisión responsable comienza en casa, al momento de preparar la maleta, con la elección del bloqueador solar. “Ya no basta con comprar uno que diga que es ‘amigable con el arrecife’. Yo siempre les invito a revisar los ingredientes”, advirtió Brooks.

Ingredientes como la oxibenzona, la avobenzona o el octinoxato —entre seis y siete petroquímicos comunes en estas fórmulas— “afectan la producción de larvas de muchas especies de peces”, debilitan los corales —que se vuelven más propensos a enfermedades—. La alternativa está en bloqueadores a base de minerales, libres de petroquímicos, e incluso en usar camisa UV de manga larga, que reduce la necesidad de cubrirse el cuerpo con protector. Entrar al mar es entrar a un ecosistema que provee alimento, refugio y protección contra tormentas. Las reglas de convivencia son simples.

Mantener flotabilidad y distancia prudente al hacer snorkel o buceo; si se necesita descansar, buscar zonas de arena. “Jamás se apoyen o pongan un pie sobre los corales o los pastos marinos. Muchas personas los ven como maleza, pero allí hay un vivero: es el hogar de muchas especies”, dijo Brooks. “El coral no es una piedra, es un animal que está vivo. No nos apoyemos, no lo pateemos: es su hogar”. Luego viene la foto.

O mejor dicho, la foto que no debería tomarse. Sacar estrellas de mar del agua para retratarse se volvió práctica viral en los últimos años, y ahí está justo el daño. “Las estrellas de mar son preciosas, pero se ven aún más preciosas vivas. Con solo tocarlas o sacarlas del agua se estresan. Necesitan respirar, y ellas respiran bajo el agua”, refirió Brooks.

El problema, además, se multiplica, según advirtió la especialista. “No es solo esta persona: hay cinco, seis, siete personas detrás de ti que vieron lo que hiciste, lo vieron publicado en redes y dicen: ‘yo, cuando vaya a Roatán, voy a hacer lo mismo’”. En la arena De vuelta en la playa, el siguiente dilema es cuando el turista ve una concha, un caracol, un pedazo de coral como recuerdo de su viaje. “Este tema puede parecer inocuo a simple vista, pero tiene un gran impacto”, dijo Brooks. La mayoría de esos souvenirs provienen de la explotación de especies marinas, en un ecosistema que ya está en peligro por el cambio climático y la contaminación. “Estas prácticas son ilegales e insostenibles”. Aquí, al comprar, “estamos creando demanda.

Si los vendedores ven que las personas no lo compran, lo van a dejar de sacar”, explicó Brooks. Lo que sí se puede llevar son “esos buenos momentos que pasaron con los familiares, con los amigos”. La basura, por el contrario, debe salir de la isla junto con quien la genera. Las bolsas de plástico terminan en el mar, donde las tortugas las confunden con medusas, y pueden quedar atrapadas o ahogarse tratando de comerlas.

Y aunque el municipio de Roatán prohíbe los plásticos de un solo uso, “eso no significa que no hay plástico en la isla. Todavía tenemos mucho que trabajar para reducir el consumo”, aclaró Brooks. Su regla es que si hay opción entre plástico, papel o un envase reutilizable, elegir siempre papel o lo reutilizable. Llevar su propia botella o tumbler —algunos hoteles los venden— y reutilizar las bolsas de tela del supermercado.

En la mesa y fuera de la playa Probar la gastronomía local es parte de la experiencia, y en una isla eso suele significar mariscos. El RMP tiene una guía en formato de semáforo que clasifica las especies. En verde, las mejores opciones: atún, jureles, mahi-mahi y wahoo, recomendadas por ser especies de poblaciones saludables y rápida reproducción. Además del pez león, una especie invasora.

Y para este último, Brooks enfatizó: “Coman todo el pez león que puedan comer”. En rojo, los que es mejor evitar, como meros, pargos, tortugas marinas y tiburón, debido a que cumplen funciones vitales en el equilibrio del arrecife y se reproducen despacio. La guía también deja espacio para impulsar el turismo comunitario con experiencias diseñadas junto a los isleños. Una es la de Grace Belide, guía con más de veinte años de oficio, que une gastronomía, tés y medicina natural en su Grace’s Tea Tour. “¿Qué mejor manera de experimentar la cultura que hablando con los locales, sobre la comida, la historia, cómo fueron criados?”, propuso Brooks.

La otra es Island Honey Tours, un negocio familiar propiedad de la familia Flores, que pasó de la pesca a la apicultura con el apoyo del Parque Marino Roatán a través de un proyecto sostenible de medios de vida en 2015. Para los curiosos de la ciencia, está el Centro de Restauración de Corales del RMP, inaugurado en 2025 con apoyo del Coral Research & Development Accelerator Platform y la California Academy of Sciences. “Somos los únicos en Honduras y en Centroamérica que contamos con esta tecnología para restaurar corales de forma asexual”, dijo Brooks. “El centro está creando súper corales; corales resistentes a las altas temperaturas”. Para Brooks, “el futuro del arrecife está en tus manos. Y no solamente el del arrecife, sino el de todos los ecosistemas: de los que vivimos aquí, de los que visitan, de todos.

Este tesoro nacional necesita que todos hagamos nuestra parte”.

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