Bloomberg Línea — La cartera tradicional compuesta por un 60% de acciones y un 40% de bonos podría volver a ofrecer una mejor relación entre riesgo y rendimiento para los inversores de largo plazo, según Goldman Sachs Research (GS). Sin embargo, para los próximos meses, el banco considera que las acciones tienen mejores perspectivas relativas, mientras que el atractivo de la renta fija depende del horizonte de inversión, el riesgo asumido y su rendimiento frente al efectivo. “Cuanto más se extiende tu horizonte de inversión, más necesitas pensar en una asignación más normal a los bonos”, sostiene Christian Mueller-Glissmann, responsable de asignación de activos de Goldman Sachs Research, en un análisis publicado el 8 de octubre. Durante los últimos cinco años, la asignación óptima a bonos estuvo cerca del 0%, en un período en el que la renta fija registró uno de sus peores rendimientos acumulados en ventanas móviles de cinco años del último siglo, mientras las acciones tuvieron un desempeño sólido. ¿Por qué las acciones tienen mejores perspectivas en el corto plazo? Goldman Sachs Research espera que el crecimiento de las ganancias empresariales respalde a las acciones durante los próximos meses, en particular por el impulso del sector tecnológico y de las compañías vinculadas con la inteligencia artificial (IA).
Los nuevos productos y servicios basados en esa tecnología abren oportunidades para generar ingresos adicionales. “Las acciones pueden amortiguar en muchos casos el efecto de los mayores rendimientos de los bonos gracias al sólido crecimiento de las ganancias empresariales”, señala Mueller-Glissmann. Una caída de los rendimientos de la renta fija podría beneficiar tanto a las acciones como a los bonos. Aun así, el banco advierte que las tensiones en Medio Oriente, la política monetaria restrictiva y las inversiones en infraestructura de IA complican el escenario de corto plazo. ¿Qué atractivo tienen hoy los bonos? El rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años ronda el 5,3%, por encima del promedio histórico del 4,7% que Goldman Sachs Research calcula para los últimos 250 años.
Para Mueller-Glissmann, ese nivel constituye un punto de partida razonable para invertir en renta fija a largo plazo. Los mayores rendimientos ofrecen más ingresos por mantener bonos, lo que puede amortiguar caídas de sus precios. Sin embargo, el riesgo de estos activos continúa elevado por la incertidumbre sobre la inflación y la política monetaria, además de las tensiones geopolíticas. Frente al efectivo, el rendimiento esperado de los bonos no resulta necesariamente atractivo, según Goldman Sachs Research.
En cambio, puede haber más valor en la deuda pública de corto y mediano plazo: sus rendimientos son similares a los de los títulos de vencimientos más largos, pero sus tasas tendrían menos margen para subir sustancialmente por decisiones de los bancos centrales. ¿Qué riesgos enfrenta la cartera 60/40? Los bonos no siempre compensan las pérdidas de las acciones. Goldman Sachs Research señala que la correlación entre ambas clases de activos ha sido positiva recientemente, por lo que sus precios se movieron en la misma dirección en numerosos casos. La volatilidad de los precios de la energía, las tensiones en Medio Oriente y una política monetaria restrictiva presionan al alza los rendimientos de los bonos y afectan a las acciones.
En Europa, el aumento de los rendimientos de los títulos soberanos de Francia e Italia frente a los de Alemania agrega volatilidad y riesgo cambiario para los inversores expuestos a esos mercados. En ese contexto, los bonos del Tesoro estadounidense, los títulos alemanes y la deuda pública británica podrían beneficiarse de una mayor demanda de refugio ante las preocupaciones sobre algunos emisores soberanos europeos. La correlación entre acciones y bonos podría volverse más negativa si continúa la normalización de la inflación. Goldman Sachs Research advierte que un endurecimiento excesivo de las condiciones financieras podría deteriorar las perspectivas de crecimiento, frenar la caída de los precios de los bonos y favorecer una mayor diversificación entre ambas clases de activos. ¿Cómo diversificar una cartera para la próxima década?
Desde la Segunda Guerra Mundial, la proporción óptima promedio de bonos en una cartera fue del 40%, según Mueller-Glissmann, en línea con la estrategia 60/40. Para estimar la asignación más conveniente en los próximos cinco a diez años, Goldman Sachs Research utiliza escenarios macroeconómicos con distintas trayectorias de crecimiento del producto interno bruto (PIB), inflación y rentabilidad empresarial. Pese a la mejora de las perspectivas de la cartera equilibrada a largo plazo, el banco duda de que vuelvan a darse condiciones tan favorables como las anteriores a la pandemia de Covid-19. Por eso, considera que la selección de activos y la diversificación tendrán un papel más relevante. “Nuestro principio central para construir una cartera para la próxima década es que se necesita exposición a la innovación, protección frente a la inflación y una mejor mitigación del riesgo”, afirma Mueller-Glissmann.
En acciones, ese enfoque apunta a favorecer las compañías tecnológicas y los activos reales. En renta fija, Goldman Sachs Research identifica argumentos a favor de los bonos ajustados por inflación, como los Treasury Inflation-Protected Securities (TIPS), en un contexto de aumento de los rendimientos reales. La diversificación también puede incorporar fondos de cobertura (hedge funds), capital privado (private equity) y activos reales. Las estrategias basadas en factores, como las acciones de baja volatilidad y determinados títulos con altos rendimientos por dividendos, pueden reducir el riesgo porque tienden a mostrar una correlación negativa con las acciones tecnológicas.
Por su parte, los asesores de trading de materias primas (commodity trading advisors, CTA) han ofrecido históricamente protección frente a la inflación y cierta cobertura durante las crisis. El análisis no plantea aumentar indiscriminadamente la exposición a los bonos. Su atractivo depende del horizonte de inversión y de cuatro factores: el rendimiento relativo de cada activo, su riesgo, los beneficios de diversificación derivados de la correlación y el rendimiento frente al efectivo. Para los inversores de largo plazo, la cartera 60/40 vuelve a ser una referencia posible, aunque requerirá una selección más cuidadosa de activos.