Italia lleva décadas discutiendo cómo unir Sicilia al continente. Un arquitecto propone esconder la conexión en el mar

Italia lleva décadas discutiendo cómo unir Sicilia al continente. Un arquitecto propone esconder la conexión en el mar

Entre la punta de la bota italiana y la isla de Sicilia hay apenas unos kilómetros de mar: el estrecho de Mesina. Cruzarlo hoy obliga a tomar un ferry. Unir ambas orillas con una obra fija es uno de los proyectos más debatidos de la ingeniería europea desde hace más de medio siglo, y la versión oficial, un puente colgante gigantesco , todavía no termina de arrancar. En medio de esa discusión, un arquitecto italiano presentó una alternativa radical: un túnel que no se apoya en el fondo del mar, sino que flota bajo la superficie.

El «Puente de Arquímedes» La propuesta es del arquitecto Angelo Renna, que la presentó en 2024 junto a Kittan Kodijat. Se trata de un túnel sumergido flotante , una tecnología conocida en ingeniería como «puente de Arquímedes», porque se basa en el principio de flotación que formuló el sabio griego, nacido precisamente en Sicilia. El tubo recorrería unos 6 kilómetros entre ambas orillas, suspendido a unos 50 metros bajo el agua. En lugar de anclarse al lecho marino, se sostendría desde arriba mediante pontones flotantes.

Tendría carriles laterales para autos y camiones, una franja central para trenes de alta velocidad y un nivel inferior con una ciclovía rodeada de vegetación. Las piezas serían prefabricadas y, en teoría, podrían desmontarse al final de su vida útil. Un archipiélago artificial en medio del mar Lo más llamativo es lo que se vería desde la superficie. Los pontones que sostienen el túnel formarían una cadena de pequeñas islas artificiales separadas por unos 500 metros.

Según el diseño, tendrían vegetación para atraer aves y estructuras submarinas en forma de «colina invertida» pensadas para favorecer la biodiversidad marina. Para Renna, una de las ventajas es que el túnel «permite el máximo cruce en superficie para todo tipo de embarcaciones», sin torres ni cables visibles desde la costa. El arquitecto cita como referencia el puente flotante de Bergsøysund, en Noruega, inaugurado en 1992, y recuerda que ese país estudia desde hace años la construcción de túneles sumergidos flotantes para cruzar sus fiordos. El rival: el puente colgante más largo del mundo La propuesta compite con un proyecto oficial muy distinto: el puente del estrecho de Mesina, impulsado por la empresa pública Stretto di Messina .

Tendría unos 3.666 metros de largo y 61 de ancho, con un único tramo central colgado de dos torres de 399 metros de altura. Si se construye, sería el puente colgante con el vano más largo del mundo. Llevaría tres carriles por sentido, carriles de servicio y dos vías de tren. Sin embargo, las obras todavía no comenzaron.

El proyecto debe obtener nuevamente el visto bueno de los organismos de control del Estado italiano, y la empresa espera entrar en la fase de ejecución antes de fines de 2026. Por qué nadie construyó todavía un túnel flotante La gran incógnita es que no existe ningún túnel sumergido flotante a escala real en el mundo . La propia empresa Stretto di Messina explica por qué descartó esa opción: no hay antecedentes en zonas con alta actividad sísmica y fuertes corrientes marinas, la seguridad estructural y el mantenimiento a largo plazo son inciertos, y existe el riesgo de impacto de barcos hundidos o de sabotajes. El estrecho de Mesina es, además, una de las zonas sísmicas más activas de Europa: en 1908 un terremoto y un tsunami arrasaron Mesina y Reggio Calabria.

Renna lo sabe, y por eso plantea su proyecto más como una invitación a debatir que como un plan listo para construir. Según el arquitecto, la discusión «no debería limitarse a la conveniencia de levantar o no un puente», sino incluir la sismicidad, el ecosistema marino, el costo y el efecto en las comunidades costeras.

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