Por: Arman Shariati Una ofensiva respaldada por Arabia Saudí en dirección a Zubab se vino abajo en cuestión de horas, dejando al descubierto la falsedad de las afirmaciones sobre los avances en el campo de batalla y los fallos de la guerra informativa, en un contexto marcado por la continuidad de los avances militares yemeníes frente a las fuerzas mercenarias. En las primeras horas del 5 de octubre, fuerzas mercenarias respaldadas por Arabia Saudí lanzaron una ofensiva a lo largo de la carretera costera del suroeste de Yemen, en dirección a Zubab, localidad que domina el estrecho de Bab el-Mandeb. Al caer la tarde, los medios afines a estas fuerzas ya proclamaban la caída de Zubab. Horas después, llegaron incluso a afirmar, también falsamente, que habían tomado Al-Moja.
En menos de una jornada de operaciones, las fuerzas militares yemeníes habían cercado la incursión, recuperado el terreno y difundido imágenes con marcas de tiempo que mostraban a sus combatientes desplegados sin contratiempos a lo largo de la costa de Bab el-Mandeb. Mientras tanto, los residentes locales se burlaban abiertamente del supuesto avance de los mercenarios saudíes. Las fuerzas atacantes terminaron replegándose a sus posiciones iniciales. Los acontecimientos registrados a lo largo de esa carretera costera —el asalto, la euforia propagandística, el rápido revés militar y el derrumbe del relato oficial— constituyen un revelador ejemplo de cómo la guerra informativa se ha integrado estructuralmente en la desastrosa campaña militar de Arabia Saudí en Yemen.
Las presiones que motivaron la ofensiva Para comprender lo ocurrido el 5 de octubre, es necesario examinar los acontecimientos previos. Las fuerzas militares yemeníes habían consolidado importantes avances territoriales en el sur y el suroeste de la provincia de Taiz. No se trataba de progresos marginales, sino de la toma de zonas que abarcan miles de kilómetros cuadrados. El cerco sobre la ciudad de Taiz se estrechaba por sus accesos septentrionales y orientales, ejerciendo una presión estratégica deliberada que podría allanar el camino para arrebatar el control de la ciudad a las facciones mercenarias respaldadas por Arabia Saudí que actualmente la mantienen.
Aún más simbólica y políticamente perjudicial fue la caída de la residencia de Rashad al-Alimi, presidente del denominado Consejo Presidencial de Liderazgo (CPL), respaldado por Arabia Saudí. La coalición liderada por Riad y sus aliados locales estaban perdiendo terreno con rapidez. Una operación que pudiera presentarse como un avance decisivo hacia el estrecho de Bab el-Mandeb ofrecería a las fuerzas del CPL una victoria militar y propagandística que necesitaban con urgencia. Bab el-Mandeb representa precisamente el tipo de objetivo estratégico cuya vinculación con una operación militar puede generar una atención mediática desproporcionada, independientemente de los resultados reales sobre el terreno.
Combatientes yemeníes en la residencia de Rashad al-Alimi, frente de Taiz. Las fuerzas atacantes La ofensiva estuvo encabezada por dos formaciones: las Brigadas de los Gigantes del Sur (Al-Amaliqa al-Yanubiyya) y las Brigadas Escudo de la Nación (Dira’ al-Watan), a las que se sumaron aproximadamente un centenar de combatientes mercenarios saudíes, según medios afines a Riad. La trayectoria de ambas formaciones cuestiona que puedan presentarse como fuerzas yemeníes convencionales que operan bajo la autoridad del denominado Consejo Presidencial de Liderazgo (CPL). Las Brigadas de los Gigantes son una fuerza sureña de orientación salafista cuyos orígenes están estrechamente vinculados al patrocinio de Emiratos Árabes Unidos.
Armadas, entrenadas y financiadas por Abu Dabi, fueron configuradas institucionalmente como parte de la arquitectura militar paralela emiratí en Yemen: una red de fuerzas, incluidas formaciones separatistas, que operaba con considerable autonomía respecto de la estructura de mando de la coalición liderada por Arabia Saudí. Su realineamiento nominal bajo el marco del CPL, tras la retirada estratégica parcial de Emiratos del escenario yemení, no implica necesariamente que hayan desaparecido las relaciones de mando, las redes de patronazgo o la orientación ideológica establecidas durante sus años de formación. Siguen siendo una de las formaciones con mayor capacidad de combate de la coalición. Sin embargo, su relación con el CPL se entiende mejor a través de la convergencia de intereses y los vínculos de patronazgo que mediante la presunción de una lealtad institucional unificada.
Las Brigadas Escudo de la Nación, por su parte, mantienen una orientación más directamente vinculada a Riad y funcionan de forma más próxima a la estructura mercenaria tradicional de Arabia Saudí en Yemen. El despliegue conjunto de ambas formaciones a lo largo de un mismo eje costero, acompañado de un contingente de mercenarios saudíes, apunta a la conformación deliberada de una fuerza operativa, más que a una incursión improvisada. El dispositivo mediático que acompañó la operación, como veremos, refuerza esta interpretación. El desarrollo del asalto Las fuerzas atacantes avanzaron por la carretera costera situada al sur de Al-Moja, en dirección al distrito de Zubab.
La ruta atraviesa un terreno relativamente abierto, y los informes sobre la disposición militar local sugieren que la presencia de guarniciones yemeníes en la franja costera inmediata era limitada. En esas condiciones, la lógica defensiva aconseja concentrar las fuerzas en puntos de estrangulamiento defendibles en las tierras altas adyacentes, en lugar de mantener un despliegue lineal y disperso sobre terreno expuesto. Sin embargo, pese al intenso apoyo de fuego saudí, las fuerzas atacantes no lograron superar el perímetro exterior de Zubab a lo largo de la carretera costera. Llegaron hasta el perímetro del aeropuerto de Zubab, pero no entraron en la ciudad.
En las inmediaciones del aeropuerto, las fuerzas invasoras se grabaron mientras pasaban con sus vehículos por encima de combatientes heridos de la pequeña guarnición militar yemení. Las imágenes, difundidas posteriormente a través de canales de Telegram afines a Arabia Saudí, parecían haber sido publicadas por los propios mercenarios como prueba de su avance y espíritu de combate. Sin embargo, el material documentaba abusos contra combatientes en una posición aislada, incluida la mutilación de cadáveres, convirtiendo unas imágenes que pretendían exhibir éxitos en el campo de batalla en pruebas de conductas que requieren un examen independiente desde la perspectiva de los derechos humanos. Las imágenes también tuvieron consecuencias más allá de su grave dimensión humanitaria.
Desde el punto de vista militar, documentaban un enfrentamiento localizado contra una posición aislada, no una ruptura de las líneas defensivas a lo largo del eje costero. Esta distinción resultaría crucial apenas unas horas después, cuando la operación en su conjunto quedó estancada y comenzaron a desmoronarse las afirmaciones de la coalición sobre sus avances. El material destinado a proyectar una imagen de impulso militar terminó complicando el relato de una ofensiva cuya magnitud anunciada y relevancia estratégica excedían ampliamente las ganancias territoriales demostradas. Fuerzas respaldadas por Arabia Saudí arrollan con vehículos blindados a combatientes heridos y cadáveres.
El cerco y el revés militar Según fuentes sobre el terreno, pocas horas después de que las fuerzas atacantes alcanzaran el extremo de la carretera costera, las fuerzas de Saná habían cercado la reducida zona de la incursión y comenzado a presionar para recuperar el terreno. La cronología resulta fundamental: no se trató de un repliegue gradual desarrollado a lo largo de varios días, sino de un cerco y una contraofensiva que tuvieron lugar durante la misma jornada en que se produjo el avance inicial. El revés tiene una clara dimensión geográfica. Las fuerzas militares yemeníes, encabezadas por el movimiento Ansarolá, controlan la cordillera de Al-Omari y la base del mismo nombre, situadas al este de Al-Moja y al oeste de Taiz.
Estas elevaciones ofrecen una posición dominante desde la que observar buena parte del corredor costero e interceptar los movimientos a lo largo de la carretera. Cualquier fuerza que avance por la costa sin neutralizar previamente las posiciones de Al-Omari corre el riesgo de operar bajo vigilancia constante, con los flancos y las líneas de suministro expuestos a las fuerzas que controlan las alturas dominantes. Las fuerzas atacantes no tomaron Al-Omari ni estaban en condiciones de hacerlo. Asegurar la cordillera y la base asociada habría requerido una operación mucho más amplia y compleja que la preparada para el avance costero.
Al mismo tiempo que se desarrollaba el cerco sobre el terreno, las fuerzas militares yemeníes lanzaron ataques con misiles y drones contra concentraciones de efectivos de las Brigadas de los Gigantes y de Escudo de la Nación en la zona de Ras al-Ara. Según fuentes sobre el terreno, los ataques causaron bajas entre sus filas y destruyeron varios vehículos militares. Un detalle crucial es que corresponsales de medios afines a Arabia Saudí se encontraban integrados en las fuerzas atacantes cuando se produjeron los ataques. Algunos fueron grabados en tiempo real en el lugar de los hechos.
Así, el aparato mediático desplegado para documentar un triunfo militar terminó captando una realidad muy distinta: una operación que perdía impulso bajo presión, mientras sus reveses se desarrollaban ante las cámaras destinadas a celebrar su éxito. Concentraciones de tropas respaldadas por Arabia Saudí alcanzadas por proyectiles de Ansarolá. La campaña mediática Los medios de comunicación afines a Arabia Saudí comenzaron a informar de la caída de Zubab antes de que se hubiera consolidado sobre el terreno ninguna ganancia territorial. Las afirmaciones fueron escalando a lo largo del día: primero se habló de la entrada en el perímetro del aeropuerto; después, del control del distrito de Zubab; más tarde, de la caída de la ciudad y, finalmente, de la supuesta toma de Al-Moja.
El máximo avance de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí frente al Ejército yemení se limitó al perímetro del aeropuerto de Zubab. Situado fuera del núcleo urbano del distrito, el aeropuerto se encuentra en un terreno llano y abierto, junto a la carretera costera. Alcanzar su perímetro, como hicieron las fuerzas atacantes, dista mucho de establecer el control del distrito de Zubab o de la costa de Bab el-Mandeb. Los medios afines a Arabia Saudí ocultaron sistemáticamente esta distinción en su cobertura del 5 de octubre.
La respuesta comunicativa de Saná fue inmediata. Sus fuerzas difundieron imágenes de combatientes desplegados a lo largo de la costa de Bab el-Mandeb y al este de Al-Moja, desafiando directamente las afirmaciones de que se había perdido el control de la franja costera. Cuando las fuentes afines a Arabia Saudí comenzaron a negar o matizar sus afirmaciones sobre la supuesta caída de Al-Moja, el daño a su credibilidad ya estaba hecho. Ansarolá difundió imágenes para mostrar que las ciudades costeras permanecían firmemente bajo el control de Saná.
Escalada en el interior de Arabia Saudí La respuesta militar yemení a la ofensiva del 5 de octubre trascendió el campo de batalla inmediato en Yemen. En una serie de operaciones que, según se había indicado previamente en comunicados públicos, las autoridades militares yemeníes venían anunciando, se habrían atacado instalaciones militares y económicas situadas en el interior de Arabia Saudí, incluidas instalaciones en Jamis Mushait, Riad y Yeda. El oleoducto Este-Oeste volvió a ser alcanzado, lo que habría provocado importantes interrupciones en su funcionamiento. El tráfico aéreo en el aeropuerto internacional Rey Abdulaziz de Yeda fue suspendido, lo que supuso una nueva interrupción de las operaciones aeroportuarias.
Las refinerías saudíes también fueron objeto de ataques por separado. Los daños sufridos por instalaciones de Aramco plantearon la posibilidad de suspender las operaciones de refino y ocasionar las consiguientes pérdidas económicas. Según los informes, la magnitud total de los daños, las interrupciones operativas y los costes económicos sería considerable. En conjunto, estas operaciones ampliaron el alcance de la confrontación más allá del frente costero yemení, incorporando al escenario general las infraestructuras militares saudíes, sus activos energéticos y la aviación civil.
Humo en Yeda tras los ataques de represalia atribuidos a Ansarolá. Saná también anunció formalmente la imposición de una zona de exclusión aérea sobre el espacio aéreo saudí. El Centro de Coordinación de Operaciones Humanitarias emitió avisos en los que recomendaba a las aerolíneas evitar la zona, presentando la declaración como una medida recíproca ante la intensificación de los ataques aéreos saudíes contra núcleos de población yemeníes. Independientemente de su viabilidad práctica, la declaración tuvo un significado político: pretendía presentar el espacio aéreo saudí como un ámbito disputado, en lugar de un santuario fuera del alcance de sus adversarios.
Asimismo, introdujo una nueva variable en los cálculos de riesgo de los operadores comerciales de terceros países. Sus decisiones sobre las rutas de vuelo, las coberturas de seguros y los costes de sobrevuelo podrían generar una presión económica y política adicional sobre Riad. El problema estructural de la estrategia militar saudí en Yemen La operación del 5 de octubre fracasó en sus objetivos territoriales. Las fuerzas atacantes no conquistaron Zubab, no establecieron el control de la costa de Bab al-Mandeb ni lograron conservar el terreno en el que habían penetrado temporalmente.
En una sola jornada de operaciones, se habían replegado a sus posiciones de partida. La campaña mediática que acompañó la ofensiva se desmoronó al mismo tiempo que el avance militar. La rapidez del revés fue determinante para ese fracaso. Cuando un relato se derrumba dentro del mismo ciclo informativo en el que se construye, y las imágenes que contradicen las afirmaciones iniciales circulan en ese mismo entorno mediático, el resultado no se limita a una vuelta al statu quo: puede traducirse en una pérdida neta de credibilidad.
En este caso, la brecha entre el territorio al que las fuerzas llegaron realmente y el que afirmaron haber conquistado dejó al descubierto la principal vulnerabilidad de su estrategia comunicativa: la victoria se proclamó antes de que se hubiera establecido un control duradero sobre el terreno. Una vez que el avance quedó estancado y las fuerzas atacantes se retiraron, las afirmaciones iniciales se convirtieron en un lastre. Las posteriores rectificaciones y retractaciones tuvieron que competir con las mismas imágenes que, en un principio, se habían difundido para demostrar el éxito de la operación. El estrecho de Bab el-Mandeb continúa bajo el control efectivo de las fuerzas militares yemeníes en la franja costera, según el artículo.
Su peso simbólico garantiza que seguirá siendo un objetivo tanto de las operaciones militares como de las campañas informativas. Sin embargo, lo ocurrido el 5 de octubre también pone de manifiesto una limitación estructural que va mucho más allá de una operación fallida. Las opciones militares de la coalición liderada por Arabia Saudí parecen cada vez más restringidas, mientras trata de revertir los avances territoriales de las fuerzas yemeníes pese a sus considerables ventajas en financiación, equipamiento y apoyo externo. Este patrón plantea serias dudas sobre la capacidad de la coalición mercenaria para transformar su superioridad material en avances sostenidos en el campo de batalla frente a una fuerza cuya planificación estratégica, posicionamiento local y motivación combativa han complicado repetidamente las campañas de sus adversarios.
Al mismo tiempo, los informes sobre ataques de precisión contra objetivos críticos en el interior de Arabia Saudí ponen de relieve las dificultades persistentes para proteger las infraestructuras estratégicas del reino y disuadir los ataques de represalia contra su territorio. La guerra de Arabia Saudí contra Yemen dista mucho de haber concluido. Taiz continúa siendo un foco central de presión militar, y el cerco en torno a la ciudad condiciona los cálculos estratégicos de las fuerzas que la mantienen bajo su control. Marib sigue siendo un punto clave, y no se descarta una reanudación de los combates en las próximas semanas.
Las infraestructuras saudíes continúan expuestas a la amenaza de nuevos ataques de largo alcance, mientras que las consecuencias operativas y económicas de los bombardeos requieren una evaluación rigurosa. El episodio del 5 de octubre demostró, entretanto, los límites de intentar proyectar una imagen de control territorial mediante la propaganda antes de haberlo consolidado sobre el terreno. Para el aparato mediático saudí, las consecuencias van más allá de un solo ciclo informativo. La credibilidad no puede recuperarse únicamente mediante campañas de comunicación: depende de la correspondencia entre las afirmaciones públicas y los acontecimientos verificables en el campo de batalla.
Las próximas operaciones no se juzgarán solo por el territorio que consigan conquistar, sino también por la distancia —o la concordancia— entre las promesas de sus campañas mediáticas y lo que finalmente demuestren las pruebas. La batalla por Yemen continúa. Bab al-Mandeb sigue siendo un punto estratégico crucial, y la pugna por controlar tanto el campo de batalla como el relato que lo rodea está lejos de terminar. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV