Es lo más parecido que vas a encontrar nunca a un juego de PlayStation 3, pero demuestra que viajar al pasado a veces tiene un precio

Es lo más parecido que vas a encontrar nunca a un juego de PlayStation 3, pero demuestra que viajar al pasado a veces tiene un precio

Lo más probable es que Pragmata no vaya a llevarse muchos premios durante los próximos meses. Pese a ello, el título de Capcom quizá sea uno de los más importantes de todo 2026. Digo esto porque la aventura de Hugh y Diana nos ha demostrado que no estamos locos cuando pedimos juegos más parecidos a los que se hacían en la sexta o séptima generación. No es que nos hayamos convertido en amish que odian la tecnología, sino que queremos que algunos videojuegos se atrevan a ser algo más simples.

A veces es suficiente con que tengan una buena idea, la exploren hasta que no dé más de sí y luego se terminen. Todo esto se me volvió a venir a la cabeza probando la demo de Elta: Defy All Gods. Este metroidvania en tres dimensiones es el juego más PlayStation 3 que he jugado desde… bueno, desde que dejé de jugar a PlayStation 3. En serio, lo tiene todo: desde un tutorial terrible que me dio ganas de desinstalarlo y formatear el ordenador hasta un combate que por momentos me recordó al Darksiders original.

Y es que estamos ante un juego más hecho a base de voluntad que a base de recursos. Esto hace que brille en muchos aspectos, pero también que sea fácil encontrarse con algunas molestas limitaciones técnicas. Un Metroid Prime a puñetazos Elta: Defy All Gods está protagonizado por Victus, un monje guerrero de una antigua civilización especializado en artes marciales. Al empezar la historia, la cosa está bastante fastidiada: siglos atrás nuestros antepasados perdieron una guerra que dejó la civilización en ruinas y, como consecuencia, hemos perdido la mayoría de nuestros poderes.

La parte buena es que ahora somos los elegidos para rescatar a un dragón llamado Eltaliel, al que apenas tardaremos unos minutos en encontrar. El problema es que solo es un bebé y hay que ayudarlo a crecer, lo que nos convierte en una especie de Daenerys Targaryen retrofuturista. Todo esto sirve para poner sobre la mesa un metroidvania en tres dimensiones en el que "metroid" se escribe subrayado. Tenemos un mapa tridimensional clavadito al de Metroid Prime y una de las pocas herramientas que podemos utilizar desde el principio del juego es un escáner que nos permite analizar el escenario.

En la demo, por ejemplo, pudimos escanear una puerta para descubrir que solo podía abrirse tirando con fuerza, anticipando que más adelante encontraríamos un gancho. Si Pragmata evoca los juegos de la sexta y séptima generación, Elta recupera directamente algunas de sus ideas. Con una exploración y diseño de escenarios que también recuerda a Metroid Prime, las diferencias empiezan a acumularse al mencionar la jugabilidad. Elta: Defy All Gods puede considerarse un brawler.

Los enemigos se presentan en grandes cantidades y nuestra principal arma serán los puños. Al principio el combate es bastante sencillo y solo incluye ataques ligeros, pesados y esquivas. Sin embargo, a lo largo de los 45 minutos que dura la demo ya se dejan ver unas cuantas mecánicas añadidas. El gancho se puede utilizar para acercarse a los enemigos o quitarles el escudo, el contraataque perfecto rompe la armadura y hasta podemos dar patadas voladoras para tirar a los oponentes al suelo.

El juego también cuenta con un sistema de magias. Al golpear a los enemigos acumulamos energía que podemos utilizar para llevar a cabo un ataque devastador con diferentes efectos y poderes elementales. Los iremos desbloqueando a base de subir de nivel y explorar el escenario, pudiendo crear combinaciones como un tornado de fuego que hace daño por segundo y mantiene a los enemigos en el aire. La única pega en cuanto al combate tiene que ver con la claridad, ya que los ataques enemigos no son particularmente fáciles de leer.

También vendría bien algo más de dificultad para que realmente hubiera que usar todas las mecánicas que tiene el juego. Si hay algo que distingue a Elta es su apartado artístico. Al mismo tiempo que los personajes y las estructuras tienen siluetas bien definidas, están pintados con acuarelas. Es fácil ver las pinceladas con las que se colorearon los escenarios o la armadura del protagonista.

No voy a fingir que soy un experto en esta técnica, pero la mezcla de trazos pequeños y detallados con grandes brochazos le da un toque único y mucho poder visual al conjunto. Mi detallado análisis técnico es que es uno de esos juegos en los que mola pararse dos segundos para apreciar los escenarios cada vez que llegas a una nueva zona. Cuando un compañero me preguntó qué tal estaba el juego, me dejó un poco descolocado. No puedo evitar ver algunos de sus problemas, porque lo de tener una pantalla de carga después de guardar partida en pleno 2026 es para ponerse a bailar.

Al mismo tiempo, sin embargo, es uno de esos títulos donde funcionan las cosas que tienen que funcionar. Sin ser el mejor juego de su género, te dan ganas de seguir peleando, escaneando máquinas y descubriendo habilidades. Funciona de un modo casi primitivo que quizá hace unos meses no hubiéramos sabido explicar. Ahora, tras Pragmata, es más fácil. "Hostias, es que así funcionaban las cosas antes".

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